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Kast & Kaiser a contracara

por 29 noviembre, 2021

Kast & Kaiser a contracara
José Antonio Kast ha dicho que su programa no está escrito en piedra, sin embargo, las convicciones morales y éticas, esas que el candidato ha sostenido con tanta fuerza por décadas –como oponerse al divorcio o a despenalizar el aborto–, difícilmente se transan. Los militantes del Partido Republicano tienen una visión conservadora de Chile y no van a cambiar en estas tres semanas que quedan. Johannes Kaiser, aunque pida –pragmáticamente– disculpas por sus palabras aberrantes, seguirá siendo fiel a sí mismo. Y aunque haya renunciado a su militancia, el efecto que podría tener sobre la campaña de Kast puede ser más grave de lo que el mismo abanderado pudo imaginar. Porque, claro, todos tenemos un fantasma Rojas Vade dando vuelta y una contracara, de la que difícilmente podemos huir.  
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Ha pasado poco más de una semana desde la elección del 21 de noviembre, y el panorama político parece estar cambiando de manera rápida y desenfrenada. Pero poco espacio para la reflexión y autocrítica y, menos, capacidad de interpretar qué ocurrió para que en tan poco tiempo el escenario y el tablero político cambiaran tan radicalmente. Sin ir más lejos, varios candidatos de derecha que postularon a la Convención y Gobernaciones lograron revertir sus votaciones, como la Dra. Cordero, Rojo Edwards, De la Carrera, María José Gatica, Chiara Berchiesi, entre otros.

Y las vueltas de carnero han sido sorprendentes, además de apoyos cruzados inesperados, y campañas que comienzan a robustecerse con “personajes” de los grupos derrotados el domingo anterior. Dos campañas que giran hacia el mismo lado –un centro difuso, inorgánico y sin dueño– y dos candidatos que comienzan a abandonar algunas de sus posiciones previas –defendidas a muerte durante la primera vuelta– sin ninguna vergüenza. Boric ya no espera la amnistía de todos los presos. Kast ya no eliminaría el Ministerio de la Mujer, pese a mantener la reducción del Estado –traducido en el despido de 30 mil funcionarios públicos–. Boric dando un batatazo al incluir a la bien posicionada Izkia Siches. Kast haciendo lo propio con Paula Daza.

Por supuesto que esta es una elección totalmente distinta. Ambos sabían que tendrían que buscar acuerdos y bajar el tono usado con quienes hoy esperan tener de aliados. Pero la disputa es, además, entre los dos candidatos que, un par de meses atrás, no tenían ninguna chance de estar donde hoy están. Dos proyectos políticos y de sociedad completamente opuestos. Dos alternativas que demuestran los cambios y la crisis política chilena al mismo tiempo. En solo unos días, el oficialismo ha vuelto a resucitar de la mano de Kast –quién lo iba a decir, aquel que se declaró opositor y criticó sin piedad a Piñera–, aportando con el mejor rostro que tenían, por lejos. En la derecha, la UDI, RN y el PRI sumándose de inmediato a apoyar al líder del Partido Republicano, sin exigencias. Evópoli, respaldando de mala gana, sabiendo que su decisión tendría consecuencias catastróficas para su futuro.  Porque la verdad es que el apoyo entregado por Kast a Kast no hizo más que comprobar que la derecha liberal murió en Chile. 

En la vereda de enfrente, Boric recibió un respaldo inesperado de Ricardo Lagos. Un gesto que el abanderado de Apruebo Dignidad agradeció con entusiasmo, pero que de seguro lo hizo reflexionar. ¿Cuántas veces se refirió de manera despectiva y hasta cruel al ex Mandatario? Lo mismo para los apoyos de Viera-Gallo, Montes y otros de la “vieja guardia”, esa a la que el Frente Amplio descalificó, muchas veces, por “traicionera”, “amarilla” y otros calificativos. Sin embargo, con el Partido Comunista las cosas han estado más enredadas, primero por la torpeza de Jadue al descalificar a los electores del PDG de Parisi y, luego, por las declaraciones de Teillier, quien señaló que no había tiempo de cambiar el programa. Algo que no es cierto, porque los candidatos están obligados a presentar un nuevo programa –hasta el 5 de diciembre–, de manera que los chilenos votemos bien informados respecto de las ofertas de uno y otro.

