Atentado a la libertad
Señor Director:
El pasado jueves 12 de marzo se informó al profesor Jorge Costadoat S.J. que no se le había renovado la misión canónica que le concede el arzobispo de Santiago para impartir clases en la Facultad de Teología UC. En una reunión con el Cardenal Ricardo Ezzati, Gran Canciller de la UC, se le informó que su desvinculación se debía a una “tensión entre su libertad académica y la libertad de la Facultad para tenerlo como profesor”, especificando que esto no representaba una sanción doctrinal. El profesor comentó en su declaración: “Mons. Ezzati me recomienda desempeñarme como teólogo en algún lugar donde pueda hacerlo sin tensión”.
Sin desconocer la potestad que le permite al Gran Canciller decidir quién enseña en la Facultad de Teología UC, lo que nos resulta preocupante son las razones esgrimidas al profesor Costadoat. La certeza de Monseñor Ezzati sobre una tensión de libertades se produce al margen de cualquier consulta a la comisión de calificación académica, al Consejo de Facultad o al Decano, quienes además solicitaron a Monseñor Ezzati la reevaluación de la decisión tomada. Esta situación hace levantar dudas razonables: ¿de dónde viene esa información?, ¿cuáles son los criterios objetivos para tomar esta decisión?, ¿quién mejor que una comisión académica de teólogos para determinarlo?, ¿puede la discrecionalidad de un pastor –por muy respetable que este sea– pasar a llevar el debido proceso y la opinión de una comunidad académica?
Al profesor Costadoat se le dice que no puede enseñar en la UC por ser “demasiado libre”, porque sus estudiantes no están preparados para sus enseñanzas; o, dicho de otra forma, porque sus estudiantes no pueden ser verdaderos universitarios dispuestos a cuestionar y pensar libremente buscando la verdad. Esta acción, sostenida bajo una pobre argumentación, se transforma así en un menosprecio del valor docente y la capacidad de los estudiantes, como si estos fueran incapaces de realizar juicios personales profundos frente a las diversas visiones existentes dentro de la Iglesia Católica y debatir dentro de los legítimos límites de la doctrina.
Lo que ha ocurrido constituye un atentado grave a la libertad de cátedra dentro de una universidad. Si la UC no se concibe como un espacio de discusión, de debate y de análisis riguroso para la creación y liberación de conocimiento, entonces no tiene sentido que se le llame universidad y, menos aún, católica. Lo católico tiene que ver con lo universal, con lo plural (Gaudium et Spes, 44), con la apertura a la riqueza del que piensa distinto para progresar en hondura humana y complementarnos en la construcción del conocimiento y la búsqueda de la verdad.
Es paradójico que hoy en la Facultad de Teología UC existan profesores y estudiantes que no se atrevan a hablar con libertad, sintiéndose incómodos y fiscalizados sin saber por quién, cuando al mismo tiempo el papa Francisco nos hace un llamado a hablar claro y sin miedo, con libertad y ánimo de verdadera escucha. Nuestro mensaje es fuerte y claro, y en comunión con Jorge Costadoat: “Una universidad es verdaderamente católica cuando en ella la fe cristiana favorece la libertad de pensamiento y el compromiso por incluir a los excluidos o a los estigmatizados por su credo o por su vida”.
Carolina Buneder Humud
Coordinadora General Nueva Acción Universitaria