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Por un PPD progresista y ciudadano

por 11 febrero, 2018

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El PPD vive una crisis electoral, política, de identidad que amenaza su viabilidad y su futuro. Es una crisis de sentido que debe ser abordada refundando su misión, su ética pública, su colocación en la sociedad del siglo XXI y abordando, sin atajos, los errores y desaciertos que han hecho del partido, en el tiempo, una gran promesa incumplida.

La novedad ideal, la diversidad originaria del PPD frente al resto de la izquierda y del centro residió en que este partido fue más allá de la lucha por reestablecer la democracia y construir igualdad social y, junto a ello, colocó el ancla en aquello que Foucault llamó las “luchas colaterales”, es decir las luchas por los derechos y las libertades civiles, llevando la igualdad más allá del confín clásico de lo social a los derechos de género, del respeto a la diversidad sexual, al desarrollo económico sustentable ambientalmente, a las libertades como sinónimo de autonomía, de la elección de vida que resguarda la dignidad de los seres humanos.

Es cierto que el PPD contribuyó, en la sociedad civil y en el parlamento, a instalar los nuevos temas cuando estos eran incómodos para una compleja transición política y social y el embrión de mucho de lo que hoy existe , concretado durante este gobierno de Bachelet, está en las luchas libradas por el PPD que en aquel momento se conectaba con los movimientos emergentes por los derechos de género y civiles, con la intelectualidad y la cultura que veían en el PPD una trinchera para colocar nuevas ideas.

Pero en la pérdida de esta identidad y en la incapacidad para representar los vertiginosos cambios de la sociedad del siglo XXI radica una de las mayores causas de nuestra crisis.

En el tiempo el PPD se tradicionalizó, se convirtió en un partido más, se vació de ideas y de densidad cultural , se transformó en una federación de caudillos que se disputan el poder interno y externo y que ha hecho que el PPD esté repleto de grupos y grupúsculos que se enfrentan sin dialogo posible en muchas regiones.

No escuchamos a Pepe Zalaquet cuando en un Consejo Nacional nos dijo que el prestigio de la política y del PPD se jugaba en el plano de la ética y hemos cometido muchas aberraciones morales, hemos relativizado cada vez la ética pública y ello nos ha conducido al descrédito ciudadano.

No hemos luchado contra los privilegios de los políticos y de las elites que controlan el poder político y económico y en nuestro propio partido toda una generación de jóvenes y prometedores líderes han caído en un profundo desprestigio por abusos de poder y faltas a la ética pública que provocan rabia en la ciudadanía que en un 55% no concurre a votar porque no confía en los políticos, en los partidos, en las instituciones públicas.

Aquí radica también un aspecto trascendente de nuestra crisis, como en las malas prácticas políticas faltas de transparencia que empobrecen la política, la muestran como algo sucio frente una ciudadanía que hoy goza no solo de mayor información sino de la capacidad de denuncia a través de las redes sociales.

Un aspecto fundamental de nuestra crisis tiene que ver con la decisión de transformar al PPD en un partido de izquierda y colocarlo en una desventajosa disputa en un sector ya superpoblado por el PS, el PC y ahora por el Frente Amplio. Ello ha conducido a una equivocada lectura respecto de la sociedad chilena de hoy.

Sostuve en el debate del Consejo Nacional del Canelo de Nos del 2012 que sería un profundo error el transformar al PPD en un partido de izquierda, sin definir además teóricamente a que izquierda se hace referencia y, de esta forma, relegando a un segundo plano su definición de partido progresista y ciudadano. Dije en este Consejo que el PPD desde sus orígenes se parecía y radicaba su diversidad mucho más a la lucha de los jóvenes del Mayo del 68 que escribían en los muros de París, Bruselas y Frankfurt “seamos realistas , pidamos lo imposible”, mucho más a los partidos por los derechos civiles y una nueva radicalidad democrática, mucho más a los movimientos ecologistas y feministas que llenaron un vacío dejado por la izquierda socialista y comunista marcados por el industrialismo a toda costa y por un profundo desprecio por las reivindicaciones de derechos de tercera y cuarta generación que estos movimientos representaban, que a los viejos partidos de clase tradicionales de la izquierda.

Quienes han impulsado la izquierdización del PPD no han entendido que la complejidad subjetiva de la sociedad de hoy reside en que la movilidad social es percibida, por una parte importante de la sociedad, como algo individual y no colectivo como en el pasado. Apoyo a reformas, pero que no coloquen en riesgo lo logrado que es visto como un esfuerzo personal

La izquierdización del PPD condujo a abjurar de la experiencia de los gobiernos de la Concertación y de sus liderazgos, sin considerar en la evaluación de una obra histórica, las peculiaridades y los contextos de los procesos de la transición chilena.

Con ello hemos debilitado no solo nuestra memoria y patrimonio político sino también nuestra propia razón de ser como fuerza inscrita en una corriente de inspiración socialdemócrata, dejando de lado que los principales logros en materia de igualdad, libertades y democracia han sido construidos en el siglo XX por el Estado Benefactor de la socialdemocracia especialmente en los países nórdicos.

Por cierto, pesa en esta crisis la ausencia de modelo distinto a nivel global. El ultimo, La Tercera Vía de Tony Blair y Antony Gidenss que si bien instala la política de las oportunidades desde la cuna, muere enterrado en la guerra de Irak.

Pesa la debilidad de la política dado que los partidos hacen política local y todo se mueve en el plano global.

Pesa el hecho de que en el estilo de conducción de la Presidenta Bachelet no haya nunca asumido el liderazgo de su coalición. Por ello es desmedido su reciente comentario de que los responsables de la derrota son los partidos que se miran el ombligo. Es cierto que los partidos, acorralados por los cambios de época y sin renovación, tienden a la auto referencialidad. Pero la propia Presidenta Bachelet ha contribuido, en su falta de diálogo con los partidos, a una depreciación del rol de ellos y de la Nueva Mayoría ante la sociedad.

Para salir de esta crisis el PPD debe realizar una verdadera revolución copernicana o de lo contrario caminará inexorablemente al peor de los escenarios: el de la intrascendencia. Ya será intrascendente, más allá de la calidad de nuestros diputados electos, en la Cámara. Lo es en el movimiento estudiantil, en la cultura, en los sindicatos, en buena parte de la ciudadanía.

El PPD debe reafirmarse como una fuerza progresista y ciudadana en lo político, socialdemócrata moderna en lo ideológico y de centroizquierda en lo sociológico. Un PPD amplio que haga política a todo campo, sea un factor principal en el diálogo con la DC sobre todo ahora que el grupo dirigente del PS ha abandonado el rol del gran articulador de la alianza entre la izquierda y el centro, que dialogue con el PR en tanto partido de centro laico para reconstituir un bloque de centroizquierda capaz de elaborar una nueva propuesta que de confianza a los chilenos, que cautele las transformaciones hechas por Bachelet pero vaya mucho más allá de estas.

Algunos han planteado que la salida a la crisis es avanzar en una fusión orgánica con el PS y el PR para constituir una gran fuerza socialdemócrata. Yo comparto esa idea, pero la estimo completamente inviable hoy por falta de interés del grupo dirigente del PS que embelesado con su resultado electoral parlamentario y pese a la brutal derrota presidencial de la centroizquierda, estima que su marca está vigente y quiere seguir siendo, legítimamente, un partido socialista. No quiero, sin embargo, que esta propuesta se use para un juego gatopardista y destinado a que no cambie nada en el PPD a la espera que “maduren” condiciones que no se han dado en los últimos 25 años.

Un aspecto fundamental de nuestra crisis tiene que ver con la decisión de transformar al PPD en un partido de izquierda y colocarlo en una desventajosa disputa en un sector ya superpoblado por el PS, el PC y ahora por el Frente Amplio. Ello ha conducido a una equivocada lectura respecto de la sociedad chilena de hoy.

Por ello, el PPD, para existir, contando en la política chilena, debe resolver su tema de identidad porque de ella depende su sentido como partido y la capacidad para proponer un futuro al país. Personalmente sueño con un PPD transformado en lo que hoy es el Partido Democrático Italiano, es decir un partido plural en su seno donde convivan las corrientes socialdemócratas, socialcristianas, liberal democrática, ambientalistas , feministas y de los derechos civiles como realidades presentes en todas sus instancias. En ello yo haría una inversión de largo plazo porque así se configurará la política solo en algunos años más y el PPD debe adelantarse a ello.

Un PPD que se coloque a la cabeza de las transformaciones tecnológicas que como la revolución de la inteligencia artificial volverán a cambiar no solo el modelo capitalista global sino también la estructura laboral y la subjetividad de las personas. Debe ser vanguardia en las políticas migratorias, en la lucha por un estado plurinacional que reconozca plenamente los derechos políticos de los pueblos originarios y en particular del pueblo mapuche.

Debe conducir los procesos que den mayor valor agregado a la minería metálica y no metálica y crear una empresa nacional del litio que no exporte solo sal sino productos finales tecnológicos que cubran la enrome demanda del mercado mundial y la industria automotriz eléctrica que solo en China producirá 5 millones de automóviles.

Debe encabezar el debate sobre a democracia del siglo XXI porque tienen razón quienes sostienen que la democracia representativa nacida en el siglo XVIII se agota y porque hoy con la revolución digital existen todas las posibilidades para crear nuevas formas de horizontalidad de los procesos democráticos que involucren a los ciudadanos en las decisiones.

Debe ser líder en la creación de una nueva ética pública que re prestigie a las instituciones y en nuevas prácticas democráticas y transparentes en la política.

Un PPD que supere esquematismos ideológicos trasnochados y reconozca el rol del mercado del al crecimiento en la economía y oriente estos procesos a formas sostenibles ambientalmente y laboralmente con principios de regulación del Estado que den garantías a todos los actores

Si no se cambia en el mundo en que solo el cambio es una certeza, no se representa a nadie, no se es escuchado, no se es reconocido porque se es incapaz de conectarse con la sociedad y sus anhelos tal como estos son.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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