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Obama y la estrategia hacia el Estado Islámico, Irak y la Comunidad Internacional

por 16 septiembre, 2014

EE.UU. actúa en contra de lo que aprecia como una amenaza directa y acota sus propósitos en la destrucción del EI, lo que se enlazaría más con la “contención” original de 1948 –adaptada a las nuevas amenazas y actores en un mundo global– que con las acciones “preventivas de George W. Bush. Una decisión de este tipo era esperable y se pidió autorización al Congreso para entrenar y apoyar fuerzas extranjeras, como los rebeldes sirios.
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El Presidente Obama ha sido criticado por la carencia de una política exterior consistente, aunque se le reconoce una mayor capacidad de diálogo que su antecesor, de mayor internacionalización en sus consultas y enfrentamiento de crisis, junto con sus esfuerzos por terminar el envolvimiento en Irak y Afganistán, respuestas de EE.UU. al atentado del 11-S.

Hoy, paradójicamente, Obama promueve una guerra contra el “Estado Islámico” (EI) que controla parte de Irak y del norte de Siria. Este grupo aprovechó la guerra civil siria para armarse e iniciar un despliegue hacia el norte de Irak, mostrando una gran capacidad de desplazamiento, una visión extrema de la “jihad” y el islam de tendencia sunita que ha horrorizado al mundo con la decapitación de dos periodistas.

La guerra que propone Obama es excepcional desde diversos ángulos y la estrategia se define más bien por lo negativo: el enemigo no es un “Estado”, como Obama insistió en su discurso del 10 de septiembre, sino un grupo terrorista, de carácter extremo nacido como filial de Al Qaeda.

EE.UU. actúa en contra de lo que aprecia como una amenaza directa y acota sus propósitos en la destrucción del EI, lo que se enlazaría más con la “contención” original de 1948 –adaptada a las nuevas amenazas y actores en un mundo global– que con las acciones “preventivas de George W. Bush. Una decisión de este tipo era esperable y se pidió autorización al Congreso para entrenar y apoyar fuerzas extranjeras, como los rebeldes sirios.

No se trata de una continuidad de la guerra de Irak, no va a haber tropas norteamericanas de tierra, sólo ataques aéreos –los que ya se habrían iniciado– y asesores. EE.UU. apoyará el nuevo gobierno de Irak, con un ejército débil, y a las milicias de origen kurdo que defienden lo que reclaman como sus propios territorios. También entrenará a rebeldes sirios de “la oposición”, por cuanto hay muchos grupos actuando allí y sigue condenando al régimen de Assad (que también combate al EI).

En un cuadro de este tipo, el presidente de EE.UU. declara su determinación de “degradar y destruir” al Estado Islámico, enumera sus actos de crueldad, asesinato de prisioneros, desplazados, mujeres esclavizadas y violadas, el objeto de perseguirlo donde sea y por el tiempo necesario.

El grupo no sería “islámico” porque ninguna religión “tolera la matanza de inocentes”. Y lo hace por medio de una alianza preanunciada en la reunión en Gales de 10 países occidentales, cuya estrategia de combate sería similar. Algunos puntos de vista desde la perspectiva de la comunidad internacional:

1.  EE.UU. actúa en contra de lo que aprecia como una amenaza directa y acota sus propósitos en la destrucción del EI, lo que se enlazaría más con la “contención” original de 1948 –adaptada a las nuevas amenazas y actores en un mundo global– que con las acciones “preventivas de George W. Bush. Una decisión de este tipo era esperable y se pidió autorización al Congreso para entrenar y apoyar fuerzas extranjeras, como los rebeldes sirios.

2. Por otra parte, los directamente amenazados son el pueblo y gobierno de Irak.

3. Las preguntas sin respuesta clara son muchas y en definitiva lo que tiene asidero en el derecho internacional y la comunidad del Medio Oriente y mundial, es el derecho de Irak a la legítima defensa, autodeterminación, y de consolidarse como una sociedad y régimen estable. Sin embargo, su capacidad militar es menguada y va a requerir algo más que apoyo aéreo, entrenamiento y equipamiento. Muchos miran a otros Estados del área que puedan proporcionar las fuerzas terrestres necesarias, como países más lejanos; por ejemplo, Arabia Saudita podría ofrecer ayuda financiera o Irán, que profesa la versión chiíta del Islam, como los que han gobernado en Irak, y a su vez la posible intervención envuelve nuevas complejidades.

4. Con relación a Siria, la complejidad es igual o mayor. Obama apoyó en su discurso a la “oposición” al régimen de Assad, la oposición original en esta guerra civil en que han intervenido otras fuerzas irregulares en una lucha en la que el apoyo de Rusia en el Consejo de Seguridad y el ejército sirio han permitido la mantención de Assad, con fuertes pérdidas, como la del control de la parte norte en manos del EI. En este caso, habría una diferencia en el sentido de que no serían imposibles las negociaciones para solucionar la crisis interna siria mientras se lucha contra el EI. Con un protagonismo, naturalmente, del pueblo sirio.

5. ¿Qué puede hacer el resto del mundo? ¿América Latina? ¿Naciones Unidas? Abogar por la mayor humanización del conflicto y una participación de la comunidad internacional en la búsqueda de soluciones. La OTAN dio marco a la reunión de Gales, pero la coalición anunciada el 10 de septiembre no es propiamente OTAN. Aún en las guerras modernas en que se combinan los aspectos internacionales con nuevas amenazas, guerras civiles y esfuerzos separatistas, los conflictos bélicos deben regirse por principios de respeto a la vida humana y la población civil. Y la finalidad última debe ser la autodeterminación de los pueblos envueltos y un mundo más seguro.

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