Tanto Boric como Kast han buscado incorporar “rostros” que les ayuden a capturar bolsones de votos. Principalmente, han enviado señales económicas para tranquilizar al mercado –captando a los mismos profesionales que vemos desfilar en los medios, seminarios y eventos de todo tipo a diario, como Andrea Repetto y Roberto Zahler por Boric, y Tomás Flores y Sebastián Claro por Kast. Pero ¿qué diferencia a un Zahler de un Claro? Poco. Lo cierto es que los dos bloques perdedores –las viejas coaliciones de la Concertación y Chile Vamos– han vuelto a instalar a “su gente”, pese a todas las descalificaciones sufridas. Una rica venganza, por lo demás, como la que tiene que haber sentido Lagos la semana pasada. 

Parisi, por el momento, se hace querer, lanzando dardos por parejo contra los dos candidatos. Con un aire de pastor evangélico –y desde su refugio en Estados Unidos– habla de su gente como si pudiera determinar el voto de casi un millón de personas. 

Sin embargo, pese a los cambios en materia de seguridad pública de Boric o el reconocimiento tardío de Kast de que el calentamiento global es una realidad –en su programa decía que era un invento–, la verdad es que, en el ámbito moral-ético, los dos abanderados no han hablado mucho. Sin duda, en ese terreno, los flancos son mucho mayores para Kast. El candidato del Partido Republicano hizo una campaña muy fiel a sus convicciones conservadoras, lo mismo que las candidaturas de su partido –14, más un independientev. Visiones alejadas de los cambios profundos experimentados por la sociedad chilena en los últimos 20 años. Percepciones retrógradas del rol de la mujer y contrarias a la diversidad. 

Las definiciones éticas y la visión de la sociedad son fundamentales y relevantes para mucha gente a la hora de votar, incluyendo a quienes se han cambiado de bando o dado una “vuelta de carnero” en lo político. Cuesta pensar a un Desbordes apoyando un programa que revierte la Ley de Divorcio o la de aborto en tres causales, así como a un Carolina Goic dando su respaldo al aborto libre. Aunque el objetivo es ganar votos, Kast y Boric deben ser totalmente transparentes en el terreno ético-valórico. 

Sin duda, el episodio de Johannes Kaiser fue una señal de alerta para el mundo de la derecha liberal que ya había cerrado filas con Kast. Pero principalmente dejó al descubierto el lado más complejo y el flanco más delicado que tiene el abanderado de la derecha con miras al 19 de diciembre. Porque las palabras del diputado electo por el Distrito 10, con el 5,83% de los votos, en que cuestionó el derecho a voto de las mujeres, constituyen una frase “inocente” comparada con otras opiniones francamente aberrantes que este youtuber ha expresado por años –como esa joya en que señaló que quienes violaban a las feas merecían una medalla o que no tiene pareja porque las mujeres ya no cumplen con el rol de “servir” a los hombres–. Por más que J. A. Kast señalara que no las compartía, que Kaiser renunciara al partido o que Rojo Edwards calificara de “error de principiante” la estupidez de Kaiser, todas las opiniones de este diputado forman parte del relato de la gente de esa colectividad y han sido conocidas por su partido desde hace años. Lo novedoso es que se hicieran virales y se desplegaran masivamente. 

José Antonio Kast ha dicho que su programa no está escrito en piedra, sin embargo, las convicciones morales y éticas, esas que el candidato ha sostenido con tanta fuerza por décadas –como oponerse al divorcio o a despenalizar el aborto–, difícilmente se transan. Los militantes del Partido Republicano tienen una visión conservadora de Chile y no van a cambiar en estas tres semanas que quedan. Kaiser, aunque pida –pragmáticamente– disculpas por sus palabras aberrantes, seguirá siendo fiel a sí mismo. Y aunque haya renunciado a su militancia, el efecto que podría tener sobre la campaña de Kast puede ser más grave de lo que el mismo abanderado pudo imaginar. Porque, claro, todos tenemos un fantasma Rojas Vade dando vuelta y una contracara, de la que difícilmente podemos huir.  

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