Aprender a vivir juntos
Señor Director:
Los hechos de agresión y tortura contra un trabajador neurodivergente en Osorno, recientemente difundidos, resultan estremecedores. No se trata únicamente de un acto de violencia de un grupo específico, sino de un síntoma de una dificultad extendida de convivir con la diferencia y de reconocer la dignidad de toda persona que forma parte de nuestra sociedad.
Este lamentable escenario nos da la posibilidad de recordar una función esencial de la educación escolar: ser un ámbito donde aprendamos a convivir, a respetar y a valorar tanto lo común como las diferencias. La vida cotidiana en aulas y patios ofrece un espacio privilegiado para ejercitar la empatía y el respeto mutuo en un marco pedagógico que prepare a niños, niñas y jóvenes para vivir en una sociedad plural.
Por ello, la inclusión no puede entenderse como un complemento, sino como la base misma de la educación. Acoger la diversidad social, cultural y neurocognitiva es abrir la posibilidad de relaciones fundadas en legitimidad de la alteridad. Así se crean las condiciones para que hechos como los de Osorno no encuentren cabida en el futuro y para que todas las personas, incluidas las que somos parte del espectro autista, podamos vivir con dignidad y sin miedo.
Alejandro Wasiliew Conget
Profesor y candidato a Magíster en Psicología Educacional UC