CULTURA
Cedida por Ana María Stuven
Ana María Stuven: El sector de mujeres más invisibilizadas son “las que están privadas de libertad”
A partir de un recorrido histórico amplio y documentado, en su nuevo libro, la académica analiza lo que ha significado la ampliación de la ciudadanía para las mujeres y muestra la pluralidad de tradiciones que han dado forma al movimiento.
Lejos de entender el feminismo como un movimiento homogéneo o una sucesión de “olas”, la historiadora Ana María Stuven invita a mirar su trayectoria desde la complejidad histórica. Esa es la propuesta central de “Feminismo” (Crítica, 2026), su nuevo libro, donde reconstruye el largo proceso mediante el cual las mujeres ampliaron sus espacios de participación y ciudadanía en Chile, a través de corrientes diversas y en tensión entre sí.
La publicación ofrece un recorrido histórico ampliamente documentado que analiza el feminismo como un concepto político en permanente acción. Desde una perspectiva historiográfica, Stuven sostiene que no existe un único feminismo, sino múltiples tradiciones que han respondido a contextos sociales, culturales y políticos específicos.
“El feminismo es un concepto en acción”, explica la académica. “Como historiadora, me interesa mostrar cómo ese concepto ha funcionado en el tiempo y cómo distintos movimientos de mujeres lo han interpretado de acuerdo con el contexto social y político en el que actuaban”.
Ana María Stuven es doctora en Historia de la Universidad de Stanford. Profesora titular de las universidades Católica de Chile y Diego Portales. A lo largo de su trayectoria ha dedicado gran parte de su investigación académica, en parte como Investigadora Responsable de varios proyectos Fondecyt, a la historia intelectual, al rol de la mujer en la historia, especialmente en los siglos XIX y XX, y a la relación entre religión y política.
En el libro identifica corrientes católicas, laicas, liberales, obreras, socialistas y anarquistas, entre otras, que compartieron el objetivo de ampliar los derechos de las mujeres, aunque desde agendas y motivaciones diferentes.
“La historia muestra que las mujeres actuaron desde marcos culturales, religiosos y políticos diversos. Más que una doctrina única, encontramos una pluralidad de feminismos, cuyos significados cambiaron según los contextos históricos y las formas concretas de participación femenina”, señala.
Ciudadanía más allá del voto
Uno de los ejes del libro es la relación entre feminismo y ciudadanía. Para Stuven, la historia de las mujeres no puede reducirse a la conquista del sufragio, ya que el reconocimiento formal de derechos no garantizó automáticamente una participación plena en la vida política.
“El sufragio resolvió el problema del voto, pero no necesariamente el de la plena inclusión de las mujeres”, afirma. Tras la obtención del derecho a votar en 1949 persistieron obstáculos culturales y políticos que dificultaban que las mujeres fueran efectivamente elegidas y ocuparan espacios de representación.
“La historia del feminismo muestra que los debates sobre las mujeres nunca han sido exclusivamente debates sobre las mujeres. Han sido también debates sobre quién pertenece plenamente a la comunidad política, cómo se entiende la igualdad y cuáles son los límites de la ciudadanía democrática”, sostiene la autora.
Un concepto en disputa
Desde el mayo feminista del 2018, las masivas protestas el 8 de marzo, la performance del colectivo LasTesis “El violador eres tú”, los movimientos feministas han pasado en los últimos años por una serie de transformaciones. Actualmente con el ascenso de gobiernos de ultraderecha en Chile y en la región uno de los principales argumentos en contra de estos grupos conservadores es el retroceso en los derechos de las mujeres.
Stuven reconoce que actualmente el concepto de feminismo atraviesa un momento de fuerte debate público. Sin embargo, advierte que esa disputa no es excepcional, sino parte de la propia historia del término.
“Hoy día, efectivamente, hay un cierto temor de parte de algunos sectores de que puede haber un retroceso en la agenda feminista, porque claro, hay un discurso predominante político desde la nueva administración que es más conservador que los conceptos que operan, por ejemplo, que la forma como operó el concepto durante el estallido o durante el mayo feminista”.
“Todos los conceptos son conceptos justamente porque pueden ser interpretados, pero es necesario que entonces cada persona que utiliza un concepto, que ese concepto lo diga desde qué lugar lo está definiendo. Yo lo estoy definiendo desde la agencia de las mujeres en pos de la inclusión en la ciudadanía”, afirma.
La historiadora también cuestiona identificar el feminismo exclusivamente con las expresiones más recientes del movimiento. A su juicio, las distintas agendas feministas han respondido históricamente a las problemáticas de cada época, por lo que resulta necesario comprenderlas en su contexto.
“El feminismo no es irreductible a una sola agenda. Cada corriente actuó de acuerdo con las necesidades y debates de su momento histórico”, afirma.
Las mujeres privadas de libertad: una deuda pendiente del feminismo
Aunque Feminismo recorre la historia de las distintas tradiciones feministas en Chile, la reflexión de Ana María Stuven también dialoga con una de las áreas que ha investigado durante años, el sistema carcelario y las condiciones de encierro de las mujeres privadas de libertad. Para la historiadora, este grupo representa uno de los espacios donde las desigualdades de género siguen siendo más profundas e invisibilizadas.
En el año 2000, la historiadora decidió salir de su oficina como académica de la UC en el Campus San Joaquín y entró al Centro Penitenciario Femenino de Santiago. Tras entender las historias de marginación y violencia que han sufrido las mujeres internas en el sistema carcelario decidió crear Corporación Abriendo Puertas, con el objetivo de acompañar, capacitar e insertar familiar, social y laboralmente a mujeres infractoras de ley.
“Si tú me dijeras cuál es uno de los ámbitos donde las consideraciones de género están más ausentes, y cuáles son los sectores de mujeres más invisibilizadas, yo te diría que son las mujeres que están privadas de libertad. Entonces, en ese sentido es un ámbito muy necesario, porque creo que es ahí donde se juegan muchos de los valores que nosotros como feministas tenemos que defender en pos de la visibilización de los problemas sociales, culturales, políticos y legales que afectan al mundo de la privación de libertad”, afirma.
La académica explica que la realidad de estas mujeres no puede entenderse únicamente desde el sistema penitenciario, sino como el resultado de múltiples factores de vulnerabilidad que se acumulan a lo largo de sus vidas.
“Las mujeres privadas de libertad tienen todos los marcadores de vulnerabilidad necesarios para que una persona que no tiene la suficiente formación o energía pueda terminar delinquiendo. Son mujeres víctimas de violencia, víctimas de abuso, de pobreza extrema, con muy baja escolaridad, que muchas veces tienen embarazos muy tempranos, muchas veces también las echan de su casa, terminan en situación de calle, entran en contacto con la droga y terminan delinquiendo también muchas veces por causa de la maternidad. Entonces, una persona, ahí hay condiciones de género. Cuando yo te hablo de violencia, cuando yo te hablo de abuso, cuando yo te hablo de maternidad temprana, son condiciones de género”, afirma.
A ello, agrega, se suma el impacto que produce el encarcelamiento sobre sus hijos y sus posibilidades de reconstruir sus vidas una vez cumplida la condena.
“El problema social deriva en un problema penal y luego vuelve a ser un problema social porque pasa a ser el problema de la reinserción. ¿Qué haces tú con una mujer que sale de la cárcel, que tiene que recuperar a sus hijos, que tiene que recuperar una vivienda y que tiene que empezar a trabajar? Ahí ya pasa a ser un problema social de nuevo. Sí, o las mujeres que están embarazadas o que tienen que tener un parto cuando están privadas de libertad. Bueno, ahí tienes tú que la ley materno-infantil, la antigua Ley Sayen, es una ley que está en el Congreso desde el 2016 y todavía no ha sido promulgada”, expresó.
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