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El efecto Pandora

por 10 octubre, 2021

El efecto Pandora
El “efecto Pandora” desatado en el siglo siglo XXI no tiene que ver con el esparcimiento de calamidades por la faz de la tierra a través de un acto de apertura originaria (los “males” ya se encuentran plenamente diseminados) sino más bien con el “develamiento” de las formas operativas que cruzan los distintos conflictos de intereses y las “repercusiones imprevistas”, que estas revelaciones pueden generar, especialmente en el campo de la política. También podemos detenernos en el presente más inmediato y preguntarnos si la corrupción son hechos aislados cuando en una misma semana dos generales de las fuerzas de orden y seguridad son puestos en prisión preventiva formalizados por malversación de gastos reservados y falsificación de instrumentos públicos, mientras el propio Presidente de la República es investigado por antecedentes que podrían revestir delito de cohecho, soborno y delitos tributarios. Las repercusiones de los Pandora Papers en Chile aún están por verse. Y esta vez el “efecto Pandora” puede dar incluso el “tiro de gracia” a la presidencia de Sebastián Piñera, sin considerar las repercusiones que seguramente tendrá sobre la carrera presidencial y la dinámica de fuerzas al interior de Congreso.
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La alusión a la “caja de Pandora” es una de las más populares e incombustibles dentro del cuadro de la mitología griega. El mito narra la historia de la primera mujer en la tierra, Pandora, creada por los dioses para castigar a la humanidad como represalia ante el robo del fuego realizado por Prometeo. La curiosidad de Pandora le llevó a abrir el recipiente que contenía todos los males, de ahí en más, esparcidos por el mundo.

Por supuesto, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que realizó la filtración más grande de documentos financieros de la historia tenía muy presente este mito al momento de nombrar las nuevas revelaciones como los Pandora Papers.

Sin embargo, sabemos que mil años de historia no pasan en vano y las calamidades que asolan el mundo contemporáneo difícilmente puede explicarse por un acto de apertura originaria, sino que muy por el contrario sus “males” están inscritos en las características que asume la reproducción del capitalismo global, capaz de conectar e integrar en su red global a las más diversas particularidades del mundo como nunca antes en la historia de la humanidad.

Las crisis que conectan lo global con lo local se han vuelto cada vez más recurrentes e imponentes. La expansión de la pandemia del Covid-19, la intensificación de nuevas oleadas migratorias, los desastres medioambientales, la corrupción financiera globalizada, son sus ejemplos casi cotidianos. No porque los medios dejen de poner su foco en este tipo de fenómenos estos dejan de existir.

Evidentemente, el “efecto Pandora” desatado en el siglo siglo XXI no tiene que ver con el esparcimiento de calamidades por la faz de la tierra a través de un acto de apertura originaria (los “males” ya se encuentran plenamente diseminados) sino más bien con dos fenómenos claramente interconectados. El primero, es el “develamiento” o “destape” de las formas operativas que cruzan los distintos conflictos de interés, presumibles, pero invisibles para la ciudadanía. El segundo, las “repercusiones imprevistas” que estas revelaciones pueden generar, especialmente en el campo de la política, cuando no, la guerra.

Es importante recordar que la apuesta basada en la filtración y publicación de bases de datos en la web en coordinación con medios periodísticos de alcance global tiene su momento germinal con las filtraciones realizadas por WikiLeaks, fundada el 2006 por el activista australiano actualmente perseguido por Estados Unidos, Julian Assange. Respecto a este caso, tampoco dejaremos en la penumbra las últimas filtraciones que revelan que la CIA y las más altas autoridades de la administración de Donald Trump, entre ellas el propio director de ese entonces, Mike Pompeo, evaluaron las opciones de secuestrar o asesinar a Assange en represalia por la más grande divulgación de archivos de la CIA el 2017 realizada por la plataforma ícono de la filtración de archivos.

WikiLeaks alcanzó notoriedad mundial cuando en abril del 2010 filtró una grabación del ataque aéreo estadounidense que asesinó a 12 civiles inocentes en Bagdad en julio del 2007. Las imágenes y comunicaciones del operativo era lo más parecido a un videojuego de guerra, solo que esta vez los asesinados no eran los protagonistas virtuales, sino personas de carne y hueso.

Guardando las distancias y proporciones, no son pocos los paralelos que se podrían encontrar entre esta filtración y la que se dio a nivel local con la divulgación de los registros del operativo en que agentes de fuerzas especiales de Carabineros de Chile asesinaron al comunero mapuche Camilo Catrillanca en noviembre del 2018. En este caso, el develamiento a los 5 días de transcurridos los hechos puso en evidencia de manera inmediata las primeras declaraciones de Carabineros y políticos de la derecha que hablaban de un enfrentamiento, permitiendo un cauce jurídico escasamente probable sin la filtración.

Más allá de estos registros, el “efecto Pandora” surgido el domingo pasado a través de la filtración de los Pandora Papers mostró las lógicas reproductivas de la elite mundial en el ámbito financiero y lo útil que resulta ser el mecanismo de los paraísos fiscales y negocios offshore para evadir impuestos y acumular riquezas, nada muy distinto a lo que ya había mostrado la filtración de los Panama Papers el 2016. Las operaciones han sido develadas y ya comenzamos a observar repercusiones inesperadas en una pluralidad de personajes y contextos.

En aquella oportunidad, el filósofo esloveno Slavoj Žižek entregó dos lecturas fundamentales que es bueno traer a colación tras la divulgación de los Pandora Papers. Primero, “la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico”. Segundo, “El sistema legal del capitalismo global es en su dimensión fundamental la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (que transacciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, de lucha por el poder”.

Si la lectura de Žižek tiene algún asidero, algunas pruebas tendrá que otorgar Chile en cuanto reconocido campo de “experimentación neoliberal” dentro del cuadro capitalista global configurado en las últimas décadas.

Mirado en retrospectiva, lo cierto es que en Chile el “efecto Pandora” ha provocado múltiples develamientos y resonancias durante el transcurso de la última década. El develamiento del incestuoso maridaje entre el dinero y la política ya había dado muestras fehacientes de su sincretismo total durante todo el transcurso de la década, sobre todo tras el develamiento de los casos Penta, Caval y SQM entre los años 2015 y 2016. Los casos han sido tan diversos y morbosos que incluso han provocado un efecto de saturación en la ciudadanía, eje clave para explicar la erosión de la legitimidad de las instituciones y la emergencia del propio Estallido.

También podemos detenernos en el presente más inmediato y preguntarnos si puede seguir sosteniéndose que la corrupción es tan solo una desviación contingente del sistema, un “hecho aislado”, cuando en una misma semana dos generales de las fuerzas de orden y seguridad son puestos en prisión preventiva formalizados por malversación de gastos reservados y falsificación de instrumentos públicos, mientras el propio presidente de la República es investigado por antecedentes que podrían revestir delito de cohecho, soborno y delitos tributarios.

Las repercusiones de los Pandora Papers en Chile aún están por verse. Y esta vez el “efecto Pandora” puede dar incluso el “tiro de gracia” a la presidencia de Sebastián Piñera, sin considerar las repercusiones que seguramente tendrá sobre la carrera presidencial y la dinámica de fuerzas al interior de Congreso.

El segundo aniversario del 18 de Octubre se viene más que recargado.

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