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PSU y ranking de notas: cambiando el paradigma en políticas de acceso

por 4 enero, 2013

La premisa ‘social’ es falsa: los mejores estudiantes no son aquellos que obtienen buen puntaje PSU.
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En el contexto de los resultados de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), críticas desde diversos sectores se han erigido durante los últimos años para exigir su fin por ser esta una herramienta altamente segmentadora en términos socioeconómicos, ya que lo que aparece como mérito personal termina siendo la simple reproducción de los privilegios sociales de unos pocos.

Más que medir aptitudes y conocimientos, refleja el capital cultural heredado y desigualmente adquirido por los estudiantes. Porque no vale lo mismo 700 puntos en la PSU de un estudiante sin libros en su casa, con un ingreso per cápita menor a $ 65.000 y con mala educación en el liceo, de uno que lo tuvo todo. El talento está distribuido de manera igualitaria y hoy el sistema no lo reconoce.

La premisa ‘social’ es falsa: los mejores estudiantes no son aquellos que obtienen buen puntaje PSU.

 Asimismo, la PSU ha incidido altamente en las políticas adoptadas de manera transversal por las instituciones educativas, destacando en la educación superior las políticas de marketing y focalización de becas a partir de los resultados obtenidos en esta prueba, en pos de posicionarse en los rankings que miden la calidad de las universidades en donde se da preponderancia al puntaje de los estudiantes que ingresan a las casas de estudio. La premisa ‘social’ es falsa: los mejores estudiantes no son aquellos que obtienen buen puntaje PSU.

Actualmente, la proliferación de propedéuticos (programas destinados a nivelar a los estudiantes talentosos de bajos recursos para que entren y permanezcan en la universidad) y la inclusión del ranking de notas, en pos de paliar la segmentación social, se presentan como las únicas alternativas viables para lograr mayor equidad en el sistema de admisión a la educación superior. Sin embargo, cabe realizar una discusión crítica sobre dichas medidas, en cuanto a que si bien apelan a lo sustancial del sistema, no lo transforman dado a la poca importancia que se le han dado. Por una parte, apenas 12 de 59 universidades poseen propedéuticos. Por otra parte, el Consejo de Rectores le asignó tan solo un 10 % de ponderación al ranking, lo cual genera que no incida de manera significativa en los niveles de inclusión. Más aún, sólo 8 universidades, de las 33 adscritas al proceso de admisión del CRUCh, integraron el ranking quitándole 10 % de ponderación a la PSU, disminuyendo el aporte de este mecanismo por la poca masividad que ha tenido la política.

En la medida que el ranking de notas mantenga una ponderación extremadamente baja en comparación a la PSU, seguirá teniendo un impacto acotado para mejorar el acceso en la educación superior. Por lo mismo, se hace imperioso potenciar una política sostenida de aumento a la ponderación del ranking de notas, siempre y cuando esté inscrita a un cuestionamiento profundo a la segregación que actualmente el sistema presenta, con el fin de proporcionar una educación pública, gratuita y de calidad que sea efectivamente inclusiva.

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