Nuestro océano: del compromiso global al desarrollo local sostenible
Señor director:
La Conferencia Our Ocean, que hoy culmina en Kenia, volvió a poner el foco en la urgencia de combatir la pesca ilegal, no reportada y no regulada. La firma de Chile, junto a otros países, de un acuerdo en esta materia reafirma su compromiso internacional, pero también visibiliza algo clave: el aporte concreto que el país está haciendo desde su propio territorio para avanzar hacia una gestión más transparente y sostenible del océano.
Para una nación oceánica como Chile, este desafío no es abstracto. Es parte de su identidad, de su economía y del bienestar de cientos de comunidades costeras. En los últimos años, el país ha dado pasos relevantes, como su adhesión a estándares internacionales de transparencia pesquera o el impulso de herramientas que fortalecen la trazabilidad y la fiscalización, incluyendo el monitoreo electrónico en embarcaciones en el marco de la Ley de Descarte.
A esto se suma a otros avances construidos desde la colaboración. Un ejemplo emblemático es el desarrollo de recomendaciones para la pesca recreativa marina, fruto de más de seis años de trabajo entre agencias públicas, organizaciones de la sociedad civil y pescadores. Este proceso permitió llenar un vacío histórico en la gestión de una actividad clave tanto para la biodiversidad como para economías locales, demostrando que es posible generar acuerdos amplios y legítimos.
Este enfoque colaborativo también se expresa en el rol muy relevante de las comunidades costeras que, en base a sus conocimientos y saberes, están impulsando soluciones como refugios marinos en áreas de manejo. Estas iniciativas no solo protegen la biodiversidad, sino que también fortalecen modelos de desarrollo local que integran conservación y desarrollo económico sostenible.
En este camino, organizaciones como The Nature Conservancy y tantas otras, han contribuido a articular esfuerzos, integrando conocimiento local, evidencia científica y acción institucional.
El desafío hoy es profundizar estos avances hacia una conservación efectiva. No basta con cumplir metas globales como protección del 30% del maritorio, que Chile cumple con creces; es necesario asegurar que esas áreas protegidas funcionen, que las reglas se respeten y que las actividades productivas evolucionen hacia prácticas sostenibles. Esto implica fortalecer las gobernanzas locales, mejorar la gestión de pareas protegidas y especies clave del ecosistema marino-costero y seguir promoviendo una cultura de corresponsabilidad.
La participación de Chile en Our Ocean y su liderazgo en conservación marina son una base sólida, pero el contexto actual exige reforzar el compromiso país con el desarrollo sostenible y la conservación marina para resguardar el bienestar de las comunidades costeras y la salud de los ecosistemas de los que depende nuestro futuro.
Natalio Godoy,
Director de Estrategia de Océanos en The Nature Conservancy (TNC) Chile