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La pataleta intelectual de Herrera

por 8 abril, 2015

Sucede que el pragmatismo y la tecnocracia imperantes han reducido el ámbito de lo político a destrezas retóricas, técnicas de negociación y lectura de encuestas. Lo de Herrera no es un tratado abstracto de ciencia política, sino un análisis fundamentado de la coyuntura histórica de la derecha a la luz de ciertos principios, instando a elevar el nivel de la discusión y sentarla en un plano de largo plazo.
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El libro La derecha en la Crisis del Bicentenario, de Hugo Herrera, presenta un diagnóstico crítico del mencionado sector político, que podría resumirse en que su falta de legitimidad sería consecuencia del abandono de un trabajo intelectual adecuado, de la ausencia de las diversas corrientes que históricamente la han alimentado y de la hegemonía de un discurso que –si bien tuvo sus bondades– hoy sería servil a una oligarquía santiaguina y a un mercado oligopólico. Sus provocadoras afirmaciones han generado diversas reacciones, entre las cuales destaco una de un reconocido intelectual joven de centroderecha que me resulta muy interesante: “Lo de Herrera es una pataleta intelectual que no le aporta ningún voto a la derecha”.

¿Es una pataleta? Para nada. Más bien es una crítica bien fundamentada. Un reclamo que no propone una salida práctica concreta, pues la base de su argumento es suspender la acción para dar paso a la reflexión. No obstante, es evidente que ésta requiere un espacio y tiempo concretos para pasar de la mera intención a la realidad. Por lo mismo, creo que urge generar un foro estable, con una dinámica semanal y con un proceso acordado, donde las diversas sensibilidades de la centroderecha se den cita, expongan, dialoguen, alcancen conclusiones y editen documentos y libros que puedan circular. Clave será entonces gozar de independencia –excluyendo entonces cualquier vínculo con intereses que puedan limitar la reflexión– y diversidad –incorporando a todas las sensibilidades que se planteen en oposición a las ideas que sustentan a la coalición de Gobierno, sin vetos–.

Sucede que el pragmatismo y la tecnocracia imperantes han reducido el ámbito de lo político a destrezas retóricas, técnicas de negociación y lectura de encuestas. Lo de Herrera no es un tratado abstracto de ciencia política, sino un análisis fundamentado de la coyuntura histórica de la derecha a la luz de ciertos principios, instando a elevar el nivel de la discusión y sentarla en un plano de largo plazo.

¿Es una crítica intelectual? Pues no: es de orden político. Sucede que el pragmatismo y la tecnocracia imperantes han reducido el ámbito de lo político a destrezas retóricas, técnicas de negociación y lectura de encuestas. Lo de Herrera no es un tratado abstracto de ciencia política, sino un análisis fundamentado de la coyuntura histórica de la derecha a la luz de ciertos principios, instando a elevar el nivel de la discusión y sentarla en un plano de largo plazo. O en simple: pasar del activismo a la auténtica política, mirando la realidad, reflexionando los fundamentos y ofreciendo un ideario coherente y vigente, para recién ahí actuar. Parece importante destacarlo, porque a la derecha no le faltan ni activistas ni intelectuales: lo que falta son políticos que hagan auténtica política.

¿Esta crítica política no le aporta ningún voto a la derecha? Sí y no. Le aporta, porque es elocuente la insuficiencia del discurso actual para debatir en los lugares donde se construyen las mayorías sociales en Chile: comunidades locales, escuelas, centros de formación superior, sindicatos y gremios. Y sin ideas, no se movilizan voluntades. Y no, porque evidentemente en política también las actitudes y las decisiones son relevantes para construir legitimidad. Una desvinculación de grupos de interés económico; un trabajo comprometido al servicio de los más vulnerables; una preparación doctrinaria y práctica de los dirigentes y militantes; y otras muchas “cosas” son relevantes. Se podrá ir avanzando en algunas y habrá que esperar las reflexiones para las otras. Pero sin identidad no hay relato, discurso ni formación. Y la identidad no la dan nombres ni estructuras: la dan las ideas compartidas dentro de una sana unidad en la diversidad.

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