Libertad de enseñanza
Señor Director:
Mucho se ha hablado a nivel de académicos e investigadores con respecto al Profesor Costadoat y la discusión que ha surgido en torno a lo que significa la libertad de cátedra. Pero creo que es momento de escuchar a quienes asisten a las clases, a quienes reciben la educación universitaria y no a quienes la imparten o piensan. Recordemos que el supuesto detrás de la decisión de no renovar la misión canónica al profesor es que sus alumnos no estaban calificados para su enseñanza.
Por lo anterior, me gustaría simplemente expresar mi opinión y la de muchos con los que he hablado y debatido sobre el tema estos últimos días.
No debemos caer en la homologación del profesor y la doctrina a la que una cierta Universidad adscribe. Que no suceda que el cuerpo docente de una facultad deba firmar una declaración de materias específicas que no pueden ser mencionadas o puestas en discusión dentro del aula, la mayor riqueza del periodo universitario es esto mismo: poder contraponer las creencias y valores personales con los demás, poner en tela de juicio las certezas que cada uno de nosotros cree tener, aprender a defender nuestras más íntimas convicciones y no tener miedo a encerrarlas porque no son «compatibles» con un cierto modelo de enseñanza. Sería de enorme riqueza para la universidad (y no solo para la que asisto) tener un cuerpo de profesores que no piensa igual, que enseñen economía desde más de un punto de vista, que se atrevan a decir lo que realmente piensan para fomentar una verdadera discusión académica, que no estén contratados para decir exactamente lo que una doctrina o magisterio dice textualmente sino que también puedan interpelarlo. Lo que no es criticado, lo que no es puesto en tela de juicio, nunca puede cambiarse realmente.
En ningún caso quiero proponer la enseñanza de doctrinas heréticas, visiones racistas, totalitaristas o contrarias a los valores y derechos humanos reconocidos internacionalmente. Simplemente, creo como alumno que lo mejor y más enriquecedor de la etapa que vivo en el día a día es poder encontrarme con personas que piensan distinto a mí y discutir. Siempre respetando al otro en su dignidad y no buscando, en mis razonamientos, pasar a llevar la dignidad de otro.
Joaquín Plaza Rosso
Estudiante de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile