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Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos para la Región del Bío-Bío

por 2 noviembre, 2014

La Región del Bío-Bío, exige, requiere y necesita un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, para que de esa forma los ciudadanos de nuestra zona, pero sobre todo los niños y jóvenes, cuenten con un lugar donde puedan recorrer a través de una perspectiva histórica lo que fue la sistemática violación de los derechos humanos y el terrorismo de Estado en nuestro país y cómo aquel triste y doloroso proceso institucional tuvo sus propias expresiones y representaciones en la Región del Bío-Bío.
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El sábado 18 de octubre y después de cuatro años de espera, se inauguró en Concepción el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político de la Región del Bío-Bío. Memorial que registra los nombres de quienes fueron víctimas de la dictadura cívico-militar en nuestra zona.

En la ocasión el Intendente regional, Rodrigo Díaz, pidió perdón a los familiares y la sociedad local por los crímenes cometidos por el Estado y sus agentes represivos. Por su parte los familiares de las víctimas, así como el público asistente, recordaron a quienes perdieron la vida y desaparecieron a manos del terrorismo de Estado.

Además de lo emotivo y testimonial de la ceremonia, ésta tuvo un aspecto digno de destacar, el Intendente Díaz, señaló que antes debque terminara el mandato de la Presidenta Michelle Bachelet, el gobierno regional espera colocar la primera piedra de lo que será el Museo de la Memoria en la Región del Bío-Bío.

Sin duda, esta idea-proyecto constituye una importante iniciativa y anhelo en materia de historia local y memoria colectiva. Ahora, ¿para qué y por qué un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en nuestra región? Recordemos que la Región del Bío-Bío fue la segunda zona, después de Santiago, más golpeada y reprimida tras el golpe de Estado de 1973.

La Región del Bío-Bío, exige, requiere y necesita un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, para que de esa forma los ciudadanos de nuestra zona, pero sobre todo los niños y jóvenes, cuenten con un lugar donde puedan recorrer a través de una perspectiva histórica lo que fue la sistemática violación de los derechos humanos y el terrorismo de Estado en nuestro país y cómo aquel triste y doloroso proceso institucional tuvo sus propias expresiones y representaciones en la Región del Bío-Bío.

Antes del 11 de septiembre, en el Bío-Bío se desplegó una intensa actividad política, social, sindical y cultural, al punto de recibir el calificativo de “zona roja” por la cercanía y apoyo que alcanzaron las fuerzas sociales y políticas de la izquierda nacional. De ahí entonces que al momento del golpe militar, las Fuerzas Armadas y Carabineros desplegaron todo un operativo represivo para amilanar el accionar de los actores y fuerzas sociales y políticas presentes en la zona. Por lo tanto, toda esa historia sociopolítica previa al golpe de Estado de 1973 en la región, debería estar presente en un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que dé cuenta de las prácticas represivas llevadas adelante por las Fuerzas Armadas y civiles partidarios de la intervención militar en el Bío-Bío, lo cual contempló entre otros dispositivos los Consejos de Guerra. En ese sentido como no recordar el triste fusilamiento de los dirigentes de Lota o los de Quebrada Honda en Tomé. Conjuntamente los casos de Laja, San Rosendo y Mulchén. Asimismo, los cientos de detenidos y torturados que fueron trasladados al Estadio Regional, Isla Quiriquina o Base Naval de Talcahuano. Algunos de los cuales encontraron la muerte, como el ex Intendente don Fernando Álvarez Castillo y, en otros casos, nunca más se supo de sus paraderos, pasando a constituirse en detenidos desaparecidos. Paralelamente a aquello, situamos los allanamientos a la Universidad de Concepción y la respectiva detención de académicos, alumnos y funcionarios. A lo cual podemos sumar el registro escrito (carpetas) sobre temas del exilio, presos políticos y detenidos desaparecidos. Trabajo desarrollado bajo el amparo del Arzobispado de Concepción, en lo que se conoció como la “Vicaría penquista”.

