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A propósito del mentado crecimiento

por 19 junio, 2016

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En estos días parece ser que el gran dilema fuera el crecimiento económico. Se recurre para ello con frecuencia al cálculo del conocido Producto Interno Bruto (PIB).

Vale recordar que este cálculo del PIB fue formulado inicialmente por Simón Kuznet en 1934 para el Congreso de Estados Unidos, en el contexto de la ayuda al país para salir económicamente de la Gran Depresión. Su uso internacional empezó después de la conferencia de Bretton Woods en 1944, que estableció las actuales instituciones financieras internacionales –el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y la Organización Mundial del Comercio-, en el contexto de la postguerra y con el objetivo de reconstruir las economías que se encontraban devastadas.

Pero también vale la pena considerar que los desafíos actuales parecen ser bastante distintos. A lo menos se conjugan tres desafíos estructurales, quizás aún más profundos que los del pasado. El medioambiental, el bienestar de las personas y por cierto la economía. Es lo que Castells y Himanen editores (2016) en el reciente libro Reconceptualización del Desarrollo en la Era Global de la Información, llaman desarrollo sustentable.

 Y podríamos agregar a este concepto del bienestar de las personas, también el respeto por el medioambiente. Ya no en una simple dimensión de cuánto es el nivel de la emisión de gases de efecto invernadero, sino mucho más que eso: cuál es el estado en que estamos dejando la Naturaleza. La sociedad ha estado dominada largo tiempo por el crecimiento económico como objetivo del desarrollo. Entonces, podríamos afirmar con cierta certeza que el mero crecimiento económico indefinido, ya no es un objetivo suficiente.

 

¿Es serio, entonces, como se desprende del debate, alegar exclusivamente, y diríamos casi en un afán clasificable como egocéntrico, sólo en términos de un eventual mayor o menor dinamismo económico y en los mismos términos que tuvo la sociedad de postguerra? Un mínimo razonable diría que no. Se puede dar esta respuesta. Aun a riesgo de que destacados comentaristas que acuñan la idea a través de los medios de comunicación de un mal diagnóstico al respecto, califiquen a quienes concuerdan con este mínimo razonable como personas atrapadas en él.
Podemos decir que aquellos comentarios más bien son los que siguen entrampados, cuando observan la realidad a través del comportamiento solo de variables como la demanda externa, los flujos financieros, la inversión extranjera, la percepción de riesgo para la inversión o también la caída de los términos de intercambio.

Joseph Stiglitz junto a economistas de primera línea sostuvieron en el Report of the Commission on the Measurement of Economic and Social Progress, (Stiglitz 2009), que el objetivo actual debiera ser trasladar el énfasis desde la medición de la producción económica hacia la medición del bienestar de las personas

Y podríamos agregar a este concepto del bienestar de las personas, también el respeto por el medioambiente. Ya no en una simple dimensión de cuánto es el nivel de la emisión de gases de efecto invernadero, sino mucho más que eso: cuál es el estado en que estamos dejando la Naturaleza. La sociedad ha estado dominada largo tiempo por el crecimiento económico como objetivo del desarrollo. Entonces, podríamos afirmar con cierta certeza que el mero crecimiento económico indefinido, ya no es un objetivo suficiente.

Para reforzar bien estos comentarios, vale la pena también traer el pensamiento de un hombre visionario como el filósofo Martin Heidegger. En una memorable conferencia pronunciada con ocasión del 175 aniversario del nacimiento de Conradin Kreutzer, el 30 de octubre de 1955 en Messkirch y titulada Serenidad, sostuvo que el pensamiento que cuenta, calcula. Calcula con posibilidades continuamente nuevas, con posibilidades cada vez más prometedoras y, al propio tiempo, más baratas. El pensamiento calculador no se detiene nunca, no se para a reflexionar, no es un pensamiento que medite sobre el sentido que impera en todo cuanto existe.

Pero lo que verdaderamente inquieta en esto –dice Heidegger- no es que el mundo se haga totalmente y por entero un mundo técnico. Mucho más inquietante resulta que el hombre no se halla preparado para esta transformación mundial, que todavía no somos capaces de, pensando reflexivamente, llegar a un discernimiento objetivo de lo que realmente está llegando con esta época.

Si la serenidad ante las cosas y la apertura al misterio despiertan en nosotros, podríamos llegar a un camino que conduzca a un nuevo suelo. En este suelo –afirmaba Heidegger en 1955-, podrían echar raíces la creación de obras perdurables. En suma, si no renunciamos a poner en juego el pensamiento reflexivo frente al pensamiento meramente calculador.

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