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La docencia no se vende

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Por: María Teresa Rojas Fabris


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Señor director:

Numerosos estudios coinciden en que la Inteligencia Artificial está transformando las formas de aprender y de enseñar. Quienes trabajamos en la formación de docentes sabemos que vivimos una revolución tecnológica y cultural que nos obliga a resignificar el sentido del trabajo de profesores y profesoras.

El papa León XIV, en su reciente encíclica “Magnifica Humanitas”, invita precisamente a preguntarnos qué es lo propiamente humano en cada oficio. Aplicado a la docencia, ese llamado cobra una urgencia particular: la IA nos desafía a formar ciudadanas y ciudadanos con sentido crítico, capaces de usar las nuevas tecnologías para mejorar el mundo, de comprender sus potencialidades y, al mismo tiempo, sus sesgos y limitaciones.

Por eso preocupa que, como ha planteado la ministra de Ciencia y Tecnología, se proponga que profesores y profesoras aprendan a “vender servicios al cliente” en torno a la IA. Esa idea se aleja por completo del sentido de la profesión docente. Enseñar no es vender: es acompañar el desarrollo del pensamiento crítico y ético, y formar personas orientadas al bien común.

Reducir la relación pedagógica a una lógica de cliente y proveedor invierte el propósito de la educación. Un profesor no ofrece un servicio que el estudiante consume pasivamente, sino que ejerce una responsabilidad formativa: ayuda a niñas y niños a preguntar, dudar, argumentar y distinguir entre la información que reciben y el conocimiento que construyen. Frente a herramientas capaces de generar respuestas instantáneas, esa mediación humana -crítica, ética, situada- es más necesaria que nunca, no menos.

Incorporar la Inteligencia Artificial en las aulas es indispensable, y la formación docente debe hacerse cargo de ello con seriedad. Pero el lenguaje con que enmarcamos esa incorporación importa: hablar de “clientes” y “venta de servicios” traslada al aula una lógica mercantil ajena a la vocación pedagógica y a la misión que la sociedad le encomienda a la escuela. Los profesores no compiten por satisfacer preferencias de consumo; forman el juicio de las futuras generaciones.

Como formadores de formadores, creemos que este es el momento de fortalecer, no de diluir, la identidad profesional docente. Se requiere política pública e inversión para preparar a los profesores en el uso pedagógico y crítico de la IA, pero también un lenguaje público que reconozca la especificidad de su labor. La docencia no está orientada a la venta, sino al desarrollo del pensamiento crítico, ético y del sentido de bien común en niñas y niños. De eso depende, en buena medida, qué tipo de ciudadanía formaremos en la era de la Inteligencia Artificial generativa.

María Teresa Rojas Fabris

Decana Facultad de Educación

Universidad Alberto Hurtado

 

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