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La nueva etapa del Presidente Chávez

por 12 octubre, 2012

La nueva etapa del Presidente Chávez
A Chávez le faltó una historia con características de epopeya. Si un desenlace fatal llegara a suceder, el relato que se haga le dará la épica que su ascenso al poder —por la simple normalidad de las urnas o la administración vistosa y rimbombante del gobierno— no le ha otorgado.
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El comandante Chávez se ha adjudicado un nuevo triunfo electoral. Ni su carismático y magnífico retador, ni los observadores o expertos han cuestionado una victoria que mostró más de un 80 % de concurrencia a las urnas en una jornada electoral que ya quisieran democracias en forma. Abundan análisis en relación a la revolución bolivariana y su líder. Por mi parte, comparto en estas líneas dos ideas centrales que, a mi juicio, pueden aportar algo nuevo.

Creo que lo que se ha venido en llamar el fenómeno Chávez no es tal. Era predecible desde que asumió el poder lo que sería su gobierno, como asimismo la forma de ejercer el poder y también sus sucesivos triunfos. Al líder de la revolución bolivariana muchos lo miraron en menos e incluso ahora lo siguen encontrando básico. Es la típica sobresimplificación de quienes se guían sólo por sus propias ideas y paradigmas, reconociendo como pares a aquellos que se les parecen. Es un error de proporciones.

Al líder de la revolución bolivariana muchos lo miraron en menos e incluso ahora lo siguen encontrando básico. Es la típica sobresimplificación de quienes se guían sólo por sus propias ideas y paradigmas, reconociendo como pares a aquellos que se les parecen. Es un error de proporciones.

Sin duda, Chávez el militar golpista de grado de Teniente Coronel aparecía lejos de los políticos tradicionales, de los estudiosos notables o de los líderes con ideas profundas o fórmulas avaladas en estudios de centros sofisticados. Lo que tenía, y sigue teniendo, es una inteligencia práctica y sobre todo un notable conocimiento de su pueblo, de sus características e idiosincrasia. Lo que puede faltarle en erudición le sobra en manejo de masas y liderazgo efectivo. Desde el principio fue notable su capacidad de lograr apoyo en una sociedad con carencias, alzándose como el salvador de aquellos postergados.

El reconocer este tipo de talentos no es sinónimo de encontrarlos adecuados para los fines que se utilizan. Sin embargo, resulta vital asumirlos para evitar engañarse acerca de su eficiencia en el logro de los objetivos de quien los posee. La realidad es lo que es y muchas veces no lo que uno quiera que sea.

Es por eso que en política, hoy más que antes, este tipo de líderes irrumpen con altas posibilidades de éxito. Su mensaje y forma de acción es funcional a demandas de aquellos que ven en el asistencialismo la forma de resolver sus problemas. De allí es que resulta difícil esperar que en la nueva etapa el Presidente Chávez pruebe una fórmula diferente. Creo que aplicará la conocida que le ha dado éxito. La oposición, si quiere lograr triunfos, debería optar por mostrar el camino diferente con fuerza y unidad. Sólo fortaleciendo un verdadero proyecto alternativo podrá aspirar a vencerlo.

En otro orden de ideas, pienso que para Chávez —el ser humano— se abre un tiempo complejo que a no dudar marcará el futuro de su legado. Su enfermedad sigue siendo un misterio. Nadie podría desearle la muerte. Sin embargo, de producirse un desenlace de esa naturaleza en el ejercicio del poder, el impacto le agregará a su imagen un aura notable.

Los líderes de su estilo normalmente tienen una historia  épica que los acompaña. Que duda cabe que Chávez admira la figura de Fidel y su lucha en la Sierra Maestra, a Bolívar y la inmortalidad de su proyecto americano o más cerca de nosotros la muerte del Presidente Allende con la metralleta en sus manos. Pero a Chávez le faltó una historia con características de epopeya. Si un desenlace fatal llegara a suceder, el relato que se haga le dará la épica que su ascenso al poder —por la simple normalidad de las urnas o la administración vistosa y rimbombante del gobierno— no le ha otorgado.

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