domingo, 17 de noviembre de 2019 Actualizado a las 13:35

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Degradación acelerada de Barrio Lastarria

Degradación acelerada de Barrio Lastarria
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En referencia a la renovación de patentes de alcoholes en el barrio Lastarria-Parque Forestal-Bellas Artes de Santiago, quisiéramos transmitir nuestra inquietud por el acelerado proceso de degradación urbana que está sufriendo, -precisamente por esa generosidad en la concesión y renovación de patentes para bares y restaurantes, más la pasividad de las autoridades, entre otros factores-, este sector que fuera declarado Zona Típica por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile.

Representamos a organizaciones ciudadanas, integradas por personas que residen en el barrio, y queremos transmitir a las autoridades y a quienes son nuestros conciudadanos y conciudadanas  que es especialmente grave la degradación en todos los sentidos de la emblemática calle José Victorino Lastarria: ruido incesante hasta cualquier hora de la madrugada, ocupación salvaje de las veredas por parte de los locales de comidas y bebidas alcohólicas, de los vendedores ambulantes y músicos callejeros provistos de amplificación, inseguridad nocturna. Los residentes nos sentimos hostilizados. Creemos que la Municipalidad tiene el deber de proteger a los peatones, a los vecinos, a los niños, a las personas de la tercera edad, a la gente del barrio, regulando adecuadamente y haciendo respetar las reglas. Es sabido que el turismo externo o interno puede ser un factor de desarrollo de un barrio o también la causa de su degradación y destrucción. Muchas ciudades europeas luchan hoy por dejar atrás la idea del turismo y la diversión como algo frente a lo cual hay que sacrificar obligatoriamente todos los demás aspectos de la vida urbana, que hacen rica y humana a una ciudad. Queremos que Santiago sea prudente y cuidadoso con su riqueza urbana patrimonial.

No nos sirve a los vecinos, tampoco a la ciudad, ni al país, un barrio monocultivo al servicio del negocio salvaje. No queremos que Lastarria se transforme, como está sucediendo, en un patio de comidas en medio de un caótico mercado persa. Creemos que la ciudad necesita, por el contrario, que florezca la vida urbana para la gente de todas las edades y todas las actividades, también la diversión y el entretenimiento, la cultura, el pasear, siempre con respeto. Se hace imperioso para ello, como se hace en muchas otras ciudades del mundo, dosificar las patentes y restringir los permisos. Los negocios de bares y restaurantes tienen el privilegio de estar situados en un barrio histórico único en Chile, cargado de historia y de identidad, y por eso mismo no pueden hacer un uso depredador del mismo. El barrio necesita a sus restaurantes y bares, a los hoteles, pero también necesita a sus niños, a la gente de la tercera edad, a los residentes, a los profesionales que cumplen en él su jornada de trabajo, a los turistas santiaguinos, chilenos y de otros países, a la gente de la cultura, a los que van a misa: a todos.

En la calle Lastarria la actual ocupación de las veredas por parte de los restaurantes y bares, así como de comerciantes ambulantes, es exagerada, invasiva. Nos parece que las veredas pueden ocuparse con prudencia en calles habilitadas para ello, donde haya un ancho de dimensiones suficientes como para acoger algunas terrazas sin obstaculizar el tráfico peatonal.

Los locales de hotelería, comida y esparcimiento generan con su actividad numerosas externalidades de ruido, emanación de olores, desechos gastronómicos, congestión, gentrificación, que significa espantar a los locales básicos como almacenes, remendones, etc. Pero estas externalidades no las asumen las empresas, tampoco los turistas o visitantes santiaguinos, sino siempre el vecindario, la señora jubilada que vive en la calle desde siempre, los jóvenes creadores, los niños.

La calle es el emblema de la vida pública de una ciudad, el espacio de tránsito y circulación, nadie tiene la facultad, tampoco la autoridad municipal, a privatizarla o dejarla blandamente en manos de agentes que, teniendo todo el derecho a hacer sus negocios, no lo tienen respecto a usar como insumo y de cualquier manera el espacio público, que es de todos y todas, no de unos pocos. Es preciso ordenar adecuadamente el sistema de vendedores ocasionales, atendiendo a que se trata de un barrio con características especiales.

Santiago tiene en la actualidad 46 zonas típicas. Quisiéramos que la nuestra fuese un ejemplo de conservación armoniosa y vital, no un ejemplo de uso depredador por parte de agentes económicos que por lo demás en su mayoría solo atienden al negocio, y no viven ni trabajan en la zona. Quisiéramos que la Municipalidad entregue señales en el sentido de que las autoridades quieren defender (y no degradar) el patrimonio nacional que administra.

Dado lo señalado anteriormente, solicitamos se atienda a lo siguiente:
1. Paralización de todo permiso o patente de alcoholes
2. Restricción de las existentes en un porcentaje de un 10 % anual, hasta alcanzar un nivel adecuado a una ciudad multiuso, según normas que se aplican ya en otras ciudades.
3. Exigencia de un mínimo de ancho de vereda para la instalación de terrazas de bares.
4. Aplicación estricta de las ordenanzas actuales sobre música callejera, terrazas, cierres, ruidos, etc., que sencillamente no se cumplen ni se hacen cumplir por parte de la autoridad.

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