Obesidad y equidad en salud
Señor Director:
Seguir hablando de obesidad como si fuera solo una falla de autocontrol de las personas es una manera cómoda de ignorar la desigualdad en Chile. La Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 estimó que 31,2% de la población de 15 años y más vive con obesidad y 3,2% con obesidad mórbida, con una carga mayor en personas de menor escolaridad, que son los más vulnerables.
Un estudio publicado en Lancet este año, estimó que en 2021 el exceso de peso fue responsable de 3,71 millones de muertes en el mundo y proyecta que en 2050 habrá 3.800 millones de adultos con sobrepeso y obesidad. En niños, adolescentes y jóvenes se proyectan 360 millones viviendo con obesidad. No es una amenaza abstracta, sino una carga creciente de obesidad y enfermedades crónicas como diabetes, cardiovasculares, cáncer, degenerativas y de salud mental.
Por eso resulta preocupante que el ajuste fiscal termine presionando precisamente los programas que promueven la salud y amortiguan la desigualdad sanitaria. Reportes de prensa han advertido que en salud se plantea descontinuar programas de atención primaria en prevención, salud mental y Elige Vida Sana. Desmantelar prevención en la atención primaria significa aumentar la carga de enfermedad en los más pobres.
No parece adecuado invocar responsabilidad personal, mientras se debilitan las condiciones que permiten ejercerla. La obesidad exige hábitos saludables en las personas, pero también políticas públicas de prevención en el hogar, escuela, barrio y entorno. Las autoridades deben promover una alimentación saludable, dejar de normalizar entornos obesogénicos y cada persona debe asumir la parte que le corresponde.
Cuando se recorta en salud, no se promueve austeridad, sino que se posterga la calidad de vida y se consolida la inequidad.
César Hoffmann
MSc (c) Magíster en Nutrición y Alimentación