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Un niño que duerme a la orilla del mar

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Por: Dr. Marcelo Miranda


El Mostrador Fuente Preferida

Señor Director:

Ya han pasado algunos días desde que vimos la imagen de Aylan, un niño de tres años que yacía a la orilla del mar en una playa de Turquía. Una imagen muy dolorosa, especialmente por la forma en que el mar la fue configurando: a lo lejos, Aylan parecía que estaba durmiendo como lo hacen millones de niños en países donde la brutal guerra, el hambre o el desconsuelo humano no son parte de su diario vivir. El mar Mediterráneo quiso bofetear al mundo con esta imagen indicando que los niños necesitan paz para dormir, paz para crecer y poder ser seres humanos plenos. Paz que se configura desde lo más íntimo de nuestras familias hasta lo más global en el diario diálogo social y planetario.
El término del día miércoles pasado fue duro para mí como creo que lo fue para muchas personas en nuestro país y en el resto del mundo. Esa noche no pude dormir porque me embargaba una pena profunda y un deseo de poder encontrar una racional explicación a esa imagen del Mediterráneo. Estoy seguro que el mar hizo lo suyo y nos quiso bofetear para que despertemos y veamos que la paz de un niño que duerme está ligada a la paz que ocurre en su familia, en nuestros barrios y sobre todo a la paz que le entregamos como sociedad.

Como profesor, el día jueves dicto un curso de Geomática Aplicada a estudiantes de pregrado y otro de Teledetección Ambiental a estudiantes de postgrado en la UC. No resistí el dejar por quince minutos la técnica y la ciencia para comentar con ellos lo que había pasado el día anterior. Hablamos sobre la imagen de Aylan que dormía a la orilla del mar y de lo imperativo que es construir la paz y la justicia minuto a minuto y de persona en persona para que hoy y en el futuro millones de niños puedan dormir, crecer y disfrutar de sus vidas. Yo tengo mucha fe en mis jóvenes estudiantes ya que ellos, entre sus pruebas, tareas y diversiones han mostrado que todavía poseen la semilla del idealismo, la cual creo que es necesario que cultivemos ya que de sus frutos dependerá la configuración que tendrá nuestra sociedad.

La paz se construye con diálogo al infinito, con predisposición a escuchar al otro al infinito, con capacidad de concesión al infinito y sobre todo creyendo firmemente al infinito en el bien común. Un bien común concebido como un espacio donde cada uno de nosotros, independiente de nuestro origen, pueda desarrollarse en plenitud como ser humano, acompañado por sus seres más queridos, sus amigos y por sobre todo por la sociedad que somos en pleno. Cada uno de nosotros posee una pieza única de este rompecabezas y es necesario hacer el esfuerzo de construirlo día a día. La mía viene desde la ciencia y la educación, la de otros vendrán desde el trabajo en miles de áreas diferentes. Lo importante es tener claro que todas son fundamentales y ninguna sobra.

Creo que eso es lo que el mar me quiso decir al dejar a Aylan en posición de niño dormido en cuna a la orilla del mar.

Dr. Marcelo Miranda
Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente
Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES)
Pontificia Universidad Católica de Chile

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