Hans Küng y la amenazadora enfermedad de la Iglesia
Señor Director:
No es mi intención entrar a especular sobre las verdaderas razones de la renuncia de Benedicto XVI. Sin embargo, después de haber tenido acceso al prólogo del libro próximo a publicarse: ¿Tiene salvación la Iglesia? de Hans Küng, un ex colega de Universidad de Benedicto XVI y uno de los teólogos y personajes más interesantes del catolicismo mundial de la última mitad del siglo pasado y comienzos del actual, me parece oportuno hacer una somera recopilación de lo señalado en dicho prólogo.
Küng ha sido protagonista -como uno de los dos peritos oficiales más jóvenes, junto a Joseph Ratzinger- del Concilio Vaticano II, el cual, entre muchos otros temas, trató de corregir el así llamado «sistema romano de dominación». En esos años se logró avanzar en puntos esenciales en ese sentido, pero la resistencia de la Curia romana hizo que estos cambios no fructificaran como había sido pensado en el Concilio. Así Roma, ha ido revirtiendo progresivamente la renovación hasta llegar a lo que Küng llama: «La amenazadora enfermedad de la Iglesia católica, latente ya desde mucho tiempo atrás» y esto debido al «monopolio del poder y la verdad, el clericalismo, y la aversión a la sexualidad», entre otras causas.
También culpa a lo que se ha transformado cada vez más en un «papado monárquico-absolutista» que ha dominado la historia de la Iglesia católica, llevando con esto a serias tensiones ecuménicas.
Y no se crea que Küng es partidario de que el papado desaparezca. Muy por el contrario, por ser «humanos, demasiado humanos», son instituciones modificables, básicamente reformables. Lo que él propone es una reforma de la Iglesia en profundidad, en consonancia con sus orígenes, con la «Buena Nueva», con la palabra de Jesús de Nazareth. Y esto, necesariamente supone la eliminación del medieval sistema romano de dominación, el mismo que posiblemente está generando una seria división en el cuerpo eclesial.
Contra todas las apariencias, él mantiene la esperanza de que en el tercer milenio, la Iglesia católica permanezca llena de vida.
Aníbal Wilson P.