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Frente Amplio: A romper la inercia

por 25 julio, 2018

Frente Amplio: A romper la inercia
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Que el Frente Amplio está en disputa es una frase recurrente entre los partidos y organizaciones que la componen. Sin embargo, esa disputa no ha sido bien caracterizada. Hasta hace muy poco el FA era un bloque político con ánimo de disputa electoral. Hoy debe evolucionar hacia una alianza política solvente no sólo de cara a un calendario electoral, sino como alternativa seria de gobierno.

Como suele ocurrir con las coaliciones de vocación transformadora, no es fácil resolver esas cuestiones con la prensa encima, con miles de adherentes y militantes buscando influir legítimamente en su accionar, y con visiones diversas y variadas que –a la vez– le dan fuerza y son su debilidad.

El FA contiene matices significativos con relación a la cuestión de saber cómo se construye un referente político que rompa la inercia de una (in) cultura política de 28 años, marcada por el consenso infertilizante, los acuerdos cupulares y el desdén por las acciones y los referentes populares.

Esa línea de fractura no la creó ni la instaló el FA: fue cocinada a fuego lento por los partidos de la transición que, deliberadamente, profundizaron el modelo económico de los chicago boys e hicieron suya la herencia anti-democrática de la dictadura. Ningún intento serio de ponerle fin al autoritarismo vio la luz, lo que se tradujo en que la política se hizo por arriba, sin la ciudadanía, y más bien contra ella.

Aún no tenemos educación pública, laica y gratuita, aún no hemos derrotado a las AFP, la gente aún muere en listas de espera, aún hay campamentos y viviendas insalubres sin agua potable a pocos kilómetros de La Moneda. Impúdicamente se tolera, se invisibiliza y lo que es peor, se normaliza el horror de la miseria.

Impugnar y transformar significativamente esta administración conjunta de largos 28 años requiere una fuerza política que se sustente y sea empujada por el actor principal del cambio social: el pueblo, la ciudadanía, los territorios, los movimientos sociales. Para lograrlo, el FA debe actuar por convicción y no por cálculo. En otras palabras, hacer exactamente lo contrario que ha hecho la casta política de 1990 en adelante.

No obstante, los mismos sectores populares que han puesto en evidencia la necesidad de modificaciones profundas en estos y otros ámbitos, cambiaron la concepción de lo que significa construir una nación en donde quepamos todos.

Hoy sería inconcebible que un gobernante, por conservador que sea, pudiese deshacer el magro avance en materia de aborto. Una vuelta atrás chocaría con una fuerza social superior al poder de cualquier clase gobernante. Eso gracias a los movimientos sociales, y muy a pesar de los partidos políticos de la transición.

Impugnar y transformar significativamente esta administración conjunta de largos 28 años requiere una fuerza política que se sustente y sea empujada por el actor principal del cambio social: el pueblo, la ciudadanía, los territorios, los movimientos sociales.

Para lograrlo, el FA debe actuar por convicción y no por cálculo. En otras palabras, hacer exactamente lo contrario que ha hecho la casta política de 1990 en adelante.

Esto es romper la inercia, es difícil de explicar, tiene costos, es incómodo. Sin embargo, si practicamos la misma política que los políticos de la transición, obtendremos los mismos resultados. El FA no nació para eso.

La ciudadanía está preparada para recuperar sus derechos secuestrados. Para iniciar la reconstrucción de la República que Chile. Para impulsar un ciclo de reformas que rescaten del mercado las áreas básicas y vitales que requiere toda la población: Educación, Salud, Previsión, Transportes, Vivienda…

Para ello es imprescindible cambiar no sólo de políticos, sino también el modo de hacer la política, pasar de en la medida de lo posible a empujar los límites de lo posible.

Porque, como dice un proverbio francés: Los gatos no paren perros.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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