La reinserción también es seguridad
Señor Director:
La discusión sobre la delincuencia juvenil ha vuelto a instalar una pregunta que parece sencilla: ¿debemos rebajar la edad de responsabilidad penal adolescente? Sin embargo, la verdadera pregunta debería ser otra: ¿queremos adoptar medidas que realmente disminuyan la delincuencia o simplemente aquellas que parecen más duras?
Comprendo la indignación que generan los delitos violentos cometidos por adolescentes. Las víctimas merecen justicia y el Estado tiene el deber de protegerlas. Pero precisamente porque hablamos de un problema tan serio, las respuestas deben construirse sobre evidencia y no sobre impulsos.
La experiencia internacional ha mostrado que endurecer el sistema penal o reducir la edad de responsabilidad, por sí solo, no constituye una solución eficaz para disminuir la reincidencia. En cambio, los sistemas que han logrado mejores resultados han combinado sanciones proporcionales con programas de intervención y reinserción de alta calidad.
Resulta contradictorio que hoy el debate político se concentre en rebajar la edad de responsabilidad penal mientras casi no se habla de fortalecer aquello que ocurre después de la condena. El propio Estado ha reconocido que existen falencias importantes en el sistema de responsabilidad penal adolescente. Si sabemos que el modelo presenta deficiencias, ¿por qué la prioridad parece ser incorporar a más jóvenes a un sistema que aún no logra rehabilitar eficazmente a quienes ya están en él?
No basta con encarcelar por encarcelar, si un adolescente sale de un centro de internación siendo más peligroso que cuando ingresó, el problema no se resolvió, simplemente se postergó. La verdadera seguridad pública comienza cuando logramos que quien cometió un delito no vuelva a hacerlo.
La discusión no puede reducirse únicamente a la edad. Debe incluir la calidad de los programas de reinserción, el acceso a salud mental, educación, apoyo familiar y seguimiento posterior. Porque detrás de cada joven infractor no puede haber un número más dentro de un sistema saturado, sino una intervención seria, individualizada y capaz de romper el ciclo del delito.
Ser firmes frente al crimen es indispensable. Pero ser firmes también significa tener la honestidad de impulsar políticas que funcionen, aunque sean menos populares. En seguridad, las decisiones deben medirse por los delitos que logran evitar, no por la dureza del discurso que las acompaña.
Issaiah Guzman Arancibia
Defensor de la juventud