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La mirada partidista al acuerdo entre Cuba y los EE.UU.

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Por: Pedro Díaz Polanco, director de Ciencias Políticas y Gestión Pública, USS


Señor Director:

Después de 54 años sin relaciones diplomáticas entre Cuba y los EE.UU., la bandera de barras y estrellas vuelve a ondear en la Isla, materializándose una ambición política conjunta que pone un fin emblemático a uno de los últimos vestigios de La Guerra Fría en América. En función de este evento, y a partir del debate que existe en el seno de la sociedad norteamericana, resulta interesante evidenciar las distintas posiciones e interpretaciones que hoy allí se muestran respecto al acuerdo, lo que, de una u otra forma, ayudarán a entender las posibilidades reales de eliminar el bloqueo que afecta a la Isla, su democratización y mercantilización, la devolución de Guantánamo a Cuba y el cierre de la prisión.

Desde el punto de vista republicano, hoy existen importantes posiciones que cuestionan la visión de Obama de generar una nueva relación entre La Habana y Washington, especialmente, por no haberse condicionado la nueva relación a la implementación de cambios estructurales al modelo político cubano, perdiéndose la oportunidad, desde el punto de vista del bloque opositor, a potenciar el avance democrático y el respeto a los derechos humanos dentro de la Isla. A su vez, y dentro del mismo sector, hay quienes postulan que la decisión de Obama, de reinstalarse diplomáticamente en Cuba, tiene –además de una justificación electoral dado por el interés demócrata de obtener el apoyo del importante colectivo cubano que vive en los EE.UU. de cara a las próximas elecciones presidenciales– una necesidad de evidenciar la materialización de una primera etapa de lo que fue una promesa incumplida de campaña, tal como lo es el cierre de la Cárcel de Guantánamo.

Por otro lado, y desde el punto de vista de los demócratas, la iniciativa de Obama y Raúl Castro, relativa a reinstalarse diplomáticamente en el territorio del otro, se transforma en una oportunidad real de conseguir objetivos políticos que de otra forma seguirían postergados en función de una desconfianza mutua que ha sido histórica y que ha significado mermar oportunidades para ambos Estados. De esta manera, la instauración de relaciones diplomáticas se transformaría, para el colectivo demócrata, en una oportunidad real para conseguir nuevos espacios de inversión para empresarios e intereses norteamericanos, así como el inicio de la instalación de un espacio de confianza que permita a Washington a influir sobre la dinámica política interna de Cuba a fin de ir democratizando el régimen y consolidar sus intereses en la Isla.

Pedro Díaz Polanco

Director de Ciencias Políticas y Gestión Pública

Universidad San Sebastián

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