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2016, el año de las incertezas (jurídicas)

por 27 diciembre, 2016

2016, el año de las incertezas (jurídicas)
Los partidos sí que tuvieron que soportar un nivel de incertidumbre alto. En la Nueva Mayoría vivieron dos rebeliones, primero la de la Democracia Cristiana y luego la del PS. Ambas tuvieron un elemento en común: la angustia de no ser escuchados y, por tanto, no saber qué está pensando la Presidenta. Termina el año y la petición de audiencia que le hicieron a la Mandataria no se concretó, y eso que son los partidos de la coalición gobernante.
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No fue fácil escoger una frase que representara este convulsionado año para Chile. Hubo varias que compitieron hasta el final.

Cómo no destacar la sentencia de Nelson Pizarro, “no tengo un puto peso”, para graficar la caída del precio del cobre y el impacto para Codelco y la economía nacional y, de paso, afectar el presupuesto de las reformas emblemáticas de Bachelet.

Luksic fue generoso y aportó con más de una frase, sin embargo, "soy un ser humano como todos, pero poderoso", clasificó con holgura para la final. ¿Qué mensaje intentó enviar uno de los hombres más ricos y, por cierto, más poderosos del país? Más allá de lo que pasó por su cabeza en ese momento, la sensación de que los intocables de siempre sufrieron mucho este año es uno de los issues destacados a la hora de la evaluación del 2016.  Los Matte cuestionados por su segundo caso de colusión en menos de un año. Angelini en la mira por Corpesca, pese a su queja de lo difícil que es ser empresario en Chile.

La tercera frase finalista la postuló la Presidenta Bachelet cuando sorprendió a todos al evaluar al cuestionado equipo político –que se mantuvo, con la excepción de la llegada de Paula Narváez, un real aporte que le ha dado un aire fresco a un Gobierno muy desorientado–, señalando que estaba “funcionando extremadamente bien”.

Gracias, por el aporte, a Pizarro, Luksic y Bachelet, pero el premio mayor se otorga por unanimidad. Hernán Büchi, ex ministro clave de Pinochet, hombre que tuvo una crisis existencial cuando era candidato presidencial, de profesión director de empresas en la actualidad, nos dejó helados al amenazar al país con que había tomado la decisión de convertirse en emigrante y mudarse –o arrancar, la verdad– a Suiza, porque no soportaba el estado de “incerteza jurídica” reinante en Chile. Más allá de la valentía de aterrizar como un latino en Europa por estos días, Büchi logró representar el pensamiento de un sector del empresariado que no tolera el vértigo que provoca la incertidumbre y el riesgo, pese a que por definición deberían estar preparados para ello. Qué le queda al ciudadano común que apenas le alcanza el sueldo para vivir.

Pero es cierto que hemos vivido un año de incertidumbre. Por primera vez, desde el retorno de la democracia, que un año antes de la elección presidencial no tenemos idea de quién conquistará La Moneda. Hace solo un par de semanas se daba por descontado que sería Piñera, hoy ni siquiera sabemos si se presentará como candidato. Tampoco podríamos haber imaginado a comienzos de año que, si Ricardo Lagos entraba a la competencia, no arrasaría en las encuestas. Y para las cúpulas partidarias, Guillier es el representante de la incertidumbre porque no da a conocer sus ideas, pese a que sigue subiendo su adhesión entre la gente.

Lo que les falta a nuestras elites es aportar con una mirada más optimista y asumir que la incertidumbre es parte de las reglas del juego. No lo sabrán en Europa, donde se debe caminar atento por las calles y mirar de reojo a los camiones por si no se vienen contra la muchedumbre, o en las escuelas de Estados Unidos, donde una vez por semana un demente las emprende a balazos contra los estudiantes. Esos sí que son ambientes de incertezas, señor Büchi.

Claro que hemos navegado por las aguas de la incerteza en 2016. Hoy día los chilenos miran con recelo y desconfianza a los miles de extranjeros inmigrantes que caminan por las calles, atienden en las bencineras y limpian baños, esos empleos que nadie acá quería tomar. Tenemos miedo porque no sabemos a qué vienen –a delinquir han señalado varios políticos–, cómo piensan, que esperan de Chile y cómo va a influir su integración para las futuras generaciones. Incerteza y temor.

Por supuesto que los ciudadanos sufrimos de incerteza jurídica cuando observamos que las empresas se ponen de acuerdo en los precios para perjudicar a sus clientes y no tenemos herramientas para defendernos. Más aún, si consideramos que una compañía como CMPC es capaz de coludirse con otros en los productos de primera necesidad para la población y optar por el camino fácil de delatarse cuando las conductas reprochables han prescrito. A estas alturas, los chilenos nos preguntamos cuántos carteles nos engañan a diario cuando vamos a comprar a un supermercado.

Los partidos sí que tuvieron que soportar un nivel de incertidumbre alto. En la Nueva Mayoría vivieron dos rebeliones, primero la de la Democracia Cristiana y luego la del PS. Ambas tuvieron un elemento en común: la angustia de no ser escuchados y, por tanto, no saber qué está pensando la Presidenta. Termina el año y la petición de audiencia que le hicieron a la Mandataria no se concretó, y eso que son los partidos de la coalición gobernante.

En el PS nadie sabe quién será su abanderado; la DC no tiene claro si irá con un postulante a las primarias y llegará hasta el final, claro que aún no tienen ni al candidato, y los militantes del PPD ven el futuro con incertidumbre después del bochornoso episodio SQM.

En la oposición el panorama no está mejor. Pese a la mala evaluación del Gobierno, no fueron capaces de capitalizarlo y sus niveles de aprobación son iguales o más bajos.

Tampoco tienen claro quién será su candidato y cuánto daño podrían causar Manuel José Ossandón y José Antonio Kast, ambos militantes de partidos del bloque que en 2016 abandonaron sus filas. En la UDI existe incertidumbre respecto de si el partido volverá alguna vez a recuperar la confianza de sus electores después de los casos en que sus principales líderes están formalizados o condenados, como Novoa.

Para rematar, ni los analistas más expertos se atreven a vaticinar si el 65% de los electores que se quedaron en sus casas para las municipales concurrirán a votar en 2017 y, menos aún, cuánto influirá el nuevo sistema electoral para las personas.

Incerteza jurídica también deben sentir esos miles de chilenos que se ilusionaron con la plata fácil y apostaron sus fichas a conocidos rostros que daban confianza, los que terminaron huyendo del país con sus ahorros y sus sueños.

Pero, pese la angustia que le provoca Chile a Büchi, este país tiene una institucionalidad sólida, una democracia bastante estable y reglas del juego claras, muchas de las cuales benefician al empresariado. Es evidente también que el país es atractivo para invertir y visitar, incluido para los emigrantes. Lo que les falta a nuestras elites es aportar con una mirada más optimista y asumir que la incertidumbre es parte de las reglas del juego. No lo sabrán en Europa, donde se debe caminar atento por las calles y mirar de reojo a los camiones por si no se vienen contra la muchedumbre, o en las escuelas de Estados Unidos, donde una vez por semana un demente las emprende a balazos contra los estudiantes. Esos sí que son ambientes de incertezas, señor Büchi.

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