Todo este accionar represivo se enmarcó en sus inicios en lo que fueron los Bandos Militares de Concepción y Talcahuano, los cuales operaron como mecanismos de control y disciplinamiento social. En otras palabras, un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos debería contemplar un registro de todos aquellos primeros casos de violación de derechos humanos a nivel regional.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que contenga un registro escrito, audiovisual y gráfico de las primeras ayudas y tareas de solidaridad para quienes eran perseguidos por la dictadura. Por ejemplo, la constitución de los comedores populares para alimentar y vestir a quienes lo habían perdido todo producto de la represión, persecuciones o delaciones. La trascendental ayuda de la Iglesia a través de la Pastoral de Derechos Humanos de Concepción. De todos aquellos ciudadanos públicos y anónimos que decidieron enfrentar los peligros de aquellos días y prestaron ayuda a quienes más lo necesitaban. Sería muy valioso contar con el testimonio y registro de todas aquellas personas que hasta el día de hoy están presentes en la memoria de miles de ciudadanos de la región.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que dé cuenta de las primeras agrupaciones de Derechos Humanos en la Región. El ejemplo de aquellos familiares y amigos que hasta el día de hoy claman por verdad y justicia, constituiría un valioso aporte como testimonio de vida para las presentes y próximas generaciones de chilenos.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que visualice la larga lucha y resistencia de la ciudadanía de la Región del Bío-Bío contra la dictadura cívico-militar. Los trabajos de solidaridad en barrios, poblaciones y universidades. Las tareas de las diversas ONG en materia de educación popular, sindical, hacia la juventud y la mujer, son espacios y prácticas de identidad y sociabilidad que no pueden estar ausentes de un Museo de estas características.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que registre las publicaciones o ediciones locales de la época, léase libros, revistas, folletos, folletines, panfletos, conferencias, etc., todo aquello que permita apreciar, desde el presente, lo que fueron aquellos años de resistencia cultural a la hegemonía que intentaba imponer el régimen.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que sirva como lugar de encuentro para talleres y mesas de diálogo, debates y conversaciones sobre los diversos temas de Derechos Humanos, por ejemplo sobre pueblos indígenas (mapuches), diversidad sexual, violencia hacia los niños y niñas, violencia hacia las mujeres, explotación y abusos, etc.

Un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos que sirva como repositorio (consulta) para recibir y acoger todas aquellas investigaciones, resultados de proyectos, tesinas y tesis de alumnos de pre y postgrado de Universidades e Institutos o bien trabajos de alumnos de colegios y liceos que digan relación con la violación de los derechos humanos ocurridas durante la dictadura cívico-militar, incluso hasta nuestros días.

Y así podríamos seguir mencionando un sinnúmero de aspectos que deberían estar presentes en un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en una región cruzada por el dolor y el sufrimiento, pero también de luchas, resistencias y esperanzas.

En consecuencia, la Región del Bío-Bío, exige, requiere y necesita un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, para que de esa forma los ciudadanos de nuestra zona, pero sobre todo los niños y jóvenes cuenten con un lugar donde puedan recorrer a través de una perspectiva histórica lo que fue la sistemática violación de los derechos humanos y el terrorismo de Estado en nuestro país y cómo aquel triste y doloroso proceso institucional tuvo sus propias expresiones y representaciones en la Región del Bío-Bío. Pero, además, que el Museo cumpla la tarea de constituirse en un espacio de carácter pedagógico, donde se enseñe e infunda la importancia del respeto a la diversidad, el pluralismo y la tolerancia, es decir, reconocer la trascendencia que tienen los Derechos Humanos en toda sociedad, para que de esa forma, no volvamos a repetir los luctuosos y condenables acontecimientos que se hicieron presentes en nuestro país y región por largos 17 años de dictadura cívico-militar.

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