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El Chile del siglo XXI sigue siendo el de las cajas

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Por: Daniel Flores C., Director Área de Estudios, Instituto Chileno de Estudios Municipales, U. Autónoma


Señor Director:

El ajuar finlandés es una maravilla. Es una caja que trae todo lo que necesita una familia que debe cuidar a un recién nacido. Inclusive la propia caja sirve como cuna porque trae un colchón que se adapta perfectamente y que permite sostener los sueños de los bebés durante sus primeros meses de vida. No trae mamaderas porque se promueve la lactancia materna ni pañales desechables porque se fomenta la ecología. Sí trae libros porque impulsa la educación.

El ajuar llegó a Chile en formato de caja durante el gobierno de Bachelet para ser entregado a todas las mujeres que dieran a luz en el sistema público. ¿Pero llegó porque es una gran política pública o porque es una caja?

A propósito de esto recordé varios mítines políticos en los que me ha tocado participar y cómo los y las dirigentes cerraban siempre sus discursos espetando a la autoridad (diputado o alcalde) frases como: (SIC)»¡Porque hace cuánto tiempo que no se aparece por la villa con una cajita de mercadería que sea!»

Las políticas públicas en Chile se podrían resumir en gran parte en este ir y venir de cajas (de mercadería, con pañales o de bonos de asistencia para comprar parafina, que tienen la misma lógica de las cajas) entre las autoridades y los dirigentes vecinales. Es como en la famosa escena de la película «Caluga o Menta», cuando una mamá en una población de Santiago, luego de la visita del alcalde, le dice a su hijo (parafraseando)  «¿Cuándo vas a entender? Si vienen a darnos pasto, pasto queremos, si vienen con bicicletas, bicicletas queremos…»

En definitiva, el problema no es la «importación» de la caja-ajuar finlandés, sino cómo en Chile se transforman las políticas públicas en artefactos públicos sin sentido. Porque en Finlandia ese ajuar es un reflejo del sistema general de protección social. Simboliza que ninguna mujer se queda atrás, que ningún niño es olvidado, que todos partieron en la misma caja, con los mismos libros y pañales y que todos pueden llegar a las metas que quieran y puedan, porque el Estado y el resto de la sociedad están ahí por si te enfermas, por si fallas.

Pero, ¿cómo es nacer en Chile? Los estudios de Michelle Sadler nos hablan sobre lo habituales que son la discriminación y violencia que sufren las adolescentes parturientas en los consultorios; los estudios de Gonzalo Leiva nos informan la cantidad de cesáreas innecesarias que se realizan y, en la misma línea, sobre los miles de galones de «relleno» o «fórmula» que se da a los recién nacidos sin ningún miramiento más que el niño no se muera.

Chile, con sus importaciones de cajas y sus bonos, parece más un auto enchulado que un país coherente con los propios deseos y necesidades de sus habitantes. De la técnica a la política, del asistencialismo a la democracia. Tal vez la próxima vez no nos quedemos en la caja y copiemos el sistema completo.

 

Daniel Flores C., Director Área de Estudios, Instituto Chileno de Estudios Municipales, U. Autónoma

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