¿Lapsus en la prensa?
Señor Director:
Por estos días la prensa ocupa profusamente la palabra afectación para referirse a los daños causados por los frentes de mal tiempo. Ninguna de las acepciones que tiene dicha palabra equivale a daños o estropicios (de acuerdo a los diccionarios de la RAE, del diario El País y de María Moliner). Tampoco es una forma verbal del verbo afectar. Su uso, al parecer, es incorrecto. O, por lo menos, poco castizo.
Al respecto, resulta ineludible plantearse algunas preguntas que, probablemente, tienen varias respuestas. Concretamente, ¿en qué momento los periodistas dejaron de ser los celosos custodios de la corrección idiomática y devinieron en informadores que se permiten —ya sea por indolencia o, tal vez, por inconsciencia— utilizar barbarismos? ¿Se olvidaron que ellos tienen influencia en la manera como una comunidad emplea el idioma? ¿Ya no se percatan de que ellos, en algún grado, también son educadores? ¿Qué generó tales mudanzas y cuándo ocurrieron?
¿Hasta qué punto los barbarismos y solecismos, que no escasean en los medios de comunicación social, se pueden atribuir, en parte por lo menos, al desplazamiento del centro de gravedad en las escuelas de periodismo desde las humanidades a las ciencias sociales y desde éstas a la irreflexiva cibernética?
Asimismo, cabe conjeturar si el distanciamiento de las humanidades no solamente ha contribuido al empobrecimiento del lenguaje, sino que, además, a la pérdida de la visión estereoscópica de la prensa. Es verdad que tal visión era un tanto pixelada. Pero la tenía.
Por último, deseo consignar que estas líneas no están exentas de gratitud por la prensa, pues cursé la enseñanza básica en una escuela rural del Norte Chico, en la década de 1970, y en esos parajes solitarios el mundo exterior llegaba a través de los medios de comunicación social (la radio y la prensa escrita, no había televisión). Ellos complementaban la labor del docente: contribuían a ampliar el vocabulario y alentaban la imaginación.
Luis R. Oro Tapia
Politólogo