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Que la bicicleta no sea la excusa

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Por: Dr. Arq. Rodrigo Vidal Rojas


Señor Director:

Escribir contra una cierta manera de usar la bicicleta es hoy por hoy políticamente incorrecto, y puede ser también suicida. Sin embargo, el problema no es el noble y legendario vehículo de transporte: hermoso, saludable, romántico y sostenible. El problema es una clase de ciclistas que aprovecha de proyectar su agresividad mal usando el prestigio renovado de la bicicleta.

Un ejemplo, a manera de ilustración de lo que ocurre en muchas ciudades. Hace poco más de un mes me mudé a la hermosa comuna de Ñuñoa. Disfrutamos en familia del paisaje, de los añosos árboles, de la belleza de la vegetación que evoca la flor del ñuño, originaria de la antigua Ñuñohue y testigo de la creación de esta comuna en 1891. También disfrutamos del ambiente casi provincial de algunas calles, de la extraordinaria mixtura vivienda-equipamiento que materializa bien más de un ideal de la teoría urbana. Nos encanta caminar, y a pesar de algunos descuidados pavimentos sueltos que salpican el agua barrosa y ensucia la ropa, el olor del césped húmedo, el movimiento de la vegetación que danza al ritmo del viento otoñal de la tarde soleada y la fiesta de la diversidad arquitectónica orquestada por arquitectos e inmobiliarias, logran mitigar el bullicio de la congestión vehicular de las horas puntas.

En este contexto, el ciclista imprudente, temerario e irresponsable, que utiliza las veredas como si estuviera en el velódromo nacional (algunos incluso con indumentaria de competición), y que conduce a diestra y a siniestra, a toda velocidad, y con un respeto casi nulo por los transeúntes, perturba la paz del peatón, colocándole en riesgo. Ese ciclista es normalmente varón joven y adulto joven. Es decir, se encuentra curiosamente en el rango etario y de género de los individuos considerados como los protagonistas victoriosos de nuestra economía neoliberal, machista y excluyente. Los todopoderosos con licencia para dominar a niños, mujeres, adultos mayores, ancianos y familias, que son los principales peatones de esas veredas y de nuestra sociedad.

La semejanza entre la actitud ciclista y el protagonismo ciudadano no es casual. Esta sociedad ya se subió a la bicicleta del desarrollo inhumano, economicista, insostenible y depredador, y los jóvenes y adultos jóvenes, los más fuertes de la especie, son los que más rápido y más agresivamente pedalean para dominar a los demás.

Pero no nos confundamos. El problema no es la bicicleta, ese ingenio inventado por el barón Karl Drais en 1817, y replicado hoy 800 millones de veces en el mundo, aunque en este Chile egocéntrico y vanidoso algunos crean que la estamos inventando hoy y que somos pioneros de algo. Tampoco somos todos los jóvenes o adultos jóvenes, una mayoría de los cuales usamos alternadamente el automóvil, la bicicleta, el transporte público y la vereda, con el mismo respeto por todos. El problema son los prepotentes que usan la bicicleta en la vereda para atropellar a una sociedad que sueña con vivir en paz y en armonía con su entorno y sus pares.

Por ello, invito a los ciclistas del desarrollo neoliberal a no desnaturalizar el valor más profundo de la bicicleta: la cohabitación armoniosa con el peatón y el rodado, generando un puente entre ambos.

Dr. Arq. Rodrigo Vidal Rojas
Director Máster Integrado en Diseño Arquitectónico – Mida
Editor General Revista A+C Arquitectura y Cultura
Profesor Titular
Escuela de Arquitectura
Universidad de Santiago de Chile

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