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Fallas en el Metro: Chile dependiente

por 22 agosto, 2014

Suponer que un sistema que tiene un excelente desempeño y calidad de servicio, como es el Metro de Santiago, no esté sujeto a fallas significativas, es un error. Por qué no diversificar y democratizar alternativas hoy menos masivas, pero que ante fallas serán el mejor respaldo, como por ejemplo las ciclovías, por nombrar una. Hoy puede parecer inviable y ridículo, pero la invitación es a romper paradigmas y, ante la crisis, seguir la alternativa de la creatividad y la innovación, hacer nuestra ciudad más atractiva, amigable y diversa en términos de dependencia de su infraestructura de servicios.
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A propósito de la falla del Metro de Santiago, me llama profundamente la atención que no queramos aprender lecciones de nuestro pasado. Chile por su geografia, cultura, desarrollo y política nos invita y/o obliga a tener monopolios en infraestructura y servicios. El analisis de la conectividad entre dos puntos es una forma didáctica de identificar el riesgo ante fallas a las que estamos expuestos y si existe o no alta dependencia. Veamos algunos casos emblemáticos, somos dependientes de un sistema de transmisión eléctrico, que es peligroso y altamente vulnerable. Menos dependientes ahora del sistema de generación, pero que sí nos causó más de un problema, recordemos nuestra peligrosa dependencia del gas proveniente de Argentina. Ante la crisis energética, la autoridad reacciona y a veces la reacción no es la más adecuda en el largo plazo.

La crisis tiene dos aliados: i) el que nos empuja la creatividad y la innovación, ii) y el que nos obliga a resolver el problema directo sin importar el impacto colateral negativo, como lo fue en su momento la seguidilla de centrales termoeléctricas aprobadas con carácter de emergencia, que sin duda afectaron el panorama ambiental, que hoy se intenta resolver.

Suponer que un sistema que tiene un excelente desempeño y calidad de servicio, como es el Metro de Santiago, no esté sujeto a fallas significativas, es un error. Por qué no diversificar y democratizar alternativas hoy menos masivas, pero que ante fallas serán el mejor respaldo, como por ejemplo las ciclovías, por nombrar una. Hoy puede parecer inviable y ridículo, pero la invitación es a romper paradigmas y, ante la crisis, seguir la alternativa de la creatividad y la innovación, hacer nuestra ciudad más atractiva, amigable y diversa en términos de dependencia de su infraestructura de servicios.

La dependencia nos puede causar graves daños al momento de fallar y los costos asociados pueden ser incluso muy superiores a lo que cualquier grupo de ingenieros expertos calculó. Lo complejo es que, en momentos de tranquilidad, nos relajamos, aumentamos la inversión en la misma dirección que antes y se nos olvida el riesgo asociado a la dependencia que estamos aumentando con nuestras acciones.

Transantiago, desde su gestación, fue un proyecto desafortunado en su implementación, que se ha visto obligado a reinventarse a través de los gobiernos y ciertamente podemos decir que hoy es un sistema distinto al original a un mayor precio, pero con una componente que sigue intacta desde sus inicios y que es la dependencia estructural del Metro para su funcionamiento. Acá es donde nos enfrentamos a un peligro inminente que, debido a la forma en que está diseñado el modelo Transantiago, hace que la dependencia por el Metro sea extraordinariamente alta y una falla como la presentada esta semana hace que colapse la ciudad .

Debemos ser amigos de la diversificación, aprender de otras industrias, como la indsutria de la informática y telecomunicaciones, en la que el principio de la Internet es proveer un sistema seguro ante fallas. Es inconcebile pensar que un data center se diseñe sin solución de respaldo en términos de conectividad. Manteniendo las proporciones, diferencias y dificultates técnicas evitentes que un sistema de comunicación tiene respecto a un sistema de transporte, podríamos hacer un esfuerzo y generar un sistema de transporte robusto, diversificado y con menor dependencia de una empresa y, por supuesto, a un costo razonable.

Suponer que un sistema que tiene un excelente desempeño y calidad de servicio, como es el Metro de Santiago, no esté sujeto a fallas significativas, es un error. Por qué no diversificar y democratizar alternativas hoy menos masivas, pero que ante fallas serán el mejor respaldo, como por ejemplo las ciclovías, por nombrar una. Hoy puede parecer inviable y ridículo, pero la invitación es a romper paradigmas y, ante la crisis, seguir la alternativa de la creatividad y la innovación, hacer nuestra ciudad más atractiva, amigable y diversa en términos de dependencia de su infraestructura de servicios.

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