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Pablo: “Antares de la UDI”

por 13 mayo, 2013

Pablo: “Antares de la UDI”
El mesianismo de Longueira lo es de la propia colectividad que representa. No aspira a ser un dirigente de una mayoría nacional. Por ejemplo, cuando la UDI pasaba por un trance extremadamente difícil ante las injustas acusaciones que se hacían contra miembros históricos de la tienda, recurrió a un ardid retórico: hablar con el líder inspirador fallecido. Por cierto, lo suyo es una metáfora, es un hombre en su sano juicio.
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Pablo Longueira terminó su tarea. La escenografía partió con su rudo ataque al proceder de la empresa que Golborne encabezó como gerente respecto a las Pymes. A un político como él no se le podría haber pasado el efecto de sus palabras. Transformó a Laurence en 'Horst Golborne'.

Longueira como buen tigre nunca se hizo vegetariano; solamente esperó que la presa se debilitara.

¿Explica esa habilidad la pasión que despierta? No. Hay políticos que poseen condiciones similares e inclusive un mayor refinamiento intelectual (basta pensar en José Miguel Insulza), pero no generan ese amor-odio. Tampoco es porque sea “muy querido”, no lo es; su nivel de rechazo compite con el de Escalona, nada muy ganador. Despierta pasión aunque sea evidente que será derrotado.

Longueira logra transmitir a los suyos cierta seguridad en momentos de alta incertidumbre. Se equivoca Tironi cuando ve en su persona una suerte de símbolo de una nueva derecha de cuño piñerista. Lo de él es simple cálculo sobre la necesidad de ocupar el poder de turno de un gobierno de centroderecha para defender a la UDI. No existe nada parecido a una autocrítica al pasado poco democrático de ese partido y su fundador.

Si es así ¿qué explica la incondicionalidad de sus seguidores? Es la adhesión hacia el que resiste. Longueira es el Antares de la UDI. La supergigante estrella desde la antigüedad ha despertado todo tipo de atracción. Como su nombre de origen griego lo indica “es la negación, el anti-Ares”. Este último era el dios griego de la guerra, se le rendía culto especialmente en Esparta y tomará en la tradición romana la forma de Marte. Justamente se le atribuye a Antares la capacidad de defender a su constelación (Escorpión) de Ares.

Longueira representa eso, un político de trinchera diseñado para oponerse a los embates del enemigo. Siempre aflora cuando la UDI tiene mucho que perder. Pocas veces esa colectividad ha estado más presionada que ahora: se equivocaron de modo garrafal en la elección del precandidato, tienen una cantidad altísima de parlamentarios que sostener (amenazados en distritos y circunscripciones emblemáticas), sumado a un ambiente sociocultural emergente cada vez más alejado de lo que ese partido simboliza.

Longueira logra transmitir a los suyos cierta seguridad en momentos de alta incertidumbre. Se equivoca Tironi cuando ve en su persona una suerte de símbolo de una nueva derecha de cuño piñerista. Lo de él es simple cálculo sobre la necesidad de ocupar el poder de turno de un gobierno de centroderecha para defender  a la UDI. No existe nada parecido a una autocrítica al pasado poco democrático de ese partido y su fundador. ¿Cuál sería la renovación por él representada? Ninguna. Solo es el pragmatismo del cual el mismo Guzmán hacía gala y que en la UDI tiene el sello especial de hacerlos aparecer como un partido de principios pero actuar con el máximo cálculo. Longueira es el símbolo de ese ADN en envoltura mesiánica.

El mesianismo de Longueira lo es de la propia colectividad que representa. No aspira a ser un dirigente de una mayoría nacional. Por ejemplo, cuando la UDI pasaba por un trance extremadamente difícil ante las injustas acusaciones que se hacían contra miembros históricos de la tienda, recurrió a un ardid retórico: hablar con el líder inspirador fallecido. Por cierto, lo suyo es una metáfora, es un hombre en su sano juicio. De igual forma es una metáfora cuando habla de los tremendos sacrificios que ha realizado por la vida pública del país: tiene una familia bien constituida y un estándar de vida muy por sobre la media nacional; nada para llorar penurias ni comparable al esfuerzo de nuestros obreros trasladándose a sus puestos de trabajo en el Transantiago. Son llamados retóricos a una base política que ha entendido su compromiso desde el imaginario escatológico.

¿A qué apunta ese imaginario escatológico? Pocos políticos poseen un sustrato teológico invertido como el de Longueira (era algo común también a Guzmán). La recurrencia a hablar del sacrificio, suponer que se representa un movimiento renovador y salvador de la vida nacional, aunque en la práctica no sea más que conservar un poder obtenido sistémicamente bajo una dictadura son características propias de la escatología y el mesianismo que la acompaña. ¿Acaso se ha visto a líder religioso señalar a los feligreses que busca ensalzar su propia humanidad? No, siempre se apela hacia algo superior.

Longueira será derrotado; él lo sabe. Si logra sortear con suerte la primaria (nada fácil la tiene) perderá abrumadoramente contra Bachelet. Es un candidato que espanta como ningún otro al centro político, que ni siquiera logrará unificar tras de él al electorado moderado de centroderecha y se aleja como nadie de las nuevas sensibilidades. Simboliza un extremo.

De igual forma sus seguidores incondicionales creerán que, cual Antares, ha muerto luchando contra Ares en la defensa de Escorpión.

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