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Los Herrera en el Chile de 2012

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Ruth Arce Jara
Por : Ruth Arce Jara Académica Facultad de Educación UDP
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Félix y todos sus compañeros terminarían la educación media, no cabe duda, sin embargo, estarían angustiados por dos cosas: si los resultados de su escuela serían suficientes para ingresar a educación superior y cómo pagarían dichos estudios, ya que el sueldo de su familia $ 521.000 hoy serían insuficientes para acceder a la educación superior sin endeudarse, casi de por vida.


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El estudio realizado por Libertad y Desarrollo a propósito de la exitosa serie “Los 80” es, por decir lo menos, limitado y superficial, intenta mostrar una realidad a la luz de los “logros” de una familia de clase media en 2012 versus la misma familia en los 80 en base a los bienes materiales; ciertamente, lo mínimo esperable es que en 25 años la mayor parte de las personas puedan acceder a bienes que ya no son un lujo, lo contrario, sería impresentable para cualquier país.

Sin embargo, el análisis olvida cuestiones fundamentales referidas al contexto económico-social actual. Por ejemplo, Claudia Herrera, estudiante de Medicina de la U. de Chile en los 80, hoy día no podría ingresar a dicha casa universitaria, a excepción que hubiese estudiado en algún liceo emblemático con buenos resultados PSU, ya que por el quintil al que pertenece la correlación entre notas de la enseñanza media y PSU, la habrían dejado fuera.

Félix y todos sus compañeros terminarían la educación media, no cabe duda, sin embargo, estarían angustiados por dos cosas: si los resultados de su escuela serían suficientes para ingresar a educación superior y cómo pagarían dichos estudios, ya que el sueldo de su familia $ 521.000 hoy serían insuficientes para acceder a la educación superior sin endeudarse, casi de por vida.

Por otro lado, Martín no habría corrido mejor suerte. Si por razones económicas hubiese abandonado sus estudios, adicionalmente tendría una deuda por el crédito con el que habría estudiado el primer año y probablemente no habría conseguido trabajo, ya que el porcentaje de jóvenes que trabajan hoy es menor al de los años 80.

Félix y todos sus compañeros terminarían la educación media, no cabe duda, sin embargo, estarían angustiados por dos cosas: si los resultados de su escuela serían suficientes para ingresar a educación superior y cómo pagarían dichos estudios, ya que el sueldo de su familia $ 521.000 hoy serían insuficientes para acceder a la educación superior sin endeudarse, casi de por vida.

En cuanto a Anita, es cierto que habría asistido a una sala cuna, sin embargo, también por razones contextuales su vocabulario sería muy limitado: 400 palabras en el quintil en el que se encuentra versus las mil de una niña de la misma edad en un grupo social más alto.

En cuanto a Ana, es cierto que una mayor cantidad de mujeres participan del mundo laboral hoy, sin embargo, sus sueldos son más bajos que los de los hombres y no existen en nuestro país políticas destinadas a revertir la situación. Finalmente, Juan tendría tantas preocupaciones como en los 80, ¿cómo hacer para que su familia viva dignamente con $521.000? ¿Cómo dar a sus hijos educación sin hipotecar su futuro? ¿Qué cantidad de dinero tendrá en su cuenta de capitalización de la AFP cuando jubile?

En definitiva, no queda claro si estarían tan bien como plantea el estudio de Libertad y Desarrollo, un aspecto sí sería diferente, no tendrían miedo por sus ideas políticas, ni tendrían la angustia de la persecución y la tortura. Podrían participar de las marchas estudiantiles, opinar, mandar cartas a algún medio de comunicación. En ese aspecto sí hay una real y tranquilizadora diferencia con los 80.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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