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Colo-Colo versus U. de Chile: un clásico vacío Opinión

Colo-Colo versus U. de Chile: un clásico vacío

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Mauricio Rojas Alcayaga
Por : Mauricio Rojas Alcayaga Antropólogo Universidad Alberto Hurtado
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¿Y si el fútbol no tiene nada que ver con política? ¿Cómo se entiende la colusión de los empresarios dueños de sociedades anónimas deportivas para echar a Marcelo Bielsa de la selección y Harold Mayne-Nicholls de la Federación por tener ideas demasiadas peligrosas para la “industria” del fútbol? Esa es la máxima expresión de política y fútbol, la diferencia es que los empresarios si la reconocen y por ello el deseo de apoderarse de esta actividad tan noble, mientras muchos jóvenes populares ya también carentes de ideas propias, sólo celebran cada gol auspiciado, sin comprender que con cada uno de ellos pierden cada día más su identidad de lo que algún día pudo haber representado este clásico, adormecido por la publicidad y la industria.


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Si bien el estadio estaba lleno, y la prensa nos atiborra de titulares acerca del partido y sus consecuencias entre los equipos de mayor arrastre de masas —ya que ninguno se puede considerar popular por razones que detallaré más adelante— lo que predomina en este llamado clásico es el vacío. Y no me refiero al pobre espectáculo futbolístico brindado por ambas escuadras, que se supone son de lo mejorcito de nuestro fútbol, sino pienso en lo poco que significa este partido en términos simbólicos que pudiera sustentar una rivalidad más allá de la alentada por los medios de comunicación.

Seamos rigurosos, ¿qué diferencia territorial, mítica o sociológica existe entre ambos clubes de fútbol? Me atrevo a decir que demasiado poca como para abanderizarse en plenitud de sentidos por uno u otro. ¡Qué tiene que ver este partido con un Boca-River en donde la diferencia de clases es notoria y sus seguidores deben desplazarse de los sectores acomodados a los barrios populares! En donde la expresión desdeñosa de Botero y Gallina expresa esa rivalidad social que le da sentido y pasión a ese partido imperdible. Qué lejos también de Roma-Lazio, en que la ciudad se divide entre la historia ligada a la izquierda de los romanistas versus la ligazón fascista de Lazio con su águila imperial. O la lucha épica del West Ham United de los barrios populares de Londres contra los siúticos del Chelsea sólo empoderados gracias a petrodólares de un empresario ruso perseguido por la justicia (¿les suena parecido?), o el verdadero clásico mexicano de los Pumas de la UNAM, equipo universitario regentado por sus ex alumnos contra el todopoderoso y falso América del consorcio de Televisa, y finalmente para no extenderme demasiado el clásico de clásicos entre los republicanos y autonomistas del Barcelona, contra el equipo franquista de Real Madrid.

Es cierto que Colo-Colo tiene un mártir (Green Cross un equipo completo) y que Universidad de Chile representó a la universidad pública más importante del país, lo que le dio una cierta consistencia ideológica por años llegando a constituirse en el equipo anti régimen militar, pero fue demasiado light, insuficiente para impedir que ese mismo sector se adueñara del equipo, y hoy vemos al equipo universitario vaciado de lo que alguna vez fue o soñó ser, y hoy es un simple equipo que acumula medallas abandonando su sentido y su propia historia.

En esos encuentros deportivos se transpira historia, entendida no como un cúmulo de victorias o copas, sino como un proceso compartido por una comunidad llena de efemérides que le son propias y vivenciadas como parte de su identidad, que los constituyen como tal, y son herencias traspasadas de generación en generación porque algo les dice sobre cómo han vivido y desean vivir. En cambio nuestros clubes de masas, ya que ninguno fue fundado en un territorio o barrio popular, ni menos por obreros o trabajadores, nos tiene muy poco que decir salvo que ambos son sociedades anónimas en manos de empresarios, que tienen que ver muy poco con la historia del propio club (incluso algunos son hinchas de otros equipos), ligados a sectores ideológicos conservadores.

Eso los une ¿Qué los separa? ¿Representan territorios de la ciudad distintos como el caso de Madrid entre Atlético y Real? Para nada, se distribuyen sin ningún afecto territorial, pueden estar en cualquier comuna porque en ninguna de ellas hay historias que los represente, ninguna nació del corazón popular de la ciudad, de algún barrio, de alguna “toma”. ¿Representan sectores sociales distintos? Tampoco, basta ver a sus dirigentes para darse cuenta de que clase son, y cuán lejos están de lo que dicen representar. ¿Hay alguna historia mítica que los aglutine? ¿Los fundadores son mineros del carbón expatriados de su propia tierra, o republicanos exiliados? Menos.

Es cierto que Colo-Colo tiene un mártir (Green Cross un equipo completo) y que Universidad de Chile representó a la universidad pública más importante del país, lo que le dio una cierta consistencia ideológica por años llegando a constituirse en el equipo anti régimen militar, pero fue demasiado light, insuficiente para impedir que ese mismo sector se adueñara del equipo, y hoy vemos al equipo universitario vaciado de lo que alguna vez fue o soñó ser, y hoy es un simple equipo que acumula medallas abandonando su sentido y su propia historia, por eso cuando ahora se enfrenta a Colo-Colo se ve en el espejo, es la refracción de lo que nunca quiso ser, un equipo del poder, pero que hoy los asimila como un espectro que recorre el país.

Seguramente muchos considerarán este análisis como demasiado político, sin ninguna relación con el fútbol. ¡Pero que es el fútbol sin el sentido político que lo fundó! Es el deporte popular por excelencia, es la versión obrera del tenis o el golf, es la práctica deportiva más de clase que pueda existir, se fundó contra los grupos dominantes, su práctica nació fuera de los clubes sociales de la aristócrata Gran Bretaña, como un símbolo de resistencia y desafío, que llevó a amar la camiseta por sobre el dinero, algo que las clases populares conocen a cabalidad.

¿Y si el fútbol no tiene nada que ver con política? ¿Cómo se entiende la colusión de los empresarios dueños de sociedades anónimas deportivas para echar a Marcelo Bielsa de la selección y Harold Mayne-Nicholls de la Federación por tener ideas demasiadas peligrosas para la “industria” del fútbol? Esa es la máxima expresión de política y fútbol, la diferencia es que los empresarios si la reconocen y por ello el deseo de apoderarse de esta actividad tan noble, mientras muchos jóvenes populares ya también carentes de ideas propias, sólo celebran cada gol auspiciado, sin comprender que con cada uno de ellos pierden cada día más su identidad de lo que algún día pudo haber representado este clásico, adormecido por la publicidad y la industria, sólo nos queda una imagen vacía de un partido que no representa nada, salvo a sus propios dueños, mientras los hinchas celebran su propia derrota.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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