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Movimiento social: cuidado con el tsunami

por 4 septiembre, 2011

Es tiempo de sincerar opiniones, de pensar el futuro. Una posibilidad es que prime el pragmatismo del Presidente y soluciones heterodoxas, ante un conflicto que llama la atención de toda la opinión pública internacional. Algunos piensan que Piñera intensificará las soluciones de fuerza, como ocurrió en los países árabes, lo que generaría un fuerte cuestionamiento a su capacidad política.
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El movimiento social chileno entró en una fase de grandes decisiones, con el gobierno en el medio de la vorágine. El subsecretario Ubilla pregunta (TVN 25.8) si estamos jugando a los orgullos. Pero sin responder si el gobierno también lo hace. He ahí el problema. En efecto, decir “queremos dialogar” y “estamos escuchando” (Piñera 25.8) resulta para cualquier observador, insuficiente. Es imprescindible colocar propuestas concretas para generar el diálogo. Por ejemplo, responder al tema del lucro de la educación diciendo que bajarán las tasas de interés parece una burla de magnitud mayor pues los bancos a tasas de cero por ciento en el actual sistema ya ganarían mucho. Es la arrogancia del mercado transformada en solución “administrativa”.

La intransigencia e incapacidad del gobierno para entender las dinámicas de los movimientos sociales ha estimulado las protestas. Todos saben que mientras más tiempo pase, el lumpen se organiza para aprovechar la anomia y los espacios sociales que dejan las torpezas gubernamentales.

Es tiempo de sincerar opiniones, de pensar el futuro. Una posibilidad es que prime el pragmatismo del Presidente y soluciones heterodoxas, ante un conflicto que llama la atención de toda la opinión pública internacional. Algunos piensan que Piñera intensificará las soluciones de fuerza, como ocurrió en los países árabes, lo que generaría un fuerte cuestionamiento a su capacidad política.

La forma como el gobierno maneja sus tiempos lo hace corresponsable de los destrozos  colaterales  que se sabe se van a producir, entre ellos la eventualidad de baleados y muertos, que ya se produjeron la noche del jueves. Se requiere, por lo tanto, soluciones y no sillones para conversar.

Conversar sin soluciones en la mesa es solo “muñequeo político”, y si bien la táctica le resultó a la Concertación el 2006, las decenas de miles de chiquillos movilizados en esa época aprendieron mucho de lo que necesitaban y de la manera como los políticos  les “resolvieron” sus problemas.

Hoy, “señores políticos” (reconozco que me cuesta usar esa frase por el uso abominable que hizo la dictadura de la misma) esos muchachos están –llegaron mal que bien- en la universidad. Y hoy no les creen ni a los de acá (gobierno) ni a los de allá (Concertación). Y subrayo acá y allá porque para los jóvenes no hay otros criterios que los diferencien.

Ningún político de derecha se atrevería ir a las marchas pese a que el ministro Longueira cree que dependen solo de los ingresos  y las encuentra legítimas (lo que ya es un gran reconocimiento). Un par de diputados de la Concertación  tomaron el significativo desafío de ir a la marcha del  25 de agosto y fueron muchos los que le recordaron a la madre.

¿Qué quieren? ¿Alguien les ha escuchado hacer una autocrítica profunda, o una explicación de la privatización de la educación, que se intensificó más que nunca durante la Concertación? El ex ministro Bitar se sale de las casillas en una entrevista con un dirigente estudiantil simplemente porque este le recuerda que él consolidó el sistema de  colegios privados. ¿Es cierto o no ministro Bitar? No puede ahora negar su responsabilidad.

Es tiempo de sincerar opiniones, de pensar el futuro. Una posibilidad es que prime el pragmatismo del Presidente y soluciones heterodoxas, ante un conflicto que llama la atención de toda la opinión pública internacional. Algunos piensan que Piñera intensificará las soluciones de fuerza, como ocurrió en los países árabes, lo que generaría un fuerte cuestionamiento a su capacidad política.

Sin embargo, lo que no se puede olvidar es que ha habido manifestaciones de apoyo en más de 30 capitales de países desarrollados y en toda la América del Sur. Es decir, el resultado de las reivindicaciones estudiantiles chilenas no es indiferente para la opinión pública mundial.

En la línea de la represión el Presidente podría ganar la batalla interna de su coalición y, tal vez, aplacar transitoriamente las movilizaciones. Pero todo indica que ello lo acercaría al imaginario derechista del golpe del 73, es decir, violencia sin argumentos ni razones, antes que a las prácticas políticas liberales que dice profesar. Más bien es su hora de hacer propuestas reales y profundas y, efectivamente, gobernar.

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