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Sobre laberintos, petardos y abrazos a los seres queridos

por 31 diciembre, 2015

" ¿A quemar lo antiguo que se viene lo nuevo? Vamos paso a paso, primero afrontemos el laberinto antes que el laberinto siga sujetando del cuello lo más prístino de nuestras intenciones para con la vida que hemos querido vivir y nos ofrezca un minotauro, un ser degenerado y ávido de engullir lo que tanto atesoramos por un lado y desperdiciamos con olvido por otro: nuestros sueños".
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En los noticieros lo importante son los muertos, ellos son lo primordial, luego vienen los machucados, los que luchan, los que reclaman, los quejumbrosos, el fútbol, las guerras internacionales, las eternas  alimañas libres de sanción y culpas por sus fechorías cometidas, y después, en la cola, gracias al parpadeo de un editor, los que activan el entendimiento humano en favor de la felicidad para todos y con todos.

Los que a continuación seguimos tras los que ya son polvo en el cosmos, armamos una  dinámica por la subsistencia que  nos ha llevado a ser lo que somos: piezas de ajedrez (en cualquiera de sus jerarquías), o dados lanzados al azar, o soldaditos de plomo frente a la lucha por el pan. Menuda desesperanza nos surge cuando no llegamos a convicción por lograr el destino apacible por el cual hemos estado yendo de un lugar a otro y en respuesta escuchamos bocinas apurando nuestro paso.

Mientras tanto, en esta sustancia de ambigüedades y vendas sobre nuestros ojos, somos albañiles sumados a la construcción del laberinto, aportando con los mejores años de nuestras existencias. Toda la etapa de madurez, desde la universidad hasta la jubilación, nuestras facultades intelectuales, nuestras horas hombre - (mujer) están supeditadas a ser las abejas obreras de un tinglado que pide más y más en favor de sí mismo.

Y con la cara llena de risa vendemos al mejor postor nuestro talento, ofrecemos tiempo y  voluntad por pertenecer a una comunidad persiguiendo satisfacer la condición material legítima, la cual nos permite ser y existir en la dimensión de nuestros cinco sentidos. Entonces andamos tristes por la vida, cabizbajos, reclamando que el chancho está mal pelado y se viene un largo etcétera y como respuesta veo que es necesario apagar pantallas y salir de nosotros mismos, con el objetivo de decidir perderse en las callejuelas de una obra constructora que bloqueará el entusiasmo y nos alejará de quienes disfrutan la vida porque saben decidir y atenerse a sus decisiones.

Teniendo en cuenta sobre estas personas satisfechas y felices que circulan y se encuentran en cada oportunidad, es importante entenderse sumados a ellas mediante  un trabajo que permita estrechar vínculos. Conocernos para salir del laberinto que desde nuestro nacimiento hasta nuestra edad adulta nos encontramos recorriendo en pasajes,  callejones oscuros,  ángulos que nos exigen decidir, sin información que contribuya a saber, si los pasos dados son  correctos o no. Viendo a estas personas, realizadas en sus proyectos y sentidos, saliendo de sus propios laberintos como ovnis saliendo y entrando de volcanes en erupción, podemos entrar en conciencia de ser felices en forma simple.

Estamos llegando al fin de otro ciclo, a lo lejos se preparan los petardos, las pantallas siguen multiplicadas en nuestros ojos, igualmente las responsabilidades son relojes despertadores, de esos con campanillas, que avisan el tic tac preciso en que uno debe despertar para ingresar al laberinto sabiendo que al regreso, sólo tendremos cansancio y  capacidad de escuchar y ver  noticieros,  que luego de los muertos de rigor, ofrecerán relojes despertadores en sus anuncios comerciales.

¿Cómo salir del laberinto si nos gusta tanto participar en su construcción? Nos encanta decirles al mundo de lo cansados que estamos por trabajar tanto. En nosotros subsiste lo mejor y lo peor en una lucha fratricida  donde no se sabe con certeza quién es el verdadero ganador, sólo quedan decisiones tomadas, palabras soltadas al viento, promesas por cumplir, llamadas telefónicas que devolver.  Dónde estará la vida en todo esto, precisamente en  descubrir lo inferior en lo superior y viceversa, algunos chinos lo tuvieron claro hace miles de años atrás al implementar  el yin yang como brújula para poder orientarse en las infinitas direcciones que arroja el laberinto cada vez que uno avanza.

Descubrir las situaciones destructoras personales, las células funcionando al revés, antes de vernos en situaciones cruciales que determinarán las condiciones materiales de existencia futuras, puede conducirnos a un sano entendimiento, una salida beneficiosa sin embargo condicional de este enredo a los que hemos sido llamados a construir, sin importar mucho si fue con o sin  nuestra voluntad.

¿Qué herramienta filosófica tenemos para saber quienes somos? ¿ Serán nuestras carreras profesionales, nuestros oficios secretos, nuestros hobbies, nuestras antiguas militancias, nuestros círculos  amados?.  Quizás sólo nos quede el amor a la naturaleza; regimentada por desiertos , montañas y mares podrá darnos una señal, un color con el cual pintar el mandala de nuestros caminos. Al salir durante estos días, rompiendo la cadena de producción a la que estamos habituados, para reencontrarnos con nuestros seres amados, saludar y abrazar a los amigos que por las mismas circunstancias están lejos y que ahora, por motivo de estas festividades pueden estar cerca, podremos  permitirnos revelar la foto que hay detrás de los fuegos artificiales.

¿A quemar lo antiguo que se viene lo nuevo? Vamos paso a paso, primero afrontemos el laberinto antes que el laberinto  siga sujetando del cuello lo más prístino de nuestras intenciones para con la vida que hemos querido vivir y nos ofrezca un minotauro, un ser degenerado y ávido de engullir lo que tanto atesoramos por un lado y desperdiciamos con olvido por otro: nuestros sueños.

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