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2015: el año de la falsa gratuidad

por 21 octubre, 2015

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Quizás uno de los pocos acuerdos que se pueda tener respecto a este año era lo trascendental que se presentaba, en términos educativos, el 2015. Este sería, según lo presentaban distintos sectores políticos -e incluso por parte del gobierno- el “año de las reformas”. Se conocía que distintos proyectos de ley serían discutidos en el Parlamento con el fin de dar cuerpo y legitimar la reforma educacional impulsada por la Nueva Mayoría, y por cuanto, era el primer paso para avanzar hacia un nuevo sistema… o esa era la promesa electoral.

De este modo fue como el proyecto de inclusión, carrera docente y gratuidad fueron ganando terreno mediático, posicionando un discurso de supuesto cambio en la política pública educativa que venía a convertir realmente la educación en un derecho social, alejándola del mercado. No obstante, quienes somos parte del movimiento por la educación y marchamos por una educación digna para todos y todas, nos encontramos con un escenario bastante distinto respecto a lo enunciado por el gobierno de Michelle Bachelet.

Como Confech, posterior a la creación de un programa que plasmó la discusión sobre la “nueva educación que queremos”, fuimos invitados por el Mineduc a distintas sesiones de las llamadas “Mesas prelegislativas” que tenían como fin discutir el contenido de la reforma educacional, las cuales “intentarían recoger” las opiniones de los diversos actores, obviando con esta frase la falta de propuestas propias de los que habían llegado a ser gobierno. Nos encontramos con un Mineduc que carecía de ideas concretas para hacerse cargo del problema educativo de fondo que estudiantes, trabajadores y pobladores hemos ido develando por años.

En este último mes, quienes componemos las diversas Federaciones Estudiantiles agrupadas en la Confech hemos visto una y otra vez que no existen lineamientos claros desde el Gobierno que pretendan hacerse cargo de las instituciones estatales, desconociendo el supuesto compromiso con lo público y el óptimo desarrollo de las disciplinas que en dichas instituciones imparten. Junto con esto, nula es la preocupación por asegurar condiciones dignas de estudio y trabajo para quienes hacen y construyen día a día la universidad pública y estatal que como país necesitamos. Lo anterior se podría ver como un problema poco novedoso, casi reiterativo de hecho; no obstante no nos aburriremos de repetirlo una y otra vez mientras tengamos un gobierno pregonando la gratuidad como la solución al problema educativo, aun cuando no existe una política estatal que erradique el autofinanciamiento de las instituciones, su precariedad y la de sus trabajadores, y qué decir del endeudamiento con la banca privada.

En segundo lugar vemos como erróneamente los estudiantes nos seguimos enfrascando en el juego del gobierno en dichas mesas, pues mientras ellos pretendían generar acuerdos programáticos para legitimar la reforma educacional nosotros, ilusamente, creímos en la opción de contraponer nuestro programa y diferenciarnos. Pero, ¿con qué nos encontramos? Con un movimiento estudiantil que no aprende de los errores tácticos ya cometidos, de confiar en que este tipo de espacios no construye realmente. Nos sentamos de igual forma en diálogos con el gobierno con el fin de situarnos como actores dentro del debate educativo, pecando de cortoplacista y pocas veces leyendo realmente el escenario en que nos encontramos como movimiento, cuando nos han anunciado de todas las maneras posibles que, de las pocas cosas que el Mineduc tenía claras, todas habían sido acordadas en cocinas de uno u otro personero de la vieja política concertacionista.

 En estas semanas ya transcurridas desde el inicio de este espacio, como Confech no hemos sido capaces de denunciar a viva voz la ruptura que se ha generado con el Mineduc y el gobierno en cada una de las mesas temáticas que abordamos: Financiamiento, Marco Regulatorio, Gobierno Universitario y Educación Estatal. En todos y cada uno de estos encuentros existieron puntos de desencuentro entre ambas partes, dejando patente así la no coincidencia entre un proyecto que solo regula lo que ya existe, y otro que transforma la educación que conocemos.

En estas semanas ya transcurridas desde el inicio de este espacio, como Confech no hemos sido capaces de denunciar a viva voz la ruptura que se ha generado con el Mineduc y el gobierno en cada una de las mesas temáticas que abordamos: Financiamiento, Marco Regulatorio, Gobierno Universitario y Educación Estatal. En todos y cada uno de estos encuentros existieron puntos de desencuentro entre ambas partes, dejando patente así la no coincidencia entre un proyecto que solo regula lo que ya existe, y otro que transforma la educación que conocemos.

La falta de asertividad en anunciar esto no se puede deber a nada más que a la idea de mantenerse en dicho espacio para “incidir” en el proyecto de ley que hoy se construye. Ingenuidad o no en dicho actuar, hoy solo contribuye a darle oxígeno a un Gobierno tristemente conocido por contar con desaprobaciones históricas y que se ha valido por todos los medios de su “cercanía” con los movimientos sociales, explotando como nadie la “legitimación social” que una que otra organización puede brindar a sus reformas. Y hoy somos claros: no estamos en disposición de que sea la Confech la que le quite el barro a una reforma que a todas luces no es lo que se prometía durante la última franja electoral, ni la razón por la cual muchos vieron en Michelle Bachelet una manera de alejarse de la derecha chilena, puesto que con políticas públicas como esta, no estamos muy lejos de los mejores tiempos de Piñera y Lavín.

La prioridad del movimiento estudiantil, por tanto, es la de dar claridades en el quehacer venidero y ordenar las tareas pendientes que tenemos ante esta nueva etapa del conflicto que se abre con la falsa gratuidad. Pasar así de la nebulosa y el titubeo a generar acciones concretas que permitan hacernos cargo del descontento que existe por la precariedad educativa y que no han encontrado solución en ningún partido o coalición de gobierno. No podemos permitirnos que año a año los conflictos locales de cada universidad y/o colegio nos golpeen en la cara y los sigamos viendo como problemáticas aisladas, aún sabiendo que responden a la misma causa.

Desde ahí la urgencia, la necesidad, de generar respuestas y un camino único, más cuando es sabido que la solución no cabe en absoluto entre las paredes del Congreso con sus discusiones presupuestarias ni mucho menos en las oficinas ministeriales, porque de eso ya hemos tenido mucho… y ya nos aburrimos de esperar respuestas de quien solo responde a sus propios intereses.

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