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Colo-Colo: la pasión y el lucro

por 27 julio, 2012

Blanco y Negro debe hacer buenos negocios, esa es su misión. Pero es la Corporación la que debe velar por los activos inmateriales del club, esos que convierten al indio en una figura presente en 6 de cada 10 hogares en Chile; esa pasión que algunos no entienden, pero que logra que el nombre de Colo-Colo sea la respuesta casi unánime cuando alguien pregunta quién es Chile.
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Para explicar la centralidad de los intereses individuales en el desarrollo económico Adam Smith aseguraba que no era precisamente la bondad del panadero la que ponía el pan en nuestra mesa cada día, sino más bien su egoísmo. En Chile, para explicar el peso de Colo-Colo en nuestro pueblo, solemos decir que cuando el eterno campeón gana, la marraqueta del día siguiente será más crujiente.

Estas dos aproximaciones panaderas ilustran la distancia que separa a quiénes vemos a Colo-Colo como una institución social y deportiva y quiénes lo ven como una empresa meramente lucrativa. Mientras para la gran mayoría de los chilenos no existe alegría semejante a la de un triunfo albo, para un pequeño grupo de accionistas, la alegría se expresa solo cuando la ven reflejada en sus planillas de cálculo. Y esta dicotomía está en la base de la crisis actual que envuelve a Colo-Colo.

No se mal entienda, la creación de una sociedad anónima deportiva fue la vía para salvar al club de la quiebra y ponerlo en la senda de los grandes equipos del mundo, cuyos activos materiales son gestionados profesionalmente por empresarios y gente de negocios, pero precisamente porque Colo-Colo es mucho más que una marca, una empresa o un negocio, la creación de Blanco y Negro fue blindada con la mantención de una corporación que debía velar porque el negocio no borrara de golpe todo aquello que hace grande a la institución.

Blanco y Negro debe hacer buenos negocios, esa es su misión. Pero es la Corporación la que debe velar por los activos inmateriales del club, esos que convierten al indio en una figura presente en 6 de cada 10 hogares en Chile; esa pasión que algunos no entienden, pero que logra que el nombre de Colo-Colo sea la respuesta casi unánime cuando alguien pregunta quién es Chile.

El hecho de que se haya creado una sociedad anónima para levantar un club en problemas nunca fue sinónimo de transformar el Club en una empresa, en que todas las acciones estuvieran sujetas a generar mejores dividendos, dentro y fuera del Club y a formar una red de amigos-socios donde cada uno saca una tajada de la torta, llámese dinero, poder, contactos, etc.

Lamentablemente la actual dirigencia de Colo-Colo, incluido el Señor Varela, Presidente de la Corporación, ha dejado de lado la pasión, pensando tal vez que ese sentimiento que lleva cada uno de los hinchas no es más que algo folklórico a la hora de apoyar a un equipo y no tiene ninguna incidencia en los resultados del Club.

Por el contrario, todo se ha trasformado en una suerte de lotería en que los premios se van rotando entre los mismos, sin darle ningún espacio a los grupos de interés asociados a Colo-Colo, que no persiguen más que el beneficio mutuo, tanto de los hinchas, como de los jugadores, accionistas y dirigentes.

Blanco y Negro debe hacer buenos negocios, esa es su misión. Pero es la Corporación la que debe velar por los activos inmateriales del club, esos que convierten al indio en una figura presente en 6 de cada 10 hogares en Chile; esa pasión que algunos no entienden, pero que logra que el nombre de Colo-Colo sea la respuesta casi unánime cuando alguien pregunta quién es Chile. Al hincha no le importa la bolsa ni el vaivén de las acciones, le importa la camiseta, la pasión, la identidad y sentirse parte de eso tan grande y tan profundo que se llama Colo-Colo.

La Corporación se creó para ser el garante de ese patrimonio, no para alinear sus intereses con la Sociedad Anónima Blanco y Negro. Cuando la administración del Señor Varela renuncia a esa misión, su gestión cae en un notable abandono de deberes. Colo-Colo necesita volver a su cauce natural y para que eso ocurra, la Corporación debe ser reintegrada a quiénes viven y sienten a Colo-Colo en su corazón y no en el bolsillo.

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