Dos años de gobierno: a medio camino
No deja de llamar la atención que tanto la Presidenta como su gobierno cuentan con una alta desaprobación ciudadana independiente del estudio de opinión que se analice. Esto es aún más llamativo considerando que cuenta con un logro legislativo difícil de comparar con gobiernos anteriores, consecuencia de un alto apoyo parlamentario que le ha permitido aprobar leyes prácticamente sin discusión.
Qué ocurre entonces, por qué este nivel de rechazo. Siendo consistente con lo programado desde antes de que asumiera su mandato, parece que erró tanto el diagnóstico como la solución a los problemas que la ciudadanía ha venido planteando con insistencia en los últimos años.
[cita tipo=»destaque»]En algunas circunstancias pareciera que el gobierno está buscando cómo satisfacer la demanda de los grupos de interés o aquellos sectores aliados más que pensar en el país en general, esto tiende a deslegitimar su actuar en torno a la población en la medida que esa opinión se generaliza y no menor, atenta precisamente con aquella tan anunciada igualdad de trato.[/cita]
No es solo que la gente piense en la desigualdad como un factor que dificulta al país avanzar de una manera más armónica, sin duda esta situación genera un profundo malestar social y contribuye de manera significativa a la baja cohesión social que se aprecia en nuestro país. Hay también por parte de la población un malestar frente a la manera de solucionar estos problemas, pensar que en la medida que todo pase por el Estado las cosas se solucionan no está en la mente de la gente, muy por el contrario, hay un amplio sector de la población que aspira a mejorar su condición de vida y para ello se esfuerza, pero no ve una contraparte especialmente en las áreas más sensibles de la vida como es su seguridad personal, afectada por los altos niveles de delincuencia y diría que principalmente por la impunidad que aprecia en ella; sigue la educación, que por mucho que se hayan aprobado reformas que modifican en gran medida lo obrado en los últimos decenios en el país, la gente los percibe como insuficiente, sesgado y mantiene un rechazo que llama la atención; en el caso de la salud vemos como tanto las promesas de más y mejor salud no se cumple en ninguno de sus criterios, no solo por la ausencia de nuevos hospitales, mayor cantidad de profesionales médicos para atender a los enfermos y una ausencia de gestión interna para conducir un sector clave en cuanto a la protección social.
Como vemos en esta pequeña muestra, falló el diagnóstico, pero también la gestión de la solución a los problemas detectados. Se está produciendo una gran dicotomía entre la dimensión real y la dimensión ideológica con que trabaja el gobierno, parece que lo único que lo mantiene unido es la ausencia de efectividad en ambas dimensiones, de ahí que uno puede entender que se culpe a la comunicación como el principal problema del gobierno y no se asuma que esta falla está más bien vinculada a la estrategia que se lleva a la práctica.
Podemos señalar otro elemento que nace en la campaña electoral y que se acrecienta al llegar al gobierno, cual es el incremento constante de expectativas generadas en la población. Esta exacerbación de anuncios provoca en la gente una expectativa que no dice relación con las capacidades propias del Estado para cumplir con ella, podemos señalar que hay una saturación de la burocracia pública que le impide satisfacer la sobrecarga de planes, programas y políticas que el gobierno propone. Si bien presionar el sistema es bueno en ocasiones, hacerlo sin tener en cuenta hasta donde es posible avanzar es complejo, más aún en política y aún más cuando se trata de áreas tan sensibles como las señaladas.
En algunas circunstancias pareciera que el gobierno está buscando cómo satisfacer la demanda de los grupos de interés o aquellos sectores aliados más que pensar en el país en general, esto tiende a deslegitimar su actuar en torno a la población en la medida que esa opinión se generaliza y no menor, atenta precisamente con aquella tan anunciada igualdad de trato.
Por lo pronto, y pensando en los dos años que aún restan para el cambio de gobierno, sería deseable una mayor prolijidad en el diseño e implementación de las políticas públicas que el gobierno está llevando adelante, así como la conducción general del Estado. Esto ya es una gran labor a desarrollar, sin olvidar que el gobierno es el administrador temporal del Estado y por tanto debe velar por la preservación institucional del mismo.
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