Reforma educacional en Chile, ¿necesidad de cambio mental y cultural?
Señor Director:
Leí con bastante atención y estupor, las expresiones vertidas en su medio por los señores Adriano Castillo H. y Javier Castillo, ambos ex alumnos del Instituto Nacional. En resumidas cuentas, señalan que la implementación del ranking de notas, el fin de la selección, y otros cambios realizados tomando como base el modelo educacional finlandés, terminarán con los liceos públicos de excelencia. Esto redundaría a la larga en una mayor desigualdad, pues con la reforma del gobierno de Bachelet, las élites “seguirán gozando de los privilegios que otorga la educación privada”.
Concuerdo plenamente con la “falta de voluntad política en la Nueva Mayoría” respecto de la reforma educacional impulsada en este gobierno. Ha sido escandalosa la llamada “cocina” encabezada por los senadores Walker y Zaldívar, en defensa de los intereses de grandes megasostenedores, como la Iglesia Católica, Gutenberg Martínez, y el grupo económico Inversiones Norte-Sur, entre otros simpatizantes y adherentes al Partido Demócrata Cristiano. Entre todos ellos, percibieron el año 2013 casi 790 millones de dólares (fuentes: Ciperchile y La Segunda). En resumen: lucro, y evangelización encubierta como “proyecto educacional”, gracias a dineros públicos.
Sin embargo, surge la pregunta ¿se fortalece la educación pública, conservando guetos de calidad, como liceos emblemáticos o de excelencia? En mi modesta opinión, creo que no. El esfuerzo del Estado debe apuntar a llevar la calidad docente y de recursos del Instituto Nacional, a todos los establecimientos públicos del país. Y para ello, es vital que siga adelante el proceso de desmunicipalización de los establecimientos públicos, y el fortalecimiento de la carrera y la calidad docente.
No es fácil generar cambios en democracia, con tantos intereses cruzados. No olvidemos que el sistema público de educación fue paulatinamente desmontado mediante decretos y leyes a partir del gobierno militar, sin un contrapeso democrático y ciudadano. Y esos cambios generaron una casta con poder económico e influencia, alimentados y enriquecidos muchos de ellos con dineros del Estado, quienes desde los albores de la Concertación hasta ahora (sed adrogantiam hominis de por medio) defienden su fuente de bienestar e ingresos.
Baste citar a influyentes personalidades de nuestro país, que fueron formados con calidad en su educación básica y secundaria, en las escuelas y liceos públicos en los más disímiles lugares del país: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Francisco Coloane, Violeta Parra, y tantos otros. Baste mencionar que aún es posible encontrar a personas adultas formadas bajo la influencia de profesores normalistas, que no terminaron su enseñanza básica, pero que tienen mejor redacción y comprensión lectora que muchos profesionales universitarios de la actualidad.
En resumen, creo que es bueno para Chile y su futuro, la implementación del ranking y el término de la selección en los colegios públicos. Esta reforma es insuficiente, pero es un cambio positivo, de todas formas. Pienso que el efecto de ella en la educación pública será la disminución de la competitividad feroz nacida de juntar sólo a los “excelentes”, y redundará en el crecimiento de un espíritu más solidario y fraterno entre el “mateo” y el “porro”, creciendo mutuamente.
Y es justo ese espíritu, inundando a una generación más numerosa per se que la élite, el que podrá superar con participación ciudadana y con memoria esclarecida, el actual, gris y miope designio mercantil de algunos paladines de la vieja guardia de la política partidista chilena.
Hernán Burgos Silva
Ingeniero Civil USACH