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Un paso al costado

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Aldo Cassinelli
Por : Aldo Cassinelli Subdirector del Instituto Libertad
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En el escenario actual de alta desconfianza frente a las elites es cuando más debiéramos apoyarnos en las instituciones. Son las instituciones las que limitan el poder de los individuos, pero para ello deben funcionar de buena manera con objetivos claros y facultades acordes a lo que se les demanda.

Parece algo contradictoria esta situación, ya que las instituciones son constituidas por personas, pero es en ese sentido donde debemos velar por que no sean capturadas por ningún grupo.

La derecha debe entender que así como exigimos un Estado probo, que esté fuera de todo cuestionamiento o posibilidad de ser utilizado en beneficio de cualquier sector político, también debemos esforzarnos por evitar que los distintos grupos de interés intenten obtener prebendas en el campo de los negocios.

El mercado para que funcione debe tener reglas claras, si estamos de acuerdo en que es un buen asignador de recursos debemos esforzarnos y velar por que dichas reglas se cumplan, evitando la tentación de pasar por sobre ellas.

Sin duda, duele ver a algunos líderes que profesando un enorme apoyo al mercado y su defensa, estén involucrados precisamente en las causas que han generado su desprestigio, pero también hay que ser valiente para reconocer y señalar que eso no es lo buscado.

Una sociedad no puede basar su desarrollo en una estructura social estática, la movilidad es básica para darle sentido al esfuerzo de las personas y si como sector deseamos potenciar tal valor, debemos estar dispuestos a abrir los espacios para que ello se produzca.

[cita tipo=»destaque»]Hoy gran parte del malestar se centra en el abuso que unos pocos ejercen sobre muchos y esto no es solo en el ámbito económico sino que se ha traspasado a la esfera política y social, siendo esta la base del rechazo actual.[/cita]

Hoy gran parte del malestar se centra en el abuso que unos pocos ejercen sobre muchos y esto no es solo en el ámbito económico sino que se ha traspasado a la esfera política y social, siendo esta la base del rechazo actual.

La movilidad social que ha tenido este país en los últimos años es enorme, pero dicha movilidad se está enfrentando a una barrera muy fuerte que le ha sido difícil de vencer, los privilegios de unos pocos que ven amenazada su posición.

Esto no tiene que ver con un asunto económico solamente, es un asunto societal que implica diversos ámbitos de nuestras relaciones al interior de la misma sociedad.

Para algunos quizás este país es víctima de su propio progreso, tenemos una sociedad que no se conforma, que demanda más espacios para ejercer sus derechos y que está dispuesta al sacrificio que ello implica. Esta sociedad es más educada, tiene más mundo, las fronteras físicas no significan nada, tanto porque muchos han tenido la posibilidad de salir como porque el mundo se ha instalado aquí. Eso hace que el horizonte de expectativas sea mucho mayor al que existía hace unas décadas.

Todo esto no hace más que aumentar lo que exigimos para quienes pretenden representar y liderar esta nueva fase de nuestra vida en sociedad. Los cánones no son los mismos, los desafíos tampoco y pareciera que algunos personajes deben entender que en esta etapa están más bien llamados a dar un paso al costado que al frente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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