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El banquero y su ministro

por 2 agosto, 2011

El banquero y su  ministro
Al final de su ministerio, Velasco se opuso vehementemente, entre otras cosas, con uñas y dientes a que Bachelet enviara un proyecto –que la ex-Presidenta prometió una y otra vez- para devolver a los trabajadores chilenos la posibilidad real de negociar colectivamente y ejercer de verdad el derecho a huelga. Y así, por lo demás, hizo con una larga lista: creación de AFP estatal, reforma tributaria, etc.
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Somerville de verdad se emocionó. Y no hablaba de dinero ni de las utilidades de la banca.

Hablaba de Velasco. Y las palabras del banquero destilaban agradecimiento y admiración:

“Me preocupan las criticas que se le hacen a Velasco, es peligroso. Creo que la Concertación tiene que estar muy orgullosa de lo que hizo, grandes gobiernos que manejaron muy bien el capitalismo, por lo que el país tuvo un gran crecimiento, y no solo en lo económico, sino que también en libertad”.

Y el ex-presidente de los bancos agregaba:

“Este país  tiene cada vez mas información hay mucha cultura económica. Es decir, con Andrés Velasco esto hubiera sido igual. Si la Bachelet se hubiera quedado un año más, la economía habría crecido lo mismo que ahora”.

Ahora, en estos días, no sólo el banquero alababa al ex ministro. También lo hacía el mismo. O sea Velasco alababa a Velasco.

Y lo que es mejor, nos dejaba entrever sus ambiciones. Y nada de pequeñas, por cierto. Pretende ser candidato a Presidente. Por la Concertación, lo aclaró ante las dudas.

Y, en rigor, no parece una mala idea. Y por una razón fundamental para esa coalición política. Podría permitir medir cuánto de la nueva realidad social de Chile –esa que sale a la calle a protestar y que tiene al gobierno de Piñera en los suelos- ha permeado en la sensibilidad política de esa coalición.

En el nuevo Chile que intenta fraguarse entre el descontento y la molestia, los políticos tendrán que estar dispuesto a abandonar su instintiva comodidad y caminar por rutas fuera del dogma neoliberal ya tan consolidado.

Supuesto que Velasco y sus seguidores –si es que los tiene- implican más de lo mismo – la defensa del “modelo chileno” y las políticas sociales ya de sobra conocidas- , entonces, la pregunta sensata es:

¿Resistirá esa coalición política que su futuro representante sea de aquellos a los que fácilmente se puede identificar con el modelo económico, como lo atestiguan los emocionantes elogios de Somerville, que en estos días parece la causa de tanto descontento?

Dicho de otro modo: ¿podrá la Concertación salir a pedir de esos votos que en la próxima presidencial se disputarán como gotas de agua en el desierto, mostrando como credencial de presentación a un técnico que representa –para bien o para mal- la aplicación de un puñado de recetas convertidas en dogma, que son los mismos que hoy la ciudadanía parece rechazar?

La duda en ese caso será mayúscula: como seducir voluntades con un candidato mudo ante -ni los peores neoliberales lo dudan- el gran desafío de la política chilena en los próximos años: la desigualdad.

No es necesario ser experto en política, para saber, que Velasco representó la aplicación ortodoxa del publicitado modelo chileno y que, como otros en su cargo, entre su ingreso al poder y su salida, la desigualdad entre los chilenos no se modificó en nada. Ni en lo más mínimo.

Y que al final de su ministerio, Velasco se opuso vehementemente, entre otras cosas, con uñas y dientes a que Bachelet enviara un proyecto –que la ex-Presidenta prometió una y otra vez- para devolver a los trabajadores chilenos la posibilidad real de negociar colectivamente y ejercer de verdad el derecho a huelga. Y así, por lo demás, hizo con una larga lista: creación de AFP estatal, reforma tributaria, etc.

Un gran desafío para esa coalición será, entonces, convencer a buena parte de la sociedad que tantas veces creyó en ellos, que su proyecto supone un cambio significativo de lo que hasta ahora se ha hecho.

Y si eso es así, Velasco y candidatos como él deberían despertar la emoción del banquero y unos poco más.

En el nuevo Chile que intenta fraguarse entre el descontento y la molestia, los políticos tendrán que estar dispuesto a abandonar su instintiva comodidad y caminar por rutas fuera del dogma neoliberal ya tan consolidado. Derechos sociales efectivos, negociación colectiva y huelga, distribución del poder y sistema electoral, reforma constitucional, son ideas que estarán –nos guste o no- en el horizonte de los tiempos que vienen.

En cualquier caso, Velasco partió  –nunca mejor dicho- con el pie derecho.

Ya cuenta con un voto. El de Somerville, por supuesto.

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