Bachelet contra la Junta
Para que efectivamente este dilema se resuelva en favor de una práctica progresista nueva, y no sólo una declaración de intenciones, Bachelet debiera pedir la renuncia de los presidentes de los partidos que la apoyan (PS,PPD… ¿ PC y PR?) si se insiste en negar el mecanismo de primarias al menos en la mitad de los distritos del país.
La divergencia de la ex presidenta Bachelet con los cinco partidos (Concertación+PC) es un conflicto sano y necesario, que ayuda a esclarecer, a desnudar, a sacarse las máscaras. Es una divergencia que debe concluir con un arreglo de otro tipo y aportar a fundar lo nuevo en una centroizquierda plural, lo que se ha dado con llamar “Nueva Mayoría”. Si no se realizan primarias en un número significativo de distritos —no hay excusas legales, ya las hubo positivamente para dirimir muchas alcaldías— las dudas de muchos se convertirán, una vez más, en disidencias estructurales, en exclusión, en imposibilidad de construir el Bloque por los Cambios.
Hablamos de Junta para graficar la distorsión autoritaria de los cuatro partidos de la Concertación que persiguieron sus disidencias, no volvieron a dialogar con fuerzas valiosas que se alejaron de la Concertación (humanistas, verdes, ecologistas, grupos sociales), y concentraron el poder en la presidencia de los partidos. Un arreglo oligárquico sin democracia en base al pacto de baronías y féminas con linaje, claudicador de reformas sustantivas y abusivo en las formas y fondo. La imagen paradigmática de esta junta fue el ingreso de los cuatro presidentes de partidos reuniéndose en La Moneda y resolviendo la cosa posible (en oposición a la cosa pública).
La derrota del 2009 remeció parcialmente a las direcciones de los partidos concertacionistas. Pero la popularidad de Bachelet narcotizó los vientos de cambio en los partidos, ya que no obstante las encuestas han sido lapidarias con la Concertación, sus líderes históricos se cuelgan de la sintonía con la ciudadanía de la ex Presidenta. Se vuelve difusa la idea de una nueva coalición más allá de los partidos tradicionales, incluyendo a movimientos sociales, agrupaciones regionalistas, diálogo con los mapuches y nuevas fuerzas como PRO, Revolución Democrática y el Partido Igualdad.
[cita]Para que efectivamente este dilema se resuelva en favor de una práctica progresista nueva, y no sólo una declaración de intenciones, Bachelet debiera pedir la renuncia de los presidentes de los partidos que la apoyan (PS,PPD… ¿ PC y PR?) si se insiste en negar el mecanismo de primarias al menos en la mitad de los distritos del país.[/cita]
La Junta, al negar las primarias, impide apertura, compromete los esfuerzos de doblaje que faciliten una mayoría para la nueva constitución, buscan opacar la voluntad reformista de Bachelet y mantienen el estilo autoritario: la elite negocia los cupos, ordena, suma y resta, compensa a los leales o financistas, con una retórica de que ello asegurará la pluralidad y la integración. Al final, si no tienen consenso, apelando al presidencialismo, llegarán al filo de la navaja a entregar la lista a la hora del cierre y presionarán a la ex mandataria como supremo árbitro. Los verbos se trastocan. En primarias prima el debatir, ampliar, deliberar, los líderes que articulan, politizan, persuaden. En el arreglo, manda el subir, el bajar, el compensar, el cooptar, el asegurar. El reino de los leales que achicaron la agenda y los actores del cambio.
La idea de ‘Bloque por los Cambios’ se usó en la renovación socialista tras la caída de la UP, traslapando el concepto de mayoría social y cultural por la solidaridad y la democracia que propuso Gramsci desde la cárcel adonde lo arrojó el fascismo en los 1930s. Esa idea la tomaron los líderes del eurocomunismo italiano, de Togliatti a Berlinguer, promoviendo el pacto de la izquierda con la DC, de las diversas izquierdas con el socialcristianismo para hacer un compromiso histórico transformador en función de más igualdad por medios democráticos, capaz de sustituir el capitalismo salvaje.
En Chile siempre se fracasó en intentos replicativos: el Frente Popular no se atrevió a realizar una reforma agraria y luego González Videla excluyó a los comunistas, la DC reformista y la UP revolucionaria no se entendieron, la Concertación fue una alianza de redemocratización parcial tanto por los enclaves autoritarios en el Congreso como por la propia falta de voluntad en una centroizquierda que no realizó una reforma tributaria sustancial, que mantiene el centralismo y la institucionalización de la dictadura en regiones, niega poderes a la diversidad, no rescata la educación pública y cierra el arco del progresismo con sus prácticas excluyentes.
Pero Bachelet no parece dispuesta a asumir un segundo período presidencial sin adoptar reformas de fondo. Mientras Escalona niega toda reforma, ella ha sido explícita al manifestar su voluntad de buscar los caminos para una nueva Constitución. Como algunas de las señales que miran en esa dirección, anunció en Magallanes la decisión de elegir a los intendentes, se ha abierto a eliminar el lucro en la educación y buscar la gratuidad en la educación de manera explícita, insiste en dar igualdad a la mujer con leyes de cuotas y debatir niveles de autonomía con los mapuches, y ahora enfrenta en forma abierta a los partidos al negarse estos a realizar primarias parlamentarias.
La controversia es histórica y es fecundo que ésta aparezca ahora.
Ernesto Laclau, que ha sido un defensor de la democracia sustantiva contra los populismos, partidario de la ampliación de las esferas públicas autónomas de la sociedad civil, sorprendió diciendo que las presidencias en América Latina son inevitablemente el camino para hacer cambios relevantes. Esta afirmación es discutible, pero sin duda, la ciudadanía que está en camino a empoderar a Bachelet una vez más, quieren la democracia y los cambios sustanciales que los barones del azul al rojo niegan. Por tanto, se llega a una solución compleja: apostar por Bachelet para que ella empoderada logre tramar la mayoría más allá de los partidos concertacionistas. Ellos no van a tejer la trama con disidentes, regionalistas, nuevas generaciones, mapuches movilizados. Bachelet puede poner en movimiento su poder para contribuir a la construcción de un verdadero Bloque por los Cambios, superar el neoliberalismo y a la propia junta de los autoritarios/pragmáticos que abundan en las direcciones de los partidos.
Para que efectivamente este dilema se resuelva en favor de una práctica progresista nueva, y no sólo una declaración de intenciones, Bachelet debiera pedir la renuncia de los presidentes de los partidos que la apoyan (PS,PPD… ¿PC y PR?) si se insiste en negar el mecanismo de primarias al menos en la mitad de los distritos del país.
Es la hora del testimonio en favor de reformas y un nuevo estilo político que convoque a la «nueva mayoría», abriendo puertas y evitando que siga intacto el olor a moho de las viejas casonas de la oligarquía.
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