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Chicago boys: oídos sordos e ideologizados

por 22 agosto, 2012

Peor aún la respuesta del Director Ejecutivo de Econsult, José Ramón Valente. Si haber llegado a exportar leche evaporada, fruta y salmón fresco a Estados Unidos es el gran éxito del desarrollo de Chile mientras los países asiáticos producen tecnologías y servicios con altísimos valores agregados, me da poca esperanza para nuestro país.
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La exposición de Ricardo Hausmann en el Foro Anual de la Industria 2012 organizado por Asimet generó comentarios reveladores. No es la primera vez que el profesor de la Kennedy School y Director de su Centro de Desarrollo viene a Chile a advertirnos que, si bien el país se ha convertido en la economía más exitosa de América Latina, nos falta mucho para que realmente nos encaminemos hacia el desarrollo.

El argumento de Hausmann critica dos puntos centrales: primero nos falta lo que él denomina el conocimiento productivo necesario para diversificar nuestra economía a un nivel que correspondería a nuestro ingreso per cápita. Segundo, una excesiva ideologización del pensamiento económico en Chile produce una alergia entre su elite política, económica e industrial a todo lo que huela a políticas de fomento productivo.

Peor aún la respuesta del Director Ejecutivo de Econsult, José Ramón Valente. Si haber llegado a exportar leche evaporada, fruta y salmón fresco a Estados Unidos es el gran éxito del desarrollo de Chile mientras los países asiáticos producen tecnologías y servicios con altísimos valores agregados, me da poca esperanza para nuestro país.

Lamentablemente algunos de los interlocutores de Hausmann en ese foro hicieron prueba de ello. Reaccionaron molestos e irritados, haciendo una defensa de "la obra" económica de las últimas cuatro décadas y una apología de la exuberante creatividad de los empresarios chilenos. Un solitario defensor tuvo Hausmann en el académico de la Universidad de Chile, Oscar Landerretche, que hizo notar que los estudios del profesor de Harvard en que están basadas sus aseveraciones, por molestos que les sean a los empresarios chilenos, tienen una base técnica que no ha sido disputada salvo con rabietas ideológicas.

Defender de tal manera nuestro desarrollo económico, como lo hicieron Juan Andrés Fontaine, el ministro Longueira, es escoger olvidarse de los hechos: Sin políticas de fomento productivo no tendríamos exportaciones “no tradicionales” como los productos forestales, vitivinícolas, agrícolas o acuícolas.

Es también olvidarse de que —como escribió el Economist/em> la semana pasada— ningún país desarrollado llegó a serlo sin haber desarrollado un sector manufacturero potente. Si la política industrial solo fuera un derroche de recursos o una incubadora de corrupción sin efectos positivos como opinaron algunos durante el debate, ¿qué país habría llegado a desarrollarse?

Peor aún la respuesta del Director Ejecutivo de Econsult, José Ramón Valente. Si haber llegado a exportar leche evaporada, fruta y salmón fresco a Estados Unidos es el gran éxito del desarrollo de Chile mientras los países asiáticos producen tecnologías y servicios con altísimos valores agregados, me da poca esperanza para nuestro país.

Me preocupa además que las autoridades sean tan ignorantes de los hechos que muestran los datos. Mientras Chile se jacta de ser el mayor éxito de América Latina (una barra que a estas alturas ya no nos sirve), los datos muestran que casi no hemos avanzado en nuestro propósito de cerrar brechas con los países desarrollados. Tomando Estados Unidos como la meta, Chile se ha movido de un 39% del PIB per cápita (PPP) de ese país en el 1960 a un 43% en el 2007, mientras países como Hong Kong, Singapur, Corea y Taiwán partieron de un promedio de 27 % a sobrepasar Estados Unidos en el caso de los primeros y de un 12% en el caso de los últimos a aproximadamente un 60%, según datos del Banco Mundial.

Todos son casos que aplicaron políticas industriales masivas y desarrollaron estrategias de desarrollo de largo plazo. Además son tan solo los más exitosos casos dentro de una larga lista de países que lograron cerrar la brecha del desarrollo mucho más rápidamente que Chile.

Al decir que el debate sobre el desarrollo está sobreideologizado y poco aterrizado en la práctica, Hausmann tenía razón. Con excepción de Oscar Landerretche, sus mismos interlocutores en el Foro Asimet dieron prueba de ello.

*Columna publicada originalmente en El Mostrador Mercados

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