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Salud: ¿más de lo mismo o la hora del cambio?

por 1 julio, 2017

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Sebastián Piñera presenta como su principal fortaleza su experiencia como presidente. Sin embargo, es precisamente esa historia llena de promesas sin cumplir, la que nos hace pensar que no es una buena alternativa para el Chile de hoy. En lo sustantivo, el programa de salud que acaba de dar a conocer es un reciclaje de su primera campaña y contiene varias propuestas que Piñera falló en cumplir durante su gobierno, entonces ¿por qué insistir en ellas?

Partamos destacando que Piñera priorice entre sus medidas la Atención Primaria: es la estrategia correcta que recomienda la OMS. Sin embargo, nos parece que sus propuestas apuntan en la dirección equivocada. Incentivar la competencia entre consultorios y hacerlo con  medidas recicladas de su primer programa de Gobierno, que no fueron exitosas, es un gran error.

Dicho todo esto, sorprende la pobreza del programa de salud de Piñera, en particular la carencia de una visión integral de cómo dar respuesta a las necesidades de salud de la población.

Propone la creación de una red de consultorios de excelencia, la misma que propuso el 2009 cuando prometió crear “cien consultorios de excelencia en las comunas con más de 40 mil habitantes” y que no cumplió. Piñera pretende incorporar lógicas de mercado en lugares donde estas son contraproducentes y donde sus efectos pueden ser tremendamente negativos.  Por lo demás, la medida de los consultorios de excelencia ha sido ampliamente criticada por la Asociación Chilena de Municipalidades pues no se alinea con el valor de la equidad, sino que “sólo genera más diferencias en los centros de salud municipalizados, la que debe ser de excelencia en todos los centros de salud, no tiene coherencia con el modelo de salud familiar y premia lo biomédico”.

En otra de sus medidas, Piñera insiste en crear un “plan base de salud”, una nueva ley de ISAPRE y ampliación de la libre elección de FONASA. Al respecto, respondemos con las palabras del que fuera coordinador de la comisión asesora presidencial para reformar el sistema de salud privado, Camilo Cid, quien señala que estas medidas son parches y no van a solucionar los problemas de fondo, que se traducen que en salud hoy tenemos dos países: uno desarrollado con problemas fuertes de eficiencia porque es muy caro, en el que todos sus actores lucran con la salud de las personas y que tiene un gasto per cápita equivalente a Japón (sector privado); y otro crónicamente desfinanciado, mal gestionado y con un gasto de salud per cápita como el de Ecuador o Perú. La propuesta de Piñera supone conservar la misma filosofía del sistema actual: el que tiene dinero compra salud. Sostenemos que hay que avanzar hacia un cambio de fondo que se expresa en que el sistema de salud sea parte de la seguridad social.

Compartimos con el candidato Piñera la urgencia de reducir las listas de espera y de definir plazos máximos de atención. Sin embargo, creemos que la promesa de terminar con ellas es una mentira de cara a la población. Más aún lo es afirmar que eso ocurrió en su Gobierno. La reducción de las listas de espera no se hace mediante medidas administrativas. El propio Contralor General de la Républica ha cuestionado que Piñera haya “acabado con las listas de espera” como tanto le gusta proclamar al candidato. Estos pacientes sencillamente nunca fueron atendidos. Lo que se requiere son soluciones reales y  medidas de fondo: mejorar la gestión del sector, fortalecer la APS  y aumentar los recursos.

En relación a la revitalización del programa Elige Vivir Sano (EVS), Revolución Democrática ya ha planteado extensamente su posición, la cual se resume en que dicho programa  se basa en el paradigma que entiende que la salud depende de la elección de cada individuo sobre sus hábitos de vida y, por tanto, bastaría con la entrega de información para motivar una buena elección y mejorar el estado de salud. Sin duda que las conductas de las personas son importantes, pero esto no quiere decir que entregar información sea una estrategia efectiva y suficiente para modificar las conductas de la población. Nuestros estilos de vida surgen de la selección de opciones disponibles según nuestra situación socioeconómica y la facilidad con que podamos escoger unas u otras alternativas. Estos factores contextuales se conocen como “determinantes sociales de la salud”: ¿cómo podemos acceder a un estilo de vida saludable si viajamos 3 horas diarias para trabajar o si no se dispone de áreas verdes o si los alimentos más saludables son más caros que la comida chatarra?

Otro conjunto de propuestas recicladas son aquellas que dicen relación con la incorporación de fichas médicas electrónicas, la creación de agendas electrónicas de consultas, el bono electrónico, y las recetas electrónicas. Estas medidas formaban parte de la prometida “revolución digital” de la primera campaña, que nunca ocurrió y cuya precaria institucionalidad fue enterrada por el Gobierno de Piñera. Por lo demás, los especialistas en la materia saben muy bien que las iniciativas en materia digital no pueden ser abordadas de manera casuística o fragmentada, como una lista de supermercado de cosas por hacer. Para ser exitosas deben responder a una estrategia institucional que las cobije, a una visión desde las necesidades de salud de la población, la cual está ausente del programa. En síntesis, creemos que una estrategia digital en salud debe ser una prioridad en la próxima administración, pero no es esta la forma de plantearla ni menos de llevarla a cabo.

Dicho todo esto, sorprende la pobreza del programa de salud de Piñera, en particular la carencia de una visión integral de cómo dar respuesta a las necesidades de salud de la población. Esto  intenta camuflarse tras  un conjunto de propuestas simplonas, lugares comunes que dejan un sabor a relleno más que a sustancia. Al parecer, el equipo de salud de Sebastián Piñera no está enterado de la dramática situación de nuestro sistema sanitario y de la necesidad de mejoras sustantivas. Más bien se propone combatir el agresivo tumor que lo aqueja con aspirina y vitaminas. Cuando se intentan construir políticas de salud desde las amplias y lujosas instalaciones de la Clínica Las Condes es difícil siquiera vislumbrar el otro Chile que vivencia las precariedades de un sistema público que ha sido por muchos años postergado.

Estamos seguros que un nuevo Gobierno de Piñera no sólo no avanzaría en la dirección adecuada, sino que podría desandar lo que se ha avanzado, en particular en el fortalecimiento del Fonasa que está hoy mejor preparado para transformarse en el futuro seguro único de salud.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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