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La reinserción también es seguridad

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Por: Issaiah Guzman Arancibia  


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Señor Director: 

La discusión sobre la delincuencia juvenil ha vuelto a instalar una pregunta que parece  sencilla: ¿debemos rebajar la edad de responsabilidad penal adolescente? Sin embargo, la  verdadera pregunta debería ser otra: ¿queremos adoptar medidas que realmente disminuyan  la delincuencia o simplemente aquellas que parecen más duras? 

Comprendo la indignación que generan los delitos violentos cometidos por adolescentes. Las  víctimas merecen justicia y el Estado tiene el deber de protegerlas. Pero precisamente porque  hablamos de un problema tan serio, las respuestas deben construirse sobre evidencia y no  sobre impulsos. 

La experiencia internacional ha mostrado que endurecer el sistema penal o reducir la edad de  responsabilidad, por sí solo, no constituye una solución eficaz para disminuir la reincidencia.  En cambio, los sistemas que han logrado mejores resultados han combinado sanciones  proporcionales con programas de intervención y reinserción de alta calidad. 

Resulta contradictorio que hoy el debate político se concentre en rebajar la edad de  responsabilidad penal mientras casi no se habla de fortalecer aquello que ocurre después de  la condena. El propio Estado ha reconocido que existen falencias importantes en el sistema  de responsabilidad penal adolescente. Si sabemos que el modelo presenta deficiencias, ¿por  qué la prioridad parece ser incorporar a más jóvenes a un sistema que aún no logra rehabilitar  eficazmente a quienes ya están en él? 

No basta con encarcelar por encarcelar, si un adolescente sale de un centro de internación  siendo más peligroso que cuando ingresó, el problema no se resolvió, simplemente se  postergó. La verdadera seguridad pública comienza cuando logramos que quien cometió un  delito no vuelva a hacerlo. 

La discusión no puede reducirse únicamente a la edad. Debe incluir la calidad de los  programas de reinserción, el acceso a salud mental, educación, apoyo familiar y seguimiento  posterior. Porque detrás de cada joven infractor no puede haber un número más dentro de un  sistema saturado, sino una intervención seria, individualizada y capaz de romper el ciclo del  delito. 

Ser firmes frente al crimen es indispensable. Pero ser firmes también significa tener la  honestidad de impulsar políticas que funcionen, aunque sean menos populares. En seguridad,  las decisiones deben medirse por los delitos que logran evitar, no por la dureza del discurso  que las acompaña. 

Issaiah Guzman Arancibia  

Defensor de la juventud

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