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Pitronello es un buen niño ¡No quiso asustar a nadie!

por 22 agosto, 2012

Este caso demuestra además una cuestión de fondo más grave, que tiene que ver con la tendencia creciente a crear realidad por la vía del lenguaje. Es lo que se hace cuando se dice que un carabinero ‘reprime’ porque golpea o aprehende al que tira piedras. Es lo que se hace también cuando se afirma que un mapuche ‘exige justicia’ con la quema de fundos o camiones. O cuando se dice que los estudiantes ‘protestan contra el sistema’ cuando destruyen el mobiliario de sus colegios o los transforman en centros de tomatina. No es nada nuevo: la creación de realidad es una práctica ancestral de la política, lo que preocupa es que los jueces no dispongan de herramientas conceptuales para hacerle frente.
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Todos dicen —a propósito del caso Pitronello— que hay que cambiar la ley; yo propongo algo mucho más simple: cambiar a los jueces. Porque uno puede estar de acuerdo en que tipificar una acción tiene sus dificultades; y puedo conceder también que hay casos en los que es difícil determinar si una acción concreta cae o no dentro de una acción tipo.

Pero el fallo al que me refiero dice mucho más de la ineptitud de los jueces que de la ambigüedad de una ley. Ineptos, así llamaría yo a quienes no tuvieron capacidad de comprender cuestiones básicas de la teoría de la acción, que eran suficientes para los efectos de fallar con sentido común y en perfecto apego a la ley.

Porque cualquier juez sabe que el acto terrorista no puede calificarse como tal por la simple referencia a la materialidad de la acción. Un artefacto explosivo se puede usar para vulnerar cerraduras, para realizar demoliciones e incluso como medio de trabajo en la minería. La afirmación “Pitronello hizo detonar un artefacto explosivo” no dice, por tanto, nada; ni siquiera es suficiente como para saber si el rebelde sin causa cometió un delito y en ese punto estamos todos de acuerdo.

Este caso demuestra además una cuestión de fondo más grave, que tiene que ver con la tendencia creciente a crear realidad por la vía del lenguaje. Es lo que se hace cuando se dice que un carabinero ‘reprime’ porque golpea o aprehende al que tira piedras. Es lo que se hace también cuando se afirma que un mapuche ‘exige justicia’ con la quema de fundos o camiones. O cuando se dice que los estudiantes ‘protestan contra el sistema’ cuando destruyen el mobiliario de sus colegios o los transforman en centros de tomatina. No es nada nuevo: la creación de realidad es una práctica ancestral de la política, lo que preocupa es que los jueces no dispongan de herramientas conceptuales para hacerle frente.

Cualquier juez sabe también (o debería saber) que las acciones tienen una entidad propia, que tienen cierta independencia respecto de la intención del agente. Si un hombre le da a su mujer con un hacha en la cabeza podrá justificarse (incluso sinceramente), diciendo que su intención no era matarla sino descargar su ira; pero esa intención suya no lo librará ante ningún tribunal de ser condenado por asesinato. No al menos si usa ese argumento en su defensa. La intención del agente no permite obviar la finalidad propia de ciertas acciones: es lo que ocurre en este caso.

Cuando un hombre instala un artefacto explosivo en un lugar público (al que habitualmente acceden civiles) y lo hace a sabiendas de que puede causar daños graves (e incluso la muerte)… cuando un hombre hace eso y explica su acto en términos de ‘protesta social’, y el tribunal no considera que haya méritos para hablar de acto terrorista, uno se preguntan si no coincidieron en la misma esquina una cara de r… y un juez incompetente. Uno se pregunta, también, si el problema tiene que ver solamente con la ambigüedad de la ley o con la incompetencia del juez. Porque una misma acción puede tener más de una intención. Una directa, por ejemplo, y otra indirecta. Que Pitronello quisiera manifestar cierta disconformidad social, que esa fuera su primera intención, no excluye que utilizó métodos para hacerlo que amedrentan. De lo contrario, habría salido a la calle a protestar o, en su defecto, habría mandado una carta al director para declararse indignado.

En mi opinión, este caso demuestra además una cuestión de fondo más grave, que tiene que ver con la tendencia creciente a crear realidad por la vía del lenguaje. Es lo que se hace cuando se dice que un carabinero ‘reprime’ porque golpea o aprehende al que tira piedras. Es lo que se hace también cuando se afirma que un mapuche ‘exige justicia’ con la quema de fundos o camiones. O cuando se dice que los estudiantes ‘protestan contra el sistema’ cuando destruyen el mobiliario de sus colegios o los transforman en centros de tomatina. No es nada nuevo: la creación de realidad es una práctica ancestral de la política, lo que preocupa es que los jueces no dispongan de herramientas conceptuales para hacerle frente.

Pitronello es un buen niño. No quiso asustar a nadie y solo infringió la Ley de Armas; podría haber estado cazando sin los permisos correspondientes y su sanción sería más o menos la misma.

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