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Envejecer en Chile

por Verónica Vervaeck 26 junio, 2018

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Si el desarrollo y bienestar de Chile se midiera por la calidad de vida de sus adultos mayores tendríamos que esperar un par de siglos, más o menos, para ingresar al club del mundo desarrollado. La vejez, 60, 70, 80, y 90 años, son como una foto de nuestras vidas sin ninguna posibilidad de Photoshop. El envejecimiento es el resultado de la forma en que hemos vivido.  La vejez es honesta, se muestra tal cual es, con poca tolerancia al maquillaje que se escurre por surcos indeseados en la piel.  Es posible inyectarse botox o algún  producto de última generación para rejuvenecer la piel. Sin embargo nuestro hígado, nuestras articulaciones y todos nuestros órganos acusan la edad cronológica y lo hacen sentir. La cirugía plástica y los tratamientos nos convierten en algo similar a un pan añejo envuelto en papel de regalo.

En Chile, parte importante de la población infantil empieza mal y se mueve por territorios con condiciones mínimas para el desarrollo integral de un ser humano. Se empieza a crecer con dificultades y desventajas de todo orden y así, cada día se va envejeciendo.  ¿Por qué, entonces, esperar que los años después de los sesenta sean diferentes?  En Chile se envejece de la misma forma en que se vive: en la desigualdad. Con el agravante que las limitaciones de la edad avanzada ponen de manifiesto todas las vulnerabilidades que habían permanecido, más o menos,  invisibles durante la edad activa. Es la hora cuando ser mujer pasa la cuenta final. También, es la hora cuando los mayores pueden darse cuenta de sus logros en la vida o la falta de ellos. Esta comprensión influirá de forma importante en los años de vejez, y con razón.

Por eso, enfermedades crónicas y mentales,  falta de movilidad y de autonomía están entre las etiquetas asociadas al envejecimiento y a la vejez. El enfoque médico al hablar de vejez es predominante.  Se empieza a hablar de prevención muy tarde, si es que se llega a hacer del todo.  Los intereses de las grandes corporaciones de la industria de salud expresados a través de miembros de grupos de presión, (lobbyists),  logran frenar  iniciativas en los diferentes gobiernos y sus políticas públicas de salud.  El envejecimiento de la población es un gran negocio para todos los actores que ofrecen productos y servicios para los adultos mayores con algún tipo de enfermedad crónica o trastorno cognitivo.  En todo caso, la  demencia no es una consecuencia normal del envejecimiento ni tampoco propia de la vejez

Aunque los científicos se ocupan de investigar las causas del envejecimiento, la mayor parte del tiempo usando ratones - para mejorar la calidad de vida nos dicen -  y en ningún momento para convertirnos en inmortales, no se aplican en usar conocimientos que  vayan en una dirección diferente a la que les interesa a ellos o a quienes financian sus investigaciones y papers.  La conexión del azúcar con la enfermedad de alzheimer o la programación metabólica desde la gestación, por ejemplo,  son conocidas.  Y así y todo, se trabaja en diseñar nuevas drogas y tratamientos, todo de alto costo, sin promover estilos de vida saludables a fin de prevenir trastornos de salud como la hipertensión y la diabetes, el consumo de tabaco y la obesidad, que los mismos científicos indican pueden conducir a las demencias.

En ocasión del Día de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, el 15 de Junio, aparecieron algunas columnas sobre el tema.  Una de ellas pide “Trato digno para personas mayores” lo que me parece justo y muy necesario.  Sin embargo, me doy cuenta de la falta de sustento para esta petición. Se está pidiendo un trato digno hacia sus mayores  a una sociedad que acepta el aire sucio, la falta de agua,  largos viajes en un transporte público deficiente, altas tasas de interés y cobros abusivos de los bancos y multitiendas. Una sociedad cansada, agotada por esa garra avariciosa que avanza imparable por todos los ámbitos del quehacer cotidiano, sin decoro, ensañándose en productos de primera necesidad como medicamentos,  papel higiénico y pañales para niños y adultos.   Una sociedad que escucha de abusos a los niños del Sename, de brutalidad policial con estudiantes y con el pueblo mapuche.  y que ve, casi anestesiada las cifras con tantos números, correspondientes a las ganancias de las AFP y de las Isapres, que a muchos todavía les cuestan leer.   En otras palabras, se  pide y espera dignidad de personas  que han sido despojadas de la misma.

Peticiones de dignidad, de políticas públicas que consideren los derechos de los mayores incluyendo defensores especiales forman parte de los llamados al gobierno y a la sociedad.  También desde el enfoque económico se considera el impacto del envejecimiento de la población y como gran solución se propone la prolongación de los años de trabajo.

Aunque es encomiable la preocupación por los adultos mayores y su bienestar, quisiera recordar, a quienes están lejos de la barrera de los 60, que cada día están construyendo las condiciones de su edad mayor.  Al mismo tiempo, sin sueldos decentes es imposible tener pensiones acordes a las necesidades de una persona mayor.  La tarea entonces,  me parece, es prevenir, mantener un estilo de vida saludable y demandar sueldos acordes a las necesidades de este siglo  para así, llegar a la vejez en toda dignidad.

Y finalmente pero no menos importante, es considerar la vida afectiva y social de los mayores como parte de su salud integral.  ¿Quién me quiere?  Es una pregunta que se viene a la mente pensando en los últimos días de la vida.  Por que el cuidado y apoyo que reciba al final de mi vida va a depender de la respuesta a esa pregunta.

Verónica Vervaeck

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