Uso de celulares en colegios: más que una regulación tecnológica
Señor Director:
El debate sobre el uso de celulares en los colegios ha abierto una discusión mucho más profunda que la simple regulación tecnológica. Lo que hoy observamos en muchas salas de clases es una creciente crisis de vínculos, atención y convivencia que está afectando directamente a niños, adolescentes y comunidades educativas completas.
La hiperconectividad, la sobreexposición a pantallas y la dificultad para sostener relaciones humanas significativas impactan no solo la concentración de los estudiantes, sino también su capacidad de relacionarse, resolver conflictos y desarrollar autocontrol. Muchas de las conductas que hoy preocupan en los establecimientos —violencia, impulsividad, intolerancia o desmotivación— son síntomas de una realidad más profunda: la fragilidad en la formación del carácter.
Por eso, reducir esta conversación únicamente a prohibir o permitir celulares resulta insuficiente. El verdadero desafío es cómo reconstruimos espacios educativos más humanos, donde los estudiantes puedan desarrollar virtudes como el respeto, la responsabilidad, la empatía, la fortaleza y la templanza.
La educación necesita volver a poner en el centro la formación del carácter. Los niños no solo requieren aprendizajes académicos; necesitan ambientes escolares seguros, respetuosos y coherentes, donde puedan desplegar lo mejor de sí mismos y construir una identidad sólida.
La autoridad positiva, el sentido de pertenencia, el ejemplo de los adultos y el vínculo entre familia y escuela son fundamentales para formar personas capaces de convivir, dialogar y enfrentar la frustración. La convivencia escolar no se recuperará únicamente con protocolos o sanciones. Requiere comunidad, acompañamiento y una mirada educativa con sentido humano.
Andrés Benítez
Subdirector de Formación y Convivencia
Fundación Nocedal