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Dictadura, derecho natural

por 12 enero, 2012

El uso de la palabra “régimen” puede entonces funcionar perfectamente como una justificación –parcial o total– de aquello que ocurrió entre 1973 y 1990. Desde mi perspectiva, tal actitud justificatoria es el problema de fondo.
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La actual discusión sobre si corresponde usar la expresión “dictadura militar” o “régimen militar” en los textos escolares de historia para referirnos a lo que ocurrió en Chile entre 1973 y 1990 no es una minucia léxica. Sí lo sería un eventual debate sobre cómo debería nombrarse la máquina en que estoy escribiendo esta columna. Da lo mismo llamarla a la manera española “ordenador”, “notebook” o “T42-2373”; lo único que importa es que no se produzcan confusiones pedestres cuando encargamos una y finalmente nos llega a la casa una lavadora.

Por cierto que hay un avance ético al proponer la palabra “régimen” y no ya los descarados eufemismos “gobierno” y “pronunciamiento”. Pero la plena aceptación de que lo ocurrido es inaceptable, y que por lo tanto no debe repetirse nunca, aún está lejos. Si algo no debe repetirse nunca, ¿acaso no corresponde entonces que sea parte de la enseñanza escolar? Es a todas luces vergonzoso proponer una supuesta neutralidad sobre el punto. Muchos han hecho notar, por otro lado, que la palabra “militar” excluye o exime de responsabilidad a civiles, cosa falsa.

El uso de la palabra “régimen” puede entonces funcionar perfectamente como una justificación –parcial o total– de aquello que ocurrió entre 1973 y 1990. Desde mi perspectiva, tal actitud justificatoria es el problema de fondo.

Descontando casos anómalos –cegueras de mala fe, estulticia–, quienes prefieren emplear la palabra “régimen” no niegan el hecho de que hubo exilios, torturas, muertes y desapariciones. ¿Por qué, entonces, no le llaman simplemente “dictadura”? Supongamos, dicho sea entre paréntesis, que al final la derecha consiga dejar la palabra “régimen” en los textos escolares. Será sin duda cómico ver en la próxima edición del Diccionario de la Real Academia: “Régimen. Acepción 5: Dictadura (Chile.)”.

La palabra “régimen” es genérica (“sistema político por el que se rige una nación”), en cambio “dictadura” es específica (“gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país”). Puesto que un régimen puede ser justo o injusto, legítimo o ilegítimo, optar en este contexto por el término genérico abre la posibilidad de que no haya sido una dictadura lo que vivimos. ¿Es el caso? No me parece. Si estoy en lo correcto, el uso de la palabra “régimen” puede entonces funcionar perfectamente como una justificación –parcial o total– de aquello que ocurrió entre 1973 y 1990.

Desde mi perspectiva, tal actitud justificatoria es el problema de fondo. Ya que estamos en un diálogo racional, deberían sincerar su posición los “pro-régimen” diciendo algo así como esto: para evitar una “segunda Cuba”, el fin justificó los medios. No es honesto que la derecha insista en que a nuestra dictadura le corresponde una palabra alternativa –más suave, menos “mala”–; por otra parte, dudo que realmente piensen que no lo fue.

Casi de manera paralela a este debate, se ha dado una discusión teórica sobre el derecho natural (un viejo tic de nuestra academia). Es sorprendente que tantos que han defendido la dictadura defiendan a su vez el derecho natural. Si hay algo que lo caracteriza es la creencia de que existen valores o bienes objetivos –entre ellos la vida– que no deben violarse bajo ningún evento. Los conservadores –cuyo privilegiado acceso a la Verdad no deja de ser extraño– se han servido de él para oponerse a la ley de divorcio, a los comerciales del sida, a la píldora del día después, al matrimonio igualitario y a cualquier otra manifestación de la autonomía personal. Pero la idea básica no debería descartarse de plano si consideramos que, de haberse aplicado el derecho natural en su momento, en Chile no se habría torturado ni matado a nadie. Vaya contradicción.

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