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Chile y sus desafíos diplomáticos urgentes

por 3 agosto, 2018

Chile y sus desafíos diplomáticos urgentes
Como bien sabe todo capitán de buque, para navegar siempre es necesario conocer el puerto al que se quiere llegar. A veces las travesías son largas, dado que los grandes objetivos en política exterior no son temas de coyunturas ni menos de salidas comunicacionales, que son flor de un día. La definición de la política exterior es un aspecto esencial de la Estrategia Nacional, armónica con nuestra Estrategia de Desarrollo y, por cierto, con nuestra Política de Defensa Nacional. Es un tema de Estado de la mayor delicadeza y profesionalismo. En este cuadro, particular atención reclaman los asuntos vecinales.
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Las relaciones internacionales son esencialmente dinámicas, y en momentos de recomposición de hegemonías, lo son mas aún. Este es un dato vital para un país como Chile, que ha hecho de su inserción en el mundo uno de los ejes de su Estrategia de Desarrollo.

Junto a los temas derivados de la situación global,  la diplomacia debe atender los asuntos bilaterales y especialmente los referentes a la región y, en particular, los provenientes de nuestro entorno vecinal.

Los grandes temas globales desbordan nuestras propias fuerzas, pero para eso tenemos el campo de acción multilateral, dado que se trata de problemáticas que involucran a muchas, si no a todas, las naciones: comercio internacional, migraciones, delito organizado, paz y seguridad, entre otros. Es un campo donde podemos maniobrar, influir, contribuir a crear consensos, ampliar nuestro radio de influencia sobre la base de liderazgos conceptuales, como lo hemos hecho en varias oportunidades. Para ello, además de las ganas, se requiere tener políticas con claro contenido.

Los últimos años muestran que eso es posible. Sin ir muy lejos, Haití fue una experiencia que nos permitió liderar, junto a Brasil, el despliegue de operaciones de paz en nuestro continente, y tanto la propia ONU como las principales potencias reconocieron y valoraron nuestro esfuerzo.

Hace poco, países que enfrentaban dificultades nos pidieron –junto a otros– que los acompañáramos en sus esfuerzos de paz y diálogo. Así estuvimos junto a Colombia en sus negociaciones de paz y, más recientemente, tanto la oposición como el gobierno venezolano nos solicitaron los acompañáramos en su esfuerzo de diálogo, desgraciadamente fallido.

La solidez de nuestra diplomacia, reflejo de nuestra democracia, posibilitó que entre más de 34 países que conformamos la comunidad hemisférica, se nos solicitase nuestros buenos oficios. Ello aumentó el prestigio de Chile, su sana influencia y fue, a su vez, una muestra efectiva de solidaridad y cooperación con otras naciones, aunque muchas veces dichas gestiones fueron marcadas por el sello de la eficiencia y la reserva profesional que caracteriza a la diplomacia.

En este cuadro de importantes desafíos para los inicios del segundo semestre, llama la atención la designación del actual subsecretario Alfonso Silva como nuevo embajador en EE.UU. Aclaremos, es muy bueno que Chile tenga un embajador en Washington, qué duda cabe, mejor aun que sea un diplomático avezado y profesional. Pero todos nos preguntamos por qué no se le designó desde un principio, porque nadie nombra a un viceministro para sacarlo a los tres meses. Hay una explicación pendiente. Mas aún cuando el actual subsecretario es el coagente ante la Corte de La Haya y es, desde hace años, una pieza fundamental en el día a día de la Agencia que atiende este desafío.

Uno de los conceptos que han guiado nuestro accionar es la convicción de que, además de los principios, al Interés Nacional de Chile le conviene contribuir a un mundo de paz y seguridad, especialmente en su entorno regional.  Ningún país se puede desarrollar en un ambiente de inestabilidad.

Como bien sabe todo capitán de buque, para navegar siempre es necesario conocer el puerto al que se quiere llegar. A veces las travesías son largas, dado que los grandes objetivos en política exterior no son temas de coyunturas ni menos de salidas comunicacionales, que son flor de un día. La definición de la política exterior es un aspecto esencial de la Estrategia Nacional, armónica con nuestra Estrategia de Desarrollo y, por cierto, con nuestra Política de Defensa Nacional. Es un tema de Estado de la mayor delicadeza y profesionalismo.

En este cuadro, particular atención reclaman los asuntos vecinales.

Al respecto, en los últimos años asistimos a un constante cuestionamiento de nuestra integridad territorial, que se expresa en diversas demandas presentadas en contra nuestra ante la Corte Internacional de Justicia. En el caso más reciente, estamos en la víspera del fallo respecto a la demanda marítima boliviana.

El 7 de mayo pasado, ante la prensa boliviana, su canciller Fernando Huanacuni declaró: “Entendemos que hasta octubre puede ser la etapa donde nosotros podemos ser comunicados con la sentencia correspondiente”.  Tomemos nota de que dijo “hasta”, lo cual implica que podría ser antes.

¿El canciller boliviano tiene información privilegiada? ¿La Corte le ha entregado información adelantada? ¿Poseen las autoridades bolivianas antecedentes que nosotros desconocemos?

Este hecho recuerda otro. En el juicio sobre el límite marítimo con Perú, todo hacía presuponer –dado que el alegato final se realizó en diciembre de 2012– que el fallo sería en torno a julio de 2013. No fue así. Vinieron  las vacaciones europeas de agosto y, apenas iniciado septiembre, las altas autoridades limeñas se reunieron, entre otros, con los directores de medios. Uno de ellos, Raúl Vargas, responsable de Radio Programas del Perú, declaró a la salida que lo más probable era que la Corte emitiera su fallo a mediados de enero del 2014. Consultada la Cancillería chilena, entonces dirigida por Alfredo Moreno, por las declaraciones de Vargas, solo se dieron evasivas respuestas. Al final el profesional peruano tuvo razón, efectivamente, el 27 de enero de 2014 la CIJ emitió su fallo.  ¿Cómo lo supieron las autoridades limeñas meses antes? ¿Se está repitiendo la historia?

La diplomacia chilena tiene ante si urgentes y trascendentales desafíos. Frente a ellos lo que aconsejan la historia y la estrategia es que formemos un sólido consenso nacional, amplio, transversal, patriótico. Y ello se construye con información procesada, con debate de alturas, donde pueden darse opiniones diversas, pero legítimas todas. Lo que no se puede hacer es soslayar que estamos ad portas de un momento importante para nuestra diplomacia.

En este cuadro de importantes desafíos para los inicios del segundo semestre, llama la atención la designación del actual subsecretario Alfonso Silva como nuevo embajador en EE.UU. Aclaremos, es muy bueno que Chile tenga un embajador en Washington, qué duda cabe, mejor aun que sea un diplomático avezado y profesional. Pero todos nos preguntamos por qué no se le designó desde un principio, porque nadie nombra a un viceministro para sacarlo a los tres meses. Hay una explicación pendiente. Mas aún cuando el actual subsecretario es el coagente ante la Corte de La Haya y es, desde hace años, una pieza fundamental en el día a día de la Agencia que atiende este desafío.

Es en este cuadro, en medio de este contexto, que se impone dar señales categóricas de defensa de nuestra soberanía.  Un dato vital para ello es reafirmar que los chilenos respetamos los tratados y también los hacemos respetar. Ningún país puede aceptar que en cada década sea sometido a demandas que afecten su integridad territorial, definida desde hace más de un siglo en tratados válidamente vigentes. Por ello, junto a muchos, opino que Chile debe retirarse del Pacto de Bogotá, dada la distorsión que se está haciendo de dicho instrumento.

Si a nuestras palabras no acompañamos gestos categóricos, solo nos quedaremos en eso, en palabras. Todo capitán sabe que navegar implica enfrentar vientos y oleajes, no siempre hay calma. Lo importante es tener el timón firme y saber al puerto que se quiere llegar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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