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El malestar docente

por 20 junio, 2015

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Se discute actualmente en el Congreso una Ley de Carrera Docente que en lo medular entregará un nuevo estatuto a los maestros y maestras en Chile. Sin lugar a dudas, la aspiración manifiesta de todos los involucrados es que este nuevo estatuto permita a los docentes ejercer una profesión de por sí compleja, con las herramientas adecuadas, para mejorar, en primer término, la calidad de los aprendizajes y, de paso, progresar en condiciones para este ejercicio.

Más allá de las consideraciones políticas, la pertinencia del proyecto o las diferentes visiones que se han expresado por parte del Gobierno y de los gremios, lo esencial de este esfuerzo nacional, a juicio de varios especialistas, tiene que estar enfocado en dotar a las escuelas de un marco de fondo que cautele y potencie el desarrollo profesional de los docentes. El producto de estas políticas estructurales, que consagran el derecho a la educación, tiene que estar orientado fundamentalmente a resguardar la salud de las instituciones educativas de manera integral. La Reforma Educativa debe tender a la promoción de factores de protección del desarrollo cognitivo y emocional de las personas, como un factor decisivo para obtener buenos resultados educativos y crecer como organizaciones saludables.

La irrupción del mercado en el ámbito de lo educativo ha conformado un modelo inmerso en contradicciones, en donde se impone la competencia mercantil como mecanismo de regulación profesional y de política de remuneraciones. Uno de los resultados más nefastos de esta conflictividad es la precarización del trabajo de los docentes.

 Pero en la actualidad, la prevalencia de los trastorno de ansiedad, específicamente un tipo de estrés denominado Burnout, han aumentado su impacto entre los docentes. Benavente (2007) lo define como un síndrome por agotamiento emocional, despersonalización y reducido logro personal que puede ocurrir entre individuos que trabajan de alguna forma con personas, es decir, profesiones de servicio o asistenciales.  

En este escenario, la salud mental de los docentes y de otros muchos trabajadores chilenos se ve gravemente afectada por el desgaste emocional de las rutinas agobiantes y climas laborales corrosivos. Se calcula en el ámbito Municipal que, del total de las licencias médicas presentadas por los profesores, un 20% corresponden a licencias psiquiátricas y de estas la mayoría hacen referencia a algún trastorno del ánimo, especialmente la depresión.

Pero en la actualidad, la prevalencia de los trastorno de ansiedad, específicamente un tipo de estrés denominado Burnout, han aumentado su impacto entre los docentes. Benavente (2007) lo define como un síndrome por agotamiento emocional, despersonalización y reducido logro personal que puede ocurrir entre individuos que trabajan de alguna forma con personas, es decir, profesiones de servicio o asistenciales.

Se entiende la despersonalización como el desarrollo de sentimientos, actitudes y respuestas negativas, distantes y frías hacia otras personas, específicamente a los beneficiarios del propio trabajo. Se acompaña habitualmente de un incremento en la irritabilidad y una pérdida de motivación al trabajo. El profesional despersonalizado trata de distanciarse no sólo de las personas destinatarias del quehacer, sino también de los miembros del equipo con los que trabaja, mostrándose cínico, irritable, irónico e incluso utilizando etiquetas despectivas, al mismo tiempo que les atribuye la culpabilidad de sus frustraciones y de su descenso en el rendimiento laboral.

Visto así, las implicancias negativas respecto al buen trabajo pedagógico y todo lo referido a los procesos comunicacionales que acompañan a las comunidades educativas son evidentes. Se proyecta que en los próximos 10 años, esta enfermedad laboral que afecta decisivamente el desempeño general, podría constituirse en una de las principales dificultades para el desarrollo pleno de las instituciones educativas.

Desde esta perspectiva, las reformas impulsadas en la actualidad deben apuntar no solo a los aspectos de remuneraciones o disciplinares, sino, también, deben estar orientadas a entregar soportes robustos, para mejorar las relaciones interpersonales al interior de la escuela y transformarla en un círculo de relaciones beneficiosas para sus miembros, pues en ella se deben cultivar vínculos que tengan como objetivo la protección, resguardo y desarrollo personal de sus integrantes.

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