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Sensación de justicia

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Por: Claudio Pimentel Pérez


Señor Director:

Muchas son las promesas realizadas en orden a mejorar y robustecer el sistema procesal penal. Entregar más atribuciones al Ministerio Público, dotar de mayor autonomía a las Policías y establecer procesos más estrictos en la persecución penal de ciertos delitos, son solo algunos de los hechos que se han realizado durante los últimos diez años en aras de inspirar una mejor sensación de justicia.

Sin embargo, todos los esfuerzos legislativos y ejecutivos quedan anulados frente a un aparato estatal central y comunal desinteresados en emplear su capital humano e ingresos obtenidos por medio de impuestos, en dar cumplimiento al propósito básico y esencial de cualquier organización intermedia: entregar paz y justicia a la ciudadanía.

¿Es justo, acaso, que sea el mismo Estado quien exija a sus contribuyentes mantener resguardado sus registros tributarios por un periodo no menor a cuatro años, so pena de ser perseguido por la comisión de un delito tributario en caso contrario, por un lado; y por otro, señalar de forma arbitraria que cualquier tipo de información que se encuentre en una base de datos central o municipal, vitales para el esclarecimiento de un hecho que reviste el carácter de delito, se mantenga en sistema por un brevísimo periodo de sesenta días, sin motivación para entregar la información en un tiempo breve, y sobre todo, sin sanción en caso de ser eliminado antes de dicho plazo? A todas luces, no.

La justicia no solo proviene del brazo de los jueces que se debaten día a día sobre las evidencias que los imputados y las victimas exhiben en estrado por medio de sus representantes, emana también del aparato estatal, no obstante, esto parece languidecer cuándo en un mismo proceso intervienen un sin fin de funcionarios que sin el esmero de realizar su función con el celo que su cargo le inviste, acaban por cometer desaciertos, que por supuesto conllevan responsabilidad. Saldo pendiente, que termina por disolverse entre las manos de cada uno de ellos, haciendo palidecer al fin del día, la sensación de justicia.

Claudio Pimentel Pérez
Abogado

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