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Carrera Docente: la hipocresía del discurso dominante

por 17 junio, 2015

Carrera Docente: la hipocresía del discurso dominante
Discutimos si 600 mil pesos brutos pagan este trabajo fundamental, pilar del Chile futuro. ¿Es posible preparar buenos médicos, ingenieros, arquitectos, abogados, entre otros, sin buenos profesores? Por supuesto que no; sin embargo, discutimos si tal suma es la apropiada para incentivar a los mejores talentos del sistema educativo actual para que opten por la carrera docente.
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Hace varias décadas que hemos venido escuchando discursos asociados a la urgente necesidad de refundar la carrera docente, revitalizarla y reconocer en su justa medida el rol que los profesores juegan en la sociedad; sobre todo, con miras al desarrollo del país en pleno siglo XXI. Durante este gobierno, y gracias a la lucha de distintos estamentos, la educación ha sido colocada en el centro de las reformas necesarias para aspirar a construir una sociedad más justa, donde las oportunidades estuviesen al alcance de todas y todos.

Lamentablemente, aun cuando se prometía trabajar en torno a una gran reforma educacional, parte importante de la discusión se ha centrado en la gratuidad en el acceso, obviando lo medular de lo que significa reformular nuestro sistema educativo. Al dirigir una Universidad estatal y conocer las falencias en infraestructura, por supuesto me interesa sobremanera que se mejoren las condiciones de este tipo de instituciones; sin embargo, hoy estamos llamados a hacer un gesto altruista en pos de lograr que este país no sólo crezca, sino que realmente se desarrolle.

Hoy se discute la carrera docente, y más que nunca se escucha de parte de políticos, ministros, estudiantes, profesores, entre otros, lo necesario  que es contar con buenos maestros y lo importante que es cambiar las condiciones bajo las cuales trabajan. De igual forma, se plantea lo altamente necesario que es exigir una constante supervisión de la calidad del trabajo, mediante variados instrumentos, en orden a asegurar la calidad en la formación de los futuros ciudadanos.

 He  aquí la hipocresía más grande de nuestro discurso: a la profesión más relevante de nuestra sociedad le exigiremos los más altos estándares de calidad, la agobiaremos con una sobrecarga de trabajo, ¡todo por 600.000 pesos brutos! ¿Por qué no pensar en una cantidad más justa para comenzar y que, de manera gradual, el profesor pueda optar hasta niveles más altos? ¿Es imposible?

Hasta ahí, parece que todo va bien, pero bastan lecturas más acuciosas para constatar dobles discursos o desinformación que lo único que hacen es estigmatizar a un sector.

En primer término, respecto de la carga o distribución del trabajo, basta con acercarse a las cifras de la OCDE para comprender lo absolutamente necesario que es readecuar la carga de trabajo de los profesores; tal vez llegar al 50/50 sea muy complejo, pero tenemos el deber de aproximarnos a esa razón. No escuchar los requerimientos del gremio en este sentido es cegarse a la realidad e hipotecar el éxito de cualquier reforma que pretenda mejorar la calidad de la educación del país. Aún más, en mayor o menor medida, todos estamos meridianamente de acuerdo en que los profesores deben ser evaluados en cuanto a la calidad del quehacer docente, pero resulta incomprensible, bajo el actual régimen laboral, exigir más horas de preparación, perfeccionamiento, preparación de material, etc. Se debe exigir calidad, sin ninguna duda; pero para ello debemos cautelar la calidad en las condiciones laborales.

En segundo término, el sueldo. ¿Quién puede negar lo fundamental del rol docente? Históricamente todos los países han destacado, por sobre otras profesiones, el rol de los profesores con miras al desarrollo sano de la sociedad.

Pero ¿qué hacemos nosotros? Discutimos si 600 mil pesos brutos pagan este trabajo fundamental, pilar del Chile futuro. ¿Es posible preparar  buenos médicos, ingenieros, arquitectos, abogados, entre otros, sin buenos profesores? Por supuesto que no; sin embargo, discutimos si tal suma es la apropiada para incentivar a los mejores talentos del sistema educativo actual para que opten por la carrera docente. He aquí la hipocresía más grande de nuestro discurso: a la profesión más relevante de nuestra sociedad le exigiremos los más altos estándares de calidad, la agobiaremos con una sobrecarga de trabajo, ¡todo por 600.000 pesos brutos! ¿Por qué no pensar en una cantidad más justa para comenzar y que, de manera gradual, el profesor pueda optar hasta niveles más altos? ¿Es imposible?

Si el sistema de mercado se erige en la panacea que todo lo resuelve, usemos el mismo sistema para mejorar la condición de nuestros profesores en el sistema mixto que tenemos; fijemos un sueldo de estas características en el servicio público. Basta de ejercicios retóricos en temas relevantes para el presente y futuro de nuestro país…

Aunque, debemos decirlo, este no es el único punto en discusión, pero vaya que no es menor.

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