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Los problemas del Proyecto de Reforma al Binominal

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Por: Pedro Díaz Polanco, Director Ciencias Políticas y Gestión Pública, Universidad San Sebastián


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Señor Director:

Tras años de promesas electorales y de múltiples iniciativas vetadas por la Alianza, el Senado aprobó el proyecto de ley que reforma al sistema binominal. Esta situación, y que sólo se pudo lograr ante la supremacía en escaños que tiene la Nueva Mayoría respecto a los que tiene la oposición, sumada a los votos que provinieron de dos representante ex aliancistas, permite iniciar el proceso de ruptura de un sistema que, aunque nefasto respecto a la validación de la voluntad electoral de la ciudadanía, fue útil como instrumento estabilizador y configurador de la actual institucionalidad.

Entre los elementos más importantes de la reforma, está la utilización del método D’Hondt como mecanismo electoral. Si bien el método es reconocido como un promotor de la proporcionalidad electoral, éste requiere de ciertos criterios que permitan su mejor performance y que, a la luz del proyecto de ley, no fueron considerados en plenitud, especialmente si se piensa que para el estudio de la reforma se utilizó la misma configuración distrital que se usaba en el binominal, lo que obligó a instrumentalizar, a costa de la representación de las zonas extremas, la necesaria reconfiguración de los distritos, posibilitando con ello –y de manera teórica– la elección de más representantes de la Nueva Mayoría.

Por otro lado, y en virtud del proyecto de ley, el hecho de que se posibilite un aumento limitado en el número de la oferta de los candidatos de las respectivas listas ayuda a refrescar los nombres que irán en la papeleta y a no generar una sobreoferta que termine por desmotivar al votante a participar de la elección. Sin embargo, el pero en este ítem se encuentra en el efecto que esto significa para los independientes. Esto es así, ya que el nuevo formato prioriza las listas, condición que obligaría a un independiente, en aras de maximizar sus posibilidades a renunciar a su autonomía, y asociarse a un Partido Político.

A su vez, y con la excusa de promover la participación de un electorado renuente a la clase política actual, el Proyecto eliminó el requisito que exigía que un partido político debiese estar constituido en tres regiones del país, generando la posibilidad de que se establezca una atomización de intereses particulares que pudieran terminar por dañar la visibilidad de las necesidades del electorado y a condicionar la formación de nuevos partidos con la sola excusa de conseguir aportes del Estado. Ante esto, considero que el verdadero objetivo en este ítem de la reforma estuvo nuevamente en condicionar las posibilidades de los independientes.

No obstante todo esto, y con independencia a sus deficiencias, el proyecto en sí supera con creces a lo que antes existía, especialmente en lo relativo a plasmar la voluntad electoral de la ciudadanía. Es de esperar que la Cámara de Diputados se escinda de los egoísmos políticos partidistas y pueda realizarle las correcciones necesarias en aras de generar un sistema que elimine los vicios del binominal y no genere nuevas corrosiones que terminen por deslegitimar al nuevo formato.

Pedro Díaz Polanco
Director Ciencias Políticas y Gestión Pública
Universidad San Sebastián